Opinión

Opinión

Ratio: 1 / 5

Inicio activadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado

Por: Jonay Acosta Armas*

En la sesión parlamentaria del pasado miércoles, se estableció un intensísimo debate que tuvo como protagonista una manifestación cultural que pertenece a mi historia familiar: el silbo (a secas, como se le conoce en El Hierro y, por supuesto, también en La Gomera). Aún recuerdo cuando mis padres, en los años noventa, se sorprendían del valor que les habían otorgado los gomeros a lo que era una insignificante herramienta de trabajo para ellos, sus padres y abuelos: «¡Pero, si eso en El Hierro ha existido de toda la vida!», sentenciaba mi madre, mientras escuchaba una noticia sobre el silbo gomero en el telediario. En su generación, la masiva emigración herreña a Venezuela hizo que muchas de las cadenas de transmisión del silbo, ligadas a la ganadería de suelta, la agricultura de subsistencia y la pesca de caña, se rompieran. Solo quedaron unas cuantas, cuyos últimos eslabones son los, aproximadamente, setenta silbadores herreños que quedan vivos. Por suerte, puedo decir que uno de ellos es mi tía, doña Trinidad Padrón Peraza, de 78 años y natural de El Mocanal, que aprendió a silbar con su abuelo. 

Desgraciadamente, en El Hierro el silbo ha tenido una fortuna distinta a La Gomera. Ello se debe, sobre todo, a que en nuestra fortaleza volcánica no hubo un puerto en condiciones hasta bien entrado el siglo pasado. Esto, junto a su lejanía de Tenerife, significó, entre otras calamidades, no poder recibir un turismo regular que se maravillara ante una tradición tan extremadamente cotidiana, local y mecánica para los herreños como era el silbo. Tampoco El Hierro recibió las visitas asiduas de intelectuales urbanitas tinerfeños que escribieran sus curiosidades sobre el silbo en artículos periodísticos, ni pudo acoger habitualmente a viajeros extranjeros que lo incluyeran en sus libros. Tal es así, que el primer estudio que se realiza sobre el silbo herreño se lleva a cabo a finales del s. XIX en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria: un contexto totalmente ajeno al uso del silbo

Hasta hace bien poco, para los herreños el silbo era tan instrumento de trabajo como el palo o hasta, la talega, la podona o el burro. Los herreños no tenían grupos de turistas a los que mostrar las maravillas de su silbo para ganarse honradamente unas monedas, no celebraban concursos de silbo para hacerse un nombre dentro de esa cuasi profesión, ni se les llamaba desde Tenerife para hacer exhibiciones de silbo: no contaban con lo que don Ramón Trujillo denominó «virtuosos del silbo». Por esto, a ciertos maestros silbadores gomeros, como don Francisco Correa, el silbo herreño les resulta pobre. En términos similares (aunque con más educación) se manifestaba el «virtuoso de silbo» don Domingo Plasencia Hernández, en una entrevista concedida al diario La Prensa el 24 de abril de 1935, justo antes de una exhibición en la Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife: «En El Hierro creo que silban algunas palabras. Pero de “relance” las dicen claras». La historia, en cierta manera, se repite casi un siglo después. 

Joyeria Bazar Elvira pie

El folclorismo ha ido desplazando la función instrumental del silbo, que nació en un contexto determinado y para un uso concreto, hacia un empleo meramente ornamental que ha alterado tanto la función (mensajes largos a distancias cortas) como la forma (cuatro vocales frente a dos) del silbo gomero tradicional. El silbo herreño, sin embargo, gracias a su aislamiento, se ha conservado fiel a su uso tradicional: mensajes cortos a distancias largas. Por 

este motivo, además de por los obvios, desarrollados en mi artículo anterior, el silbo herreño no puede llamarse silbo gomero: no ha sido ni es una cuasi profesión, ni un espectáculo folclórico, ni mucho menos una marca registrada en la Oficina de Patentes y Marcas. 

El silbo de El Hierro ha pasado casi totalmente desapercibido para los canarios, y por eso no ha formado parte de la imagen necesariamente exógena del herreño. En este sentido, el profesor Morera tiene algo de razón cuando afirma que solo existe el silbo gomero. Me refiero a que el español silbado en La Gomera ha trascendido mucho más allá de su uso tradicional y de su expresión local, convirtiéndose en símbolo de lo gomero. Testigo de ello es el exónimo silbo gomero, con el que solo los no gomeros reconocen esta manifestación cultural. No obstante, tanto para los gomeros como para los herreños, es solo silbo (a secas). 

Tampoco le faltaba razón a la portavoz del Partido Popular de Valverde doña María del Carmen Morales cuando, en 2017, sostuvo en un Pleno que El Hierro nunca había tenido una tradición silbadora con peso suficiente: este fue el principal argumento de la intervención del señor Curbelo en el debate del miércoles pasado. En efecto, en El Hierro, el silbo posee un marcado componente social y local: silbar significa ser rabonegro. Esto es, básicamente, ser campesino y haberse criado en un pueblo diferente al de la Villa. Es normal que, para esta señora, el silbo herreño no exista, como tampoco existiría para mí el silbo gomero, de no tener acceso a los medios de comunicación de masas. Pues, pese a haber visitado La Gomera asiduamente durante veinte años, jamás he oído silbar a nadie. Obviamente, ello se debe a que, al igual que doña María, no he estado inmerso en los contextos de uso del silbo

«Eso es como hablar», decía el pastor nonagenario don Berto Castañeda en una de las numerosísimas entrevistas publicadas en el canal Silbo Herreño de YouTube. Y no hay frase popular que describa tan acertadamente el funcionamiento de los denominados lenguajes sustitutivos. Así pues, el silbo herreño no puede haber copiado la fonética del silbo gomero, tal y como sostuvo el señor Curbelo en su intervención. Simplemente, porque los aspectos fónicos del silbo gomero, como los del silbo herreño, están tomados de la lengua española que se habla en esas islas. Si los silbadores herreños han copiado la fonética a los gomeros, como dice el señor Curbelo, fue porque estos antes se la copiaron a García Márquez, a García Lorca, a Darío, a Valle-Inclán, a Bécquer, a Góngora, a Cervantes, a Manrique, a Mena, a Juan Manuel, a los trovadores... y así hasta llegar a las Glosas Emilianenses y Silenses. La fonética del silbo gomero es un patrimonio universal, sin que tenga que manifestarse la UNESCO al respecto, porque se basa en la fonética de los casi 500 millones de hispanohablantes. 

Tras haber visualizado el debate parlamentario, tengo claro que los lenguajes silbados de Canarias no pueden seguir siendo un negocio, ni mucho menos objeto de mezquindades políticas. Sería necesario crear una Cátedra Cultural de Silbo menos parcial que la actual Cátedra Cultural de Silbo Gomero para que los profesionales encargados de ella no dependieran económicamente del Cabildo de La Gomera y así poder estudiar con todo el rigor y la independencia necesarios los lenguajes silbados de Canarias. Considero que, en este sentido, el primer paso es referirse al fenómeno como lo que es, evitando cualquier afán de apropiación: «español silbado en Canarias». Además de en La Gomera, actualmente se sabe que también se ha silbado ininterrumpidamente en El Hierro desde hace, al menos, 150 años. Habría que estudiar detenidamente la historia del silbo en las Islas, incluyendo también, al menos, Tenerife y Gran Canaria para sacar unas conclusiones globales y poder hablar sin prejuicios sobre el silbo canario.

Jonay Acosta Armas*

Sobrino, nieto y bisnieto de silbadores herreños.

Opinión

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Por David Cabrera*

La gente quiere que nos dejemos ya de palabrería política, quiere que se hagan cosas, que trabajemos en que se vea como nuestro entorno cambia y se mejora, por ejemplo, cualquier canario que tenga un problema de salud encuentre una respuesta rápida y cercana; que a nuestros hijos no solo se les enseñe sino que también aprendan; que abaratemos el transporte; que dignifiquemos lo pequeño frente a lo grande, y, en definitiva, que reconozcamos estar unidos, muy unidos, porque estamos muy, muy lejos, y no sólo geográficamente del resto de los intereses nacionales.

El Nacionalismo Canario debe en primer lugar asumir que está formado por Insularismos, y, en mi opinión, así es como debe ser, cada isla debe preservar su identidad en el proyecto común y de consenso, que debe ser Canarias.

Opinión

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Por: Luciano Eutimio Armas Morales

“Llevo quince años viajando, y este es el lugar más fantástico que he visto nunca. Porque si el Everest es el máster de los escaladores, y Cabo de Hornos el máster de los navegantes, este lugar es el máster de los viajeros. Es casi como llegar a La Luna”. Con estas palabras se expresaba Alejandro, el coordinador de la expedición, mientras el barco permanecía en un margen de la bahía, rodeado de una cordillera en semicírculo, con infinidad de glaciares desembocando en el mar.

Paradise Bay, o Bahía Paraíso, dispone de uno de los dos puertos naturales para desembarcar en el continente antártico, próxima de la cual están las estaciones de la Antártida Base Brown de Argentina y Base Presidente Gabriel González de Chile. Estar en este espacio cerrado, rodeados de acantilados de hielo, en el silencio profundo de un día apacible y soleado, y viendo de vez en cuando el chapoteo en el agua de algún pingüino o el surtidor y la cola de una ballena, es un espectáculo excepcional.

Joyeria Bazar Elvira pie

Le preguntamos al capitán Héctor Travechia, si había observado cambios en la dimensión de los glaciares y la capa de hielo en la Antártida, y nos dijo: “… no tengo datos científicos de mediciones del hielo en esta región, ni de la repercusión que la actividad humana tiene en estos cambios, pero en los años que llevo navegando por la Antártida, que son muchos, se observa a simple vista un retroceso muy significativo de los glaciares y de la masa de hielo.”

En estos días, por otra parte, es noticia en los medios de comunicación las altas temperaturas alcanzadas en la Antártida, que baten récords históricos superando en algún caso los veinte grados, cuando las temperaturas medias son de 49º bajo cero en invierno, y de 0,º en verano (Enero y febrero). “Los glaciares tienen ahora un notorio y acelerado retroceso”, declara también Marcelo Leppe, director del Instituto Antártico Chileno.

Cierto es que, a pesar de las evidencias, hay negacionistas del cambio climático. Como hubo negacionistas de los daños del tabaco sobre la salud en su momento y como los hubo del daño de los clorofluorcarbonos sobre la capa de ozono, hasta que las evidencias científicas se hicieron abrumadoras. Ocurre también con el calentamiento global. Los poderosos intereses de multinacionales financian estudios negacionistas, recurriendo a argumentos como el informe de la NASA sobre aumento del hielo en la parte central de la Antártida, cuando en realidad, esto es una consecuencia transitoria de ese calentamiento global.

Porque si bien es cierto que siempre se han dado en la Tierra periodos glaciares, alternando con períodos interglaciares más cálidos de forma natural, no podemos negar la evidencia de que mil doscientos millones de automóviles circulando, veinte mil aviones volando permanentemente, millones de fábricas e industrias funcionando a diario, y todos consumiendo combustibles fósiles y emitiendo CO2 a la atmósfera, que ha pasado en cien años de 275 ppm. A 415 ppm. circunstancia que no se daba en la Tierra desde hace millones de años, algún efecto debe tener sobre el clima.

En cualquier caso, lo más grave de este proceso no es quizá el incremento del nivel del mar, con ser grave en sí mismo, porque si se derritiese todo el hielo de la Antártida el nivel del mar subiría sesenta metros. Lo más grave, entiendo, es la profunda alteración del medio ambiente, extinción masiva de especies animales y vegetales, contaminación por plásticos y otros residuos, incendios forestales y destrucción masiva de hábitats, intoxicación por metales en la cadena trófica, etc. etc. etc.

Estamos, según criterio de muchos científicos, en el comienzo de la era antropogénica: Sexta extinción masiva de especies y alteración del medio ambiente. Pero a diferencia de otras que se produjeron por fenómenos naturales, como una época de volcanismo intenso, la fractura del continente Pangea, o el impacto de un meteorito, en este caso asistimos a una extinción mucho más rápida y provocada por un ser vivo: la especie humana. A pesar de lo cual, los gobiernos no se deciden a tomar las medidas necesarias para paliar esta emergencia.

El planeta Tierra, a fin de cuentas, es una habitación esférica cerrada sin puertas ni ventanas en la que vivimos, sin otra alternativa posible a la que mudarse, y de la que desde hace cuarenta y siete años en que salió Eugene Cernan no ha vuelto a salir nadie, y cualquier actuación que se realice en un rincón de la habitación, repercute en el resto de esta.

Hace poco, en un pequeño debate, comparaba yo esta situación con la del hundimiento del Titanic. Cuentan que, cuando alertaron a los pasajeros de primera clase, de que había riesgo de hundimiento del barco y convenía prepararse para abandonarlo, algunos dijeron: “Esto es una falsa alarma. Que la orquesta siga tocando, que queremos seguir bailando”. Al final, la orquesta siguió tocando, ellos siguieron bailando, el barco se hundió, y se ahogaron casi todos. Y los negacionistas los primeros, claro.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Opinión

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Por: Jonay Acosta Armas*

El catedrático de filología hispánica Marcial Morera, corresponsable académico de la Cátedra Cultural de Silbo Gomero de la ULL que cofinancia el Cabildo de La Gomera, se ha manifestado en contra de la denominación silbo herreño, con la que un comité de expertos reunido en la Ponencia Técnica de Patrimonio Arqueológico, Etnográfico y Paleontológico (entre ellos, él mismo), celebrada el 19 de marzo de 2019, aprobó unánimemente denominar a este Bien de Interés Cultural.

La competencia lingüística de cualquier hispanohablante le permite deducir que la expresión silbo gomero no es un compuesto sintagmático del tipo ensaladilla rusa o tortilla francesa, tal y como sostiene el profesor Morera. Si hiciéramos una encuesta sociolingüística acerca de su definición a una muestra mínimamente representativa de la sociedad canaria, ninguno de los encuestados daría la explicación (que no definición) propuesta por este profesor: «cierto tipo de silbo articulado constituido por dos vocales y cuatro consonantes que se usa, no solo en La Gomera, sino también en El Hierro y en Tenerife, para silbar las sílabas de las palabras corrientes y darles así mayor alcance auditivo». Al contrario, todos ellos harían una lectura composicional de su significado, definiendo silbo gomero como ‘lenguaje silbado que se usa en La Gomera’. Por otra parte, el profesor Morera, reconocido especialista en morfosintaxis, lexicología y lexicografía del español, sabe que en los sintagmas terminológicos ensaladilla rusa o tortilla francesa el valor gentilicio del adjetivo queda tan difuminado que, difícilmente, se percibe como ‘ensaladilla de Rusia’ o ‘tortilla de Francia’. De hecho, tales sintagmas suelen perder el sustantivo, conservando solo el adjetivo, tal y como sucede en mayonesa o hamburguesa, que se identifican con una salsa y una carne molida, respectivamente, y no con las ciudades de Mahón, Bayona o Hamburgo. Pero, evidentemente, esto no sucede en silbo gomero, donde el adjetivo gentilicio siempre se entiende indudablemente como ‘de La Gomera’, de manera que esta parte de su explicación no resulta convincente. Tampoco en su aspecto técnico la explicación del profesor resultaría satisfactoria: si entre los encuestados se encontrase, por ejemplo, el maestro silbador don Isidro Ortiz o cualquiera de sus alumnos, la corregiría, proponiéndole un sistema vocálico alternativo formado por cuatro unidades, que es el que figura en el apartado «El silfateo» del Programa de Contenidos Canarios El silbo gomero. Materiales didácticos (2005) y el que se enseña en los centros educativos de La Gomera. Así pues, la explicación del profesor Morera parece problemática no solo en el uso actual del español de Canarias, sino en el uso actual del propio silbo gomero.

Por todo lo anterior, deduzco que el profesor, como los poetas, ha creado un plano referencial ficticio desde el cual poder añadir connotaciones al significado propio de silbo gomero, llegando incluso a cambiar el estatuto sintáctico de la expresión: de sintagma a palabra. El resultado ha sido una expresión y una explicación ad hoc que pretenden dar una solución filológica (a mi juicio, forzada) a un problema político. Por supuesto, conociéndole, no dudo de que lo haya hecho con la mejor de las intenciones: tratar de preservar ambos silbos, adaptando su discurso a las cuestionables circunstancias políticas que todos conocemos.

Parece cierto que el sintagma silbo gomero no se ha lexicalizado aún, como sí lo han hecho, por ejemplo, ensaladilla rusa y tortura china. Para empezar, ningún hispanohablante (canario o no) se referiría al silbo practicado en Grecia como **silbo gomero griego. Sin embargo, sí que sería probable que denominara ensaladilla rusa alemana a la Kartoffelsalat o tortura china española al funcionamiento habitual de nuestra burocracia. Esto se debe, principalmente, a que silbo gomero es una construcción sintáctica demasiado reciente en la vida del español de Canarias: su existencia en la variedad oral y popular de nuestro dialecto no va más allá de los años sesenta, momento en el cual esta manifestación cultural en peligro de extinción se comenzó a revalorizar y se dio a conocer masivamente a través de los medios de comunicación. Dudo muchísimo que los pastores gomeros (y canarios, en general) de aquel entonces tuvieran conversaciones del tipo: «Chano, voy a darle un silbo gomero a Goyo para que nos ayude a guardar las cabras». Esto parece más propio de un diálogo inserto en una novela costumbrista o de una representación folklórica que de una situación comunicativa real. Aunque el profesor Morera no cita la tradición silbadora de la Aldea de San Nicolás de Tolentino, recogida por Maximiano Trapero en los años noventa y rescatada recientemente por David Díaz Reyes, tanto en La Gomera como en El Hierro, Tenerife y Gran Canaria existe una sola denominación popular para el fenómeno en cuestión: la palabra simple silbo, que es la que se recoge en las grabaciones más antiguas disponibles. Y la existencia de esta palabra silbo, con su acepción ‘comunicación mediante silbos’, presente en las Islas que lo practican, hace totalmente superflua e innecesaria la introducción de un neologismo tan circunstancialmente local como silbo gomero. Por esta misma razón, la expresión resulta inaceptable para los silbadores de otras Islas (entre los que, evidentemente, están los herreños) como denominación de su propio silbo, lo que es un argumento más para mantener la palabra simple con que tradicionalmente se le ha conocido.

Y, en efecto, este segundo argumento es de naturaleza histórica: el sintagma silbo gomero también es un término relativamente reciente en la literatura científica, pues remonta a los estudios que el profesor escocés André Classe llevó a cabo sobre el silbo gomero a mediados del siglo pasado y, por tanto, siempre se refiere a la variedad gomera del español silbado. Anteriormente, en las primeras publicaciones científicas dedicadas al estudio del silbo, que remontan a finales del siglo XIX, se le llamaba simplemente lenguaje silbado: tal es el caso de la publicación de Max Quedenfeldt, quien, en 1887, hablaba de «Die Pfeifsprache auf der Insel Gomera» (‘El lenguaje silbado en la isla de La Gomera’), o la de Joseph Lajard, quien, en 1891, tituló la suya Le langage sifflé des Canaries (‘El lenguaje silbado de las [Islas] Canarias’). Este investigador francés llevó a cabo su estudio con varios silbadores herreños, mayormente panaderos y residentes en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, lo cual nos puede dar una ligera idea acerca del grado de vitalidad que poseía el silbo en El Hierro a finales del s. XIX. Y, cuarenta años más tarde, en 1932, otro francés, Robert Ricard, se manifestó en los mismos términos con su «A propos du langage sifflé des Canaries» (‘A propósito del lenguaje silbado de las [Islas] Canarias’). De manera que fueron los trabajos tardíos del profesor Classe (1956) y, posteriormente, del profesor Ramón Trujillo (1978) los que han consagrado la denominación de silbo gomero, denominación que corresponde, por supuesto, a la realidad geográfica en la que ambos estudiaron el silbo, pero que no niega, ni puede negar, la evidencia de su existencia en otros lugares. 

Joyeria Bazar Elvira pie

En este sentido, nos parecen especialmente dignos de atención y mención algunos de los últimos estudios y testimonios que reconocen la existencia de lenguajes silbados en otras Islas, como, por ejemplo, el Proyecto de Fin de Carrera que, en el año 2000, matriculó la ingeniera de telecomunicaciones Rosa Delia Santiago con el título Estudio sonométrico del silbo gomero y herreño, o el apartado que el erudito alemán Jens Lüdtke, fallecido el año pasado y conocedor y defensor de la realidad lingüística canaria, dedicó, en 2014, a «El lenguaje silbado de La Gomera y El Hierro» en su obra Los orígenes de la lengua española en América

En definitiva, desde hace más de un siglo, tanto la tradición científica como la popular han reconocido el lenguaje silbado como una manifestación cultural de ámbito canario, no solo gomera, hecho que pone de manifiesto la impropiedad de la explicación del profesor Morera, sin que esta afirmación mía suponga en absoluto negar que ha sido en la isla de La Gomera donde con mayor fuerza y éxito se ha defendido el silbo. En lo que quiero insistir es en la verdad indiscutible de que el español de Canarias no se ha silbado exclusivamente en La Gomera, por lo que resulta abusivo denominar silbo gomero al que se ha practicado tradicionalmente en otras Islas. Más aún, cuando la denominación silbo gomero fue registrada como marca por el Cabildo de La Gomera el 24 de octubre de 2017, con la referencia M3688067(1) de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

A mi juicio, y haciendo uso de los calificativos empleados por el profesor Morera, el carácter sustitutivo de los lenguajes silbados hace que cualquier denominación gentilicia resulte «mezquina, insularista y pueblerina». Sobre todo, cuando tales denominaciones se pretenden imponer al silbo (a secas) de otras Islas desde el sector político, tal y como ha sucedido en esta ocasión. La «visión internacional» que reclama este profesor exigiría una denominación más científica, explicativa e inclusiva, siendo «español silbado» (o, si se prefiere, «español silbado en Canarias») la que, en mi opinión, se ajustaría más al fenómeno real. Así pues, silbo gomero, silbo herreño, silbo grancanario o silbo tinerfeño no son sino manifestaciones insulares de un fenómeno archipielágico que se denomina español silbado en Canarias. Imponer el nombre de silbo gomero al español silbado en las otras Islas que lo practican y han practicado supondría una inexactitud y un abuso, que generaría innecesarios, indeseables e injustos problemas interinsulares.

Cada una de estas manifestaciones merece un trato igualitario, tanto en su estudio científico como en el nivel de su protección y promoción. Si hasta ahora no ha sido así, ello se debe a factores externos y no a su grado de importancia o de conservación: recordemos que, también en La Gomera, el silbo estuvo a punto de desaparecer. Les estamos agradecidos a los gomeros por sus esfuerzos en la conservación de este bien cultural: vaya por delante nuestro reconocimiento por su labor. Pero también queremos recordar que esta manifestación cultural no es exclusivamente característica de La Gomera, sino que se trata de un fenómeno que se ha dado también en otras Islas. Por eso, a la hora de llevar a cabo la labor de protección y promoción del español silbado en Canarias, resulta conveniente aplicarle la denominación gentilicia de la Isla en la que se ha practicado y se practica para, así, evitar empleos abusivos de un término común. Sin duda, el reconocimiento del fenómeno a nivel archipielágico y el estudio particular de cada variedad insular redundará en un mejor conocimiento científico de este patrimonio universal y en un bien para toda Canarias.

Jonay Acosta Armas*

Sobrino, nieto y bisnieto de silbadores herreños.

Opinión

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Por: Armando Hernández Quintero.

En la pasada campaña electoral varios de los candidatos para presidir el Cabildo Insular hablaron de la necesidad de realizar la vía que comunicará Las Playas con el sur de la isla. Sin duda alguna, esa obra es de una importancia capital para el futuro del sureste herreño, ya que permitiría establecer la conexión automotriz del Noreste con el Sur de la isla, a la vez que se haría realidad el viejo sueño de llevar a cabo no solo la comunicación sino la integración de esas dos importantes comarcas que se han destacado en los últimos años por su dinamismo socio-económico y crecimiento poblacional. 

Partes de esas dos zonas estuvieron relacionadas durante siglos a través de Las Playas, pues en ese lugar los vecinos de Isora y de Las Casas pastoreaban sus ganados, realizaban labores agrícolas, y celebraban en conjunto bailes y fiestas como la de San Juan. Sin embargo, debido a los cambios socio- económicos producidos en las últimas décadas, los lazos entre esas comunidades se han aflojado, y ellas poco a poco se han ido dando la espalda.

Multitienda Frontera pie

 

Hace ya algunos años el ingeniero Javier Fernández Soldevilla, contratado por el Cabildo Insular presidido por el señor Tomás Padrón Hernández, realizó un estudio de factibilidad que bien puede servir de base para la ejecución de la obra prometida, que a su vez, permitiría reactivar las viejas relaciones entre las comunidades ya mencionadas y establecer otras nuevas. Para que ello sea posible es necesario acometer algunos trabajos de infraestructura, donde se considere conveniente, que faciliten la comunicación por la carretera que ya existe. Entre los obras que deberían realizarse estarían la ampliación y corrección de la vía existente, y la ejecución de otras intervenciones de más calado como serían el desdoblamiento del túnel actual y la realización de uno nuevo que permita el enlace de la parte sur de Las Playas con Las Esperillas, en la costa piñera, y su conexión con la carretera H-4, en la parte que va de El Pinar a La Restinga. La importancia de esas obras debería estar fuera de toda discusión ya que con ellas se cerraría el anillo insular y se enlazarían las poblaciones establecidas en la parte del litoral que va desde el Tamaduste hasta La Restinga, nos referimos, además de las mencionadas comunidades, a las de La Caleta, El Puerto de La Estaca, Timijiraque y Las Playas, asentamientos que ya gozan de un destacado dinamismo y que se verían favorecidos al facilitarse el intercambio de mercancías y de servicios entre ellos. 

A su vez, esa vía acercaría y haría más cómodo el viaje desde El Pinar y La Restinga hasta el aeropuerto de Los Cangrejos y el Puerto de la Estaca, lo que redundaría en enormes beneficios ya que dinamizaría el sector turístico facilitando el intercambio humano y de servicios entre las poblaciones del litoral ya mencionadas, y además potenciando los que actualmente presta el Parador de Turismo Insular, al hacer posible que las personas que se alojen en él puedan trasladarse en poco tiempo, con seguridad y comodidad a La Restinga, Tecorón y El Pinar, para disfrutar de esos lugares. Por otra parte, los interesados tendrán la posibilidad de dar un paseo hasta El Faro de Orchilla y gozar de los hermosos paisajes de El Julan y La Dehesa, así como de las aguas del mar de Las Calmas, y después regresar sin inconvenientes y en tiempo razonable a su hospedaje. Algo semejante les ocurriría a los turistas que acudan a la comarca sureña, sobre todo a La Restinga, pues además de recrearse con la belleza de su mar y sus lugares de baño y de submarinismo, así como la de sus lajiales, campos y montes, podrán trasladarse en breve tiempo a las localidades situadas al norte de Las Playas y acceder por esa vía a las poblaciones y comarcas de Valverde, Barlovento y al bello Valle de El Golfo.

En fin, las obras de mejoramiento en la carretera de Las Playas y la construcción del túnel de Las Esperillas, no perjudicará a nadie, traerá grandes  beneficios para todos y contribuirá a hermanar todavía más a los habitantes de El Hierro. Para que ello deje de ser un sueño y se convierta en una hermosa realidad es fundamental y necesaria la decisión política de las autoridades herreñas, concretamente las del Cabildo Insular, mandamiento que esperamos se produzca lo más pronto posible.

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso.