Por Israel Mallart, psicólogo sanitario

Dice el psicólogo español Pedro Moreno (y razón no le falta) que muchos dolores de cabeza y molestias estomacales son, en realidad, producto de la ansiedad. Esta emoción, aunque pueda ser desagradable, es una emoción normal que todos los seres humanos sentimos y debemos sentir. Pero cuando la ansiedad nos acompaña las 24 horas la mayor parte de la semana, se convierte en «angustia». La ansiedad en ese instante deja de ser algo natural y empieza a ser un problema. En ese momento pueden aparecer los síntomas ya comentados: dolores de cabeza, estomacales... a los que se suman las molestias musculares (sobre todo en la zona lumbar, en las cervicales cerca del cuello, e incluso, dolor en la mandíbula), problemas para dormir, desasosiego, etc.

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Pero ¿Por qué algunas personas viven angustia y otras no? Es una pregunta difícil de responder, ya que es compleja y está llena de matices. En muchos casos depende de las diferencias individuales, como la genética. Aunque se ha visto que esto tiene un peso relativamente pequeño. Otro factor importante ha sido el estilo de crianza, que tiene una importancia mayor. Estilos de crianza autoritarios o sobreprotectores en niños, pueden predisponer al adulto a sentir ansiedad excesiva ante los problemas de la vida. Otros de los factores más importantes, y que los psicólogos solemos ver en consulta son determinadas formas «distorsionadas» de pensar, que dan lugar a una ansiedad constante, como el llamado pensamiento dicotómico (ver todo en blanco o negro, de forma extremista y olvidando la multitud de posibilidades que existen en la escala de grises) o pensamientos anticipatorios, en los que la persona da muchas vueltas intentando anticiparse a algo que no sabe si va a ocurrir. Esto genera un malestar continuo en la persona.

Se ha observado en diversos estudios que algunos hábitos y estilos de vida ayudan a reducir esta angustia. El ejercicio físico, por ejemplo, es un potente regulador del estado de ánimo. El buscar apoyo social, también ayuda. Callarse lo que uno siente es el mejor camino para sentir angustia. Expresar lo que uno lleva dentro, con alguien de confianza, ayuda también a regular los estados de ansiedad. Y ¿Qué ocurre cuando nada de esto parece funcionar? Por suerte, se ha visto que la intervención psicológica es capaz de reducir esta problemática. Si te ves envuelto o envuelta en una situación similar ala descrita, acude a un profesional. Ir al psicólogo no es de locos.