Por Israel Mallart, psicólogo 

Hace poco, cuando quedé con un viejo amigo para que nos pusiéramos al día, le recomendé ya una vez sentados en la terraza que no se pidiera un café, ya que eran más de las seis de la tarde. “Eso de que el café te quita el sueño es un mito”, me dijo, “he bebido café por la noche y he podido quedarme dormido”.

Por un lado, es verdad que el café afecta de forma diferente a las personas: mientras a unas les provoca nerviosismo, taquicardia y, efectivamente, les impide dormir, otras se sienten indiferentes, y son capaces de dormir (a priori) plácidamente. Esto, puede llevar a engaño al segundo grupo de personas, esas a las que la cafeína parece no afectarles. Aunque puedan quedarse dormidos, si consumen cafeína a altas horas del día, no descansarán bien. Veamos por qué.

El sueño “normal”, es decir, el que no está afectado por ningún consumo de sustancias, como puede ser la cafeína o por trastornos del sueño (como el insomnio), tiene una estructura bien diferenciada. Esta estructura es cíclica: se compone por una serie de fases que van por ciclos de 90 minutos, por lo que cada hora y media el ciclo se reinicia. A lo largo de la noche, se ocurren unos 5-6 ciclos, dando como resultado óptimo unas 7-8 horas sueño.

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Sin querer entrar en detalles, en cada fase del ciclo, ocurren cosas diferentes. En una se producen los sueños/pesadillas (fase REM), en otras, el descanso profundo (fase 4 del sueño no REM). Aquellas personas capaces de dormirse con una taza de café tendrán igualmente alteradas estas fases, especialmente aquellas de sueño profundo, que son imprescindibles alcanzar para tener un buen descanso y empezar el día con energía. Hay que tener en cuenta que la cafeína circula por la sangre alrededor de unas 5 horas, por lo que no se recomienda su ingesta durante el lapso del tiempo en que consumimos la taza de café y la hora en la que nos vamos a la cama.

Entre los efectos deseados de la cafeína consumida de forma adecuada (y por los que el café es tan popular) son, a nivel mental: un aumento del “foco cognitivo” (mayor claridad y capacidad de atención), menor tiempo de reacción y aumento de la creatividad. En general, la cafeína lo que consigue es producir un “estado de alerta” en el cuerpo, poniendo al organismo en modo “puede ocurrir algo peligroso” por lo que consumirla en mucha cantidad, puede dejar de tener los efectos beneficiosos que he comentado y pasar a generar estados de ansiedad.

En conclusión, aunque en algunas personas la cafeína parezca inocua y puedan dormir, en el fondo afecta a las fases del sueño si se ingiere de forma tardía en el día. Por tanto, para disfrutar de los enormes beneficios del café, cuando más temprano en la mañana se beba, mejor.