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Por Juan Jesús Ayala.

“Los Raros” es una novela escrita por el poeta nicaragüense, Rubén Darío, publicada en 1896, donde recopila una serie de semblanzas de autores que admiraba de alto calado intelectual que raramentese producían en tiempos determinados.

La primera vez que tuve conocimiento de esta novela fue a través de Don Pedro León en tertulias que se organizaban a la salida de la misa de once de los domingos, bien en el bar Armiche en la "punta de la carretera" o en el bar Los Reyes en El  Puente; que, además, cuando recitaba los poemas  del mexicano, Amado Nervo o la Marcha triunfal del poeta nicaragüense lo hacía con un perfecto arte declamatorio que ponía los pelos de punta a cualquiera. Su acento era  suave, pausado, enfático y, sobre todo, mágico  con lo cual,   podía estar en el compendio de los “Los raros” no solo por sus valores personales e intelectuales por el conocimiento que procuraba tener de las cuestiones y por sus convicciones y cuando se las estudiaba y las ponía en práctica no le daba más vueltas; también decir que fue alcalde de Valverde en la época de la sequía del año 1948.

Ahora los raros no son los intelectuales que destacan, son los políticos  y sus rarezas, cuya  consigna general no es razonar las cuestiones y si son vitales, como la inmigración, como que no, Lo normal no es hablar de lo que pasa, sino que pasa de lo que se habla. Poco esfuerzo y menos compromiso según se vea "el  andar de la perrita".

Así, en la cumbre migratoria cebrada el pasado miércoles en Tenerife, el reparto de menores por los diferentes territorios autonómicos quedó en agua de borrajas, nada de nada. Ya que mientras se pactó el reparto voluntario de los 347 menores inmigrantes no acompañados desde Canarias,   todo seguirá igual hasta que se produzca en un anclaje legal que se debe amparar de forma  obligatoria,  para lo que hay que modificar el artículo 35 de la Ley de extranjería.

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Canarias necesita trasladaral menos 2000 menores de los cerca de 6000 que existen; y concretamente El Hierro, según  manifiesta el presidente del Cabildo no puede soportar una media de 250 menores “si realmente queremos atenderlos en condiciones deseables y darles una integración social y educativa adecuada cuando las  infraestructuras de la islano son las  pertinentes  para atenderlos”

Mientras el gobierno central descarta la derivación obligatoria vía decreto ley como es lo normal   ante una situación que irá in crescendo y la torpeza o, mejor la rareza de los políticos  no llegan a poner el acento que este problema de  inmigración, concretamente la que recibe Canarias como frontera sur, no es ni de un país, ni de una Autonomía, sino que es una cuestión que debe competer a la Unión Europea  que tiene instituciones consultivas y legislativas  para afrontar y resolver el problema donde  la toma de decisiones en esta cuestión debe ser prioritaria y no que Canarias siga como reservorio de la gran acogida paliada con unas partidas económicas y que  se siga  buscando de prisa y corriendo recintos  que no van a reunir las mínimas condiciones de convivencia.

Esto ha originado maniobras de todo tipo, raras, inhumanas, y si en las islas hay una que no puede más es la de El Hierro; si en los territorios autonómicos   hay uno queno puede más es Canarias. ¿A qué esperamos?  ¿Tal vez a que esas embarcacionesmanejadas por el timón de las mafias sigan con su negocioy los cambalaches de la política se sitúen como pretexto ideológico de algunos  y la rareza de otros como si la vida de los  desheredados de la tierra no vaya con ellos?.    

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Por Luciano Eutimio Armas Morales.

El 24 de enero de 1948, James Wilson Marshall, un carpintero que trabajaba en fuerte Sutler, en Coloma, California, a orillas del río S. Mill,  descubrió unas piedrecitas amarillas y brillantes en el canal de agua que pasaba por el aserradero. 

Corrió como la pólvora la noticia de que en California había oro, y que solo bastaba ponerse en la orilla de un río a recoger tierra y arena en una bandeja, y cernirlas hasta que fuesen apareciendo las pepitas del preciado metal. Había nacido lo que los historiadores llaman la fiebre del oro.

Cientos de miles de estadounidenses del este, asiáticos, sudamericanos y ciudadanos de casi todos los países del mundo, llegaban a California en búsqueda del preciado metal. Eso provocó un crecimiento exponencial de la población y un desarrollo económico acelerado. Se fundaron pueblos y ciudades, surgieron industrias y nuevas infraestructuras y hay que reconocer que esa fiebre tuvo en conjunto un gran impacto social y económico, no solo en California, sino en los Estados Unidos como país. 

Pero al mismo tiempo, esa avalancha humana sobre California de buscadores de oro procedentes de la más diversa procedencia tuvo consecuencias negativas: Unas condiciones de trabajo duras y peligrosas, frecuentes epidemias y problemas de salud, accidentes, contaminación de ríos y tierras, impacto ambiental, conflictos y violencia, (No olvidemos que los mineros iban con frecuencia con un revolver al cinto), y desigualdades sociales. 

James Wilson Marshall murió en la pobreza, sobreviviendo gracias a una pequeña pensión que cobraba por haber participado en la sublevación de colonos californianos de origen norteamericano contra el gobierno mexicano, declarando la República Independiente de California, que posteriormente se uniría a Estados Unidos. 

Poque las grandes fortunas no las hicieron los mineros que bajo un plomizo sol buscaban pepitas de oro en los márgenes de los ríos californianos. Las grandes fortunas las hicieron los que comerciaban con el oro que los mineros producían, desde sus despachos en Nueva York.

El veintidós de diciembre de 1957 aterrizaba en el Aeropuerto de Gando procedente de Estocolmo, después de más de diez horas de vuelo, un avión DC-6 de la Compañía Airline Transair AB de Suecia, con 53 pasajeros a bordo. Era el primer vuelo chárter con turistas que llegaba a las Islas Canarias. 

El sacerdote danés Ejlif Krogager había creado en 1950 una agencia para organizar viajes turísticos de sus feligreses por Europa, que posteriormente se extendió por Suecia, Noruega y Finlandia, convirtiendo con el tiempo esa pequeña agencia en el poderoso turoperador Tjaereborg que organizaba viajes turísticos desde los países nórdicos a los países del Mediterráneo y a Canarias. 

Los suecos que venían ese día desde Estocolmo a Las Palmas, habían pasado de una temperatura gélida de cuatro grados bajo cero, con un cielo plomizo y un día en el que el sol salía a las nueve de la mañana y se ocultaba poco después del mediodía, a una ciudad luminosa  como Las Palmas, con una confortable temperatura de veintidós grados, y un sol radiante que no se ocultaba hasta las seis de la tarde. 

Contaba además esta ciudad con una preciosa playa de arena amarilla, protegida del oleaje por una barra rocosa natural, que permitía el baño en sus templadas aguas en cualquier época de año. En excursiones por la isla podían disfrutar de unos variados paisajes, con unos campos en los que se cultivaba esa fruta tropical lujosa y cotizada llamada plátanos, que tanto apreciaban, y no se cansaban de hacer fotos con sus cámaras Hasselblad, Rollei o Kodak. 

En un corto espacio de tiempo se corrió la voz, y miles de nórdicos se dirigían a sus agencias de viaje demandando ansiosos la oportunidad de un viaje a Las Islas Canarias. ¡Esto es el paraíso!, decían los turistas en las postales que enviaban a sus familiares, que con sana envidia espiraban a tener un día la oportunidad de viajar a estas islas exóticas en medio del Atlántico. 

Y es que ya Plinio el Viejo, Juba II, Ptolomeo o Hannón el Navegante, habían mencionado a unas islas, más allá de las columnas de Hércules, a las que llamaron Jardín de las Hespérides, Islas Afortunadas, o como dice una copla folklórica más actual, Vergel de belleza sin par.

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 Comentaban en Europa que existían unas islas con cálidas playas de arena amarilla, buen clima, agradable temperatura todo el año, exóticos paisajes y acogedores habitantes, y tras los nórdicos llegaron los alemanes, los ingleses y de otros países de Europa, no solo a Las Palmas de Gran Canaria, sino posteriormente también a Maspalomas, y a otras islas, como Lanzarote, con sus paisajes lunares, Fuerteventura con sus infinitas playas, y Tenerife, primero en Puerto de la Cruz y posteriormente en el sur.

De pronto en Canarias comenzó la fiebre del oro. Porque el clima, las playas, el paisaje, el sol, la seguridad ciudadana y todo lo que Canarias ofrecía, era como oro para los que carecían de todo eso. Y, además, era gratis, y para disfrutarlo, solo necesitaban un trocito de suelo en un apartamento o en la habitación de un hotel.  ¡Fue entonces cuando comenzó esa avalancha humana sobre nuestras islas! Y copio literalmente lo dicho para California: “Eso provocó un crecimiento exponencial de la población y un desarrollo económico acelerado. Se fundaron pueblos y ciudades, surgieron urbanizaciones y nuevas infraestructuras y hay que reconocer que esa fiebre tuvo en conjunto un gran impacto social y económico”.

En el año 1971, llegaron a Canarias 1,3 millones de turistas. En el año 1985, 3,1 millones. En el año 2008, 9,2 millones, y el pasado año 2023, 14,6 millones de turistas. La población de la isla de Fuerteventura, por ejemplo, ha pasado de 16.900 habitantes en 1960, a 39.400 habitantes en 1990, y a 115. 000 habitantes en el año 2020. Evidentemente, no ha sido un crecimiento vegetativo de la población majorera, sino llegados desde fuera en busca de fortuna o de trabajo. 

Dijimos que el oro de Canarias es su escaso territorio, porque lleva como valor añadido el sol, las playas, el clima, los espacios naturales, etc. etc. Y para poder disfrutar y hacer negocio son esos valores naturales, que son valiosos, como las pepitas de oro que encontró James Wilson Marshall en California, solo es necesario construir y vender esos valores gratuitos. Y para construir, es necesaria una licencia… 

Y para que una administración pública conceda una licencia, normalmente es necesario que se trate de terreno urbano. ¡Esa codiciada papeleta burocrática, que después de un procedimiento administrativo es firmada por un alcalde o un presidente del cabildo, para permitir que un terreno pedregoso  e improductivo, normalmente en la costa y con muy poco valor, de pronto resulta que es como si las piedras se hubiesen convertido en oro, y su valor se multiplica por cien, e incluso por mil!

Y como en California en el siglo XIX, las grandes fortunas del negocio turístico no las obtienen los que trabajan en hostelería, que, muy al contrario, sufren de una notable precariedad laboral combinada con bajos salarios. Las grandes fortunas las obtienen los que especulan con el suelo y consiguen esas milagrosas recalificaciones, para construir más y más hoteles a los que lleguen más y más turistas, hasta saturar, deteriorar, contaminar y degradar el medio ambiente, y lo que eran unas islas afortunadas convertirlas en unas islas desafortunadas.

Decía el presidente Clavijo, poco antes de final de año, que había inversores con cincuenta mil millones de euros dispuestos a invertir en Canarias, esperando se agilizaran procedimientos administrativos o se recalificaran terrenos. Pero no para invertirlos en tecnologías industriales punteras o en I+D, o en crear una plataforma comercial con los países de África. No. Esta lista de espera era para invertir en construir más hoteles, más campos de golf, más puertos deportivos… Cuna del Alma, Fuensalía, Arguineguín, Tamadán, Costa Calma, El Salobre, La Tejita, Adeje …

Y los beneficios de esas grandes fortunas que se crean depredando el territorio, normalmente no revierten en Canarias, sino que se van a Punta Cana, a Cancún, a Panamá o a Los Cabos, en la Baja California, donde algún exconsejero del gobierno de Canarias ha buscado refugio patrimonial. Porque eso de tener una pluma para convertir las piedras en oro o adjudicar una obra a un allegado, da mucho poder. 

Seguro que muchos de ustedes habrán leído El Padrino, la novela de Mario Puzo. O habrán visto la mítica película dirigida por Francis F. Coppola, con la mejor interpretación de un actor excepcional como Marlon Brando. O al menos, les sonará aquella célebre frase de Marlon Brando interpretando al gran capo de la mafia Vito Corleone, cuando le decía a Jonny Fontane, refiriéndose a Jack Woltz: “Le haré una oferta que no podrá rechazar”. "I'm gonna make him an offer he can't refuse.", en el original en inglés, que es quizá la frase más icónica de la historia del cine.

Pues eso, cuando un inversor ha comprado por cuatro euros un terreno erial que quiere que se lo recalifiquen para construir un hotel o se haga la vista gorda para construirlo ilegalmente, quizá se dirige alcalde o presidente del cabildo de turno y le diga la célebre frase de El Padrino: “Te voy a hacer una oferta que no podrás rechazar”. 

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Por Juan Jesús Ayala.

No pretendo ocuparme del legendario San Borondón, el monje con botas de siete suelas; sino de una tierra de ensueño que la imaginación trasporta de un lado a otro y que funciona como un espejismo misterioso y siempre actual.

La isla de San Borondón ya la refería  Ptolomeo y figuraba en el mapamundi  de  Robert d’Auterre de 1265, como también se señalaba en la célebre carta de Pigcimano en 1367. Hasta en 1794 aparece en mapas franceses situándola con precisión a los 5 grados Oeste del Meridiano del Hierro y a los 29 grados de latitud Norte, lo que motivó que  por el primer regente de la Real Audiencia de Canarias, Hernando Pérez de Grado, como había tantas historias sobre la isla mágica acordó provisión para que se averiguara quienes la habían vislumbrado, llegando a la conclusión que persona alguna la hubiera visto; aunque muchos seguían creyendo en su presencia en el Atlántico pero dándole componentes de realidad, que si en su momento no se encontró manifestaban  que alguna ola del mar embravecido la había traslado de sitio,  pero que servía para en alguna circunstancia de despiste y zozobra poder contar con ella como varadero y como tabla de salvación, mandando más la realidad imaginada   que la leyenda creada por la inspiración de poetas o de navegantes atrevidos. 

Si nos encontrásemos en el horizonte lejano, la realidad de una nueva isla seríaacogida como la mejor novedad en estos momentos de incertidumbre para el resto de las islas y refrendada como nuestro recordado amigo José. P. Machín, que la describió como la isla sirena, que era caprichosa, lo mismo emerge que se sumerge en el mar.

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Un día la pudo contemplar no en las lejanías de un ensueño, puesto que San Borondón estaba bajo el dominio de su vista situada al noroeste de El Hierro y a la izquierda de La Palma. Yen su entusiasmo contemplador las nubes comenzaron a ocultarla, nubes salidas de la misma tierra y entre esas nubes lentamente iba desapareciendo lo mismo que las sirenas  tras la espuma que forman con su cola de plata.

Decía  don José  que bien pudiera ser la isla de San Borondón  reflejo de la cordillera de los Andes, como si esta se anclara en el  Mar de las Calmas y apareciera allí con toda su esbeltez escurridiza que dejaba en el ánimo la frustración de un sueño deseado.

La isla de  San Borondón viene a ser como un paradigma entre el ensueño y ejemplo para que el resto de las islas no se nos escape de las manos,  convirtiéndose en un relato legendario o bien contado donde el engaño ya no es posible. Dándonos la sensación que algunas islas no son como antes, están ahí, no como la de San Borondón, que desaparecen, en un mar ignoto, no  conocido como el de las Calmas que a veces tenemos que hacer un esfuerzo para encontrar nuestra identidad que se va evaporando como la espuma de la sirena donde la leyenda de ayer, de siempre dejen hueco a realidades palpables y agobiantes.

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Por David Cabrera de León*.

El Gobierno de Canarias anunciaba el pasado 20 de junio la incorporación de una compañía marítima en mercado libre que operará con El Hierro, en su ruta La Estaca-Los Cristianos, a partir del 31 de diciembre de 2024.

Ese mismo día finalizará la Obligación de Servicio Público Marítimo (OSP), una herramienta que durante los últimos 12 años ha garantizado a los herreños la continuidad, frecuencias, precios y capacidad de los enlaces marítimos interinsulares con la isla. 

Este cambio en el modelo del transporte marítimo plantea una serie de reflexiones sobre las implicaciones que tendrá la transición de un servicio regulado a una modalidad de libre prestación para el transporte de pasajeros y mercancías, vitales para la economía y la vida diaria de El Hierro.

La pregunta es: ¿ganamos o perdemos? Veamos. 

Comenzamos analizando el precio de los billetes. La empresa adjudicataria de la OSP debía cumplir con una limitación de precios en cada una de las tarifas de butaca, vehículo en régimen de pasaje o carga, garantizando de esta manera el transporte entre islas a unos precios asequibles.

Ya conocemos los importes oficiales de las tarifas para profesionales en el transporte de mercancías previstas para 2025 y estas aumentan un 127%. Pero les pongo un ejemplo para que se hagan una idea de la gravedad del asunto. 

Supongamos que una empresa herreña tiene un camión en propiedad de casi 8 metros de longitud y de media carga 20 toneladas de Tenerife a El Hierro. El camión realiza 3 viajes al mes, viene a El Hierro cargado y se va vacío. Antes gastaba 572,40 euros en cada viaje de ida y vuelta en el transporte de sus mercancías, y ahora desembolsará por lo mismo 1.303,12 euros. Si hacemos el cálculo, la diferencia es sustancial: esta empresa herreña gastará 26.305,92 euros más al año, con la eliminación de la Obligación de Servicio Público y incorporación del libre mercado el próximo año 2025. 

Esta suma en el incremento de los precios del transporte de mercancías no solo se aplicará a los gastos de las pymes de aquellos con transporte propio o las mismas empresas de paquetería, sino que redundará de manera directa en la economía de todos los consumidores, los herreños. Por lo tanto, ¿ganamos o perdemos? 

En el caso de los precios del billete de pasajeros, vemos en la web de la nueva compañía que la tarifa básica es ligeramente más barata que la que se ofrece actualmente, unos dos euros, pero se presenta la incertidumbre sobre la estabilidad de los precios a largo plazo y la disponibilidad de sus distintas tarifas. ¿Ganamos o perdemos?

Se reemplaza el barco que opera actualmente, el Volcán de Tirajana, construido en el 2006, por el Bentago Express, un buque con 24 años. La OSP contemplaba en el pliego de prescripciones técnicas que el límite de edad del buque no podría superar los 20 años. ¿Ganamos o perdemos?

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La capacidad de carga también se ve afectada. El Volcán de Tirajana puede transportar 287 vehículos, mientras que el Bentago Express 230, lo que supone 57 vehículos menos por trayecto. La OSP en este caso, garantizaba 300 metros lineales de carga. Esta disminución en capacidad afecta directamente al transporte de mercancías y productos agroalimentarios, esenciales para el abastecimiento de la isla. ¿Ganamos o perdemos?

Además, esta nueva planificación no contempla la posibilidad de realizar viajes de ida y vuelta a Tenerife el mismo día. Algo que no solo afecta a los pasajeros, sino también a la logística de transporte de mercancías, complicando la planificación y ejecución de envíos eficientes y puntuales. ¿Ganamos o perdemos?

La OSP establecía la obligatoriedad de situar el puerto base en La Estaca, suponiendo una inyección de aproximadamente 1.4 millones de euros al año en la isla, generando puestos de trabajo y utilizando servicios y alojamientos locales. ¿Ganamos o perdemos?

La continuidad del servicio no está garantizada. En días o temporadas de baja demanda nada obliga a la nueva compañía a continuar el servicio, afectando la regularidad y confiabilidad del transporte. ¿Ganamos o perdemos?

Ahora sin todos estos puntos que antes teníamos garantizados, podrán perder los empresarios en los costes de importación de sus mercancías, los agricultores que desean exportar sus cultivos como el plátano o la piña, los ganaderos en la compra de la alimentación de sus animales y también los pescadores, a la merced de garantizar el transporte del género lo más fresco posible.

Gobierno de Canarias, ¿acaso El Hierro merece perder tanto? Llevamos años pidiendo el abaratamiento de los costes de transportes y ahora se anuncia una nueva fórmula que lo encarece y empeora la vida de los herreños. 

La incorporación de una naviera que desea operar por libre interés en la isla no es una noticia negativa, al contrario, nos habla de progreso y prosperidad. Pero El Hierro necesita garantías y soluciones que miren por el tejido empresarial, del que todos los que vivimos aquí nos vemos salpicados en menor o mayor medida. 

Seguimos padeciendo la carga de ser más pequeños, con menos recursos y ofertas limitadas. Dependemos en gran medida de estos enlaces para nuestra economía y calidad de vida. Cada cambio en el transporte marítimo tiene un impacto directo en nuestras empresas locales, en el coste de los productos que consumimos y en nuestra capacidad para conectarnos con el resto del archipiélago.

Exigimos una solución que no nos deje al amparo de algo tan importante como es el transporte marítimo. Queremos y necesitamos ir y venir, queremos y necesitamos llevar y traer, y para ello, contar con un servicio que nos garantice continuidad, precios asequibles y capacidad es prioridad fundamental.

*Vicepresidente primero y consejero de Medio Rural y Marino; infraestructuras, Mantenimiento, Obras y Carreteras y Ordenación del Territorio, del Cabildo de El Hierro.

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Por Raúl Acosta Armas*.

La bonificación al combustible, el compromiso de mantener la conectividad o la promoción de la IGP Quesadillas y la Denominación de Origen de Quesos de El Hierro son algunas de las iniciativas de las que más orgullo siento.

Fue un 27 de junio cuando entré por primera vez en la casa de todos los canarios, el Parlamento de Canarias. Algo más de un año desde que ustedes me eligieran para representar a El Hierro y 365 días en el que ese edificio, que parece frío e imponente por su fachada de piedra, guarda un equipo humano que han hecho que, teniendo lejos el hogar, me sienta como en él.

No ha sido fácil, mentiría diciendo lo contrario, pero volvería mil veces a cruzar esa puerta, asumir la responsabilidad e intentar devolverles, de la mejor manera que sé, el apoyo y la confianza que depositaron en mí. Probablemente, lo llego a hacer a propósito y no lo conseguiría, pero en este año han sido 444 las iniciativas que he trasladado a la Cámara para mejorar la vida de El Hierro y, también, del resto de Canarias. Y decía esa cifra porque, por casualidades de la vida, es la misma que suman los kilómetros entre el Puerto de La Estaca, en El Hierro, y el Parlamento, en Santa Cruz de Tenerife.

En este año han sido incontables las horas que he debatido con mis compañeros en las 22 comisiones de las que formo parte; las conversaciones en los pasillos los días de Pleno o alguna discusión que otra porque, muchas veces, la burocracia limita las iniciativas y hay que buscar alternativas que agilicen cualquier trámite para poder actuar de inmediato.

Una de las cosas de las que más orgulloso me siento por haber sido partícipe, y en parte impulsor, ha sido la bonificación al combustible para las Islas Verdes. Toda la vida llevamos sufriendo los sobrecostes por la doble y, a veces, triple insularidad. Ya es hora de que las islas no capitalinas empecemos a estar en igualdad de condiciones que las dos capitalinas y esto es un gran avance. Era una reivindicación histórica y una cuestión de justicia social que se compensara estos 0,20€ que nos alivian el bolsillo cuando repostamos, en el caso de los particulares, o rebajan el sobrecoste para todo tipo de mercancías, en el de las empresas. Aunque esto no debe ser un fin último sino el inicio de una verdadera reclamación de un sistema tributario y económico singular para la isla de El Hierro que permita su despegue socioeconómico.

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De la gasolina a la conectividad. Han sido numerosas las veces que he trasladado este tema a varios consejeros, tanto públicamente como en privado, y de manera conjunta. Hemos logrado, gracias al Gobierno de Canarias, que la naviera Fred.Olsen Express realice la conexión marítima El Hierro-Tenerife sin la Obligación de Servicio Público (OSP) a partir del 31 de diciembre de este año. Esto implica una oferta de horarios que mejora, sustancialmente, lo que tenemos por parte de la actual naviera que opera entre estas islas. Sin embargo, no debemos contentarnos, sino estar vigilantes en que cumplan con su compromiso con la Isla y se mejoren las condiciones mínimas que fija el Decreto de 2009 para hacer que El Hierro, con o sin OSP, tenga la mejor conectividad posible.

No quiero olvidar al sector primario. Ese que en el que he crecido, el que intento mantener y al que le debo todo lo que tengo a día de hoy. Y aquí permítanme hacer un inciso. Nunca debemos olvidar las raíces, a pesar de lo lejos que estemos de casa. A veces resulta complejo recoger muchos de los pareceres de todos los sectores, pero compensa cuando hablo con vecinos, conozco más sus realidades y vuelvo con la maleta cargada de ideas para mejorar la vida de ellos. El sector primario también ha sido otras de mis prioridades porque soy consciente de que no podemos ni abandonar el campo ni descuidar el ganado en una isla que vive, en parte, de él.

El camino es largo pero, junto al compañero y consejero Narvay Quintero, intentaremos que las explotaciones ganaderas y agrícolas estén en las mejores condiciones y con las innovaciones tecnológicas que faciliten la faena a quienes trabajan en él, convirtiéndolos, como dice nuestro Consejero, en auténticos empresarios orgullosos y dignificados de su actividad.

Un empeño desde el día uno ha sido tramitar la Denominación de Origen Protegida (DOP) Quesos de El Hierro y la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Quesadillas de El Hierro. El pasado 15 de junio lo hicimos realidad y ya hemos puesto la primera piedra. Ha sido emocionante acudir a la constitución de las asociaciones culturales junto a queserías y fábricas de quesadillas de la Isla. Es una forma de devolver, cuidar, proteger y mantener un legado que, ya por motivos familiares, estaba en deuda.

Por último, otra de las cosas que más ilusión me hace y espero vea sus frutos en los próximos meses es la de intentar establecer incentivos económicos, fiscales, tributarios y urbanísticos propios y singulares para cada isla y afrontar el reto demográfico, especialmente en las islas no capitalinas. Tenemos una vertiente de despoblación que es totalmente contradictoria con lo que sucede en las capitalinas y que hay que encarar cuanto antes. Por nosotros y por los que vendrán.

Me quedan retos, muchísimos objetivos que cumplir y muchas cosas que lograr. El primero ya ha comenzado este mes de julio con la Presidencia de la Comisión de Investigación de material sanitario para los efectos de la Covid, con la que queremos conocer el trasfondo de lo que pasó con todo aquello que debía proteger a los profesionales sanitarios, y a nosotros, los ciudadanos, y nunca llegó. Pero también queda mejorar el futuro de El Hierro y el de Canarias y cada día lo seguiré intentando con la ilusión del primero y las ansias como si fuera el último.

La actual crisis migratoria que vivimos ha dejado patente la humanidad que tenemos en la Isla y la solidaridad que nos caracteriza, pero esto no es un cheque en blanco para que nos pisoteen por nuestra bondad. Todo lo contrario. Debemos pelear para que en Madrid, y en el resto de España, se empatice con nosotros y se pongan en nuestra piel de una vez, porque no podemos asumir todo el drama de miles de personas que llegan a nuestra costa.

Solo me queda darles las gracias a ustedes por permitirme vivir, trabajar y sentir lo que significa defender a mi tierra desde el Parlamento. No lo concibo de otra manera que no sea para mejorar la vida de los herreños y las herreñas que, estando fuera o dentro de la Isla, merecen ser tratados como cualquier ciudadano de una isla no capitalina y escuchados en cualquier punto de Canarias.

*Raúl Acosta Armas, diputado del Parlamento de Canarias por la Agrupación Herreña Independiente (AHI).