Por Juan Jesús Ayala.
Durante los acontecimientos, las palabras, pocas, volaban, y los mutismos abundaban porque lo importante y necesario ante una catástrofe de la magnitud sufrida por la Comunidad Valenciana se comprueba el torrente de palabras sinsentido del poder que se han consumido en la hoguera de las vanidades, donde las responsabilidades se escudan en folios y folios, encerrando frases hechas, donde las réplicas se escapan de los cánones de una dialéctica atinada, ya que lo que predomina es el insulto y el improperio que de nada valen; mientras, en el silencio y en el esfuerzo de los protagonistas que son los que la han sufrido, las palabras por las perdidas padecidas se dicen sin esfuerzo, sin carga peyorativa, a los que se les escapan las lágrimas a veces de rabia otras, de pena y otras ante la generosidad de una ayuda inesperada que los han dejado casi sin fuerza, exhaustos ante la impotencia que otros han fabricado por sus desatinos y desidias por la violencia del agua y del barro comprometiendo vidas para rescatar otras.
Verlos tanto en parlamentos y no solo en estos casos que nos han invadido con farragosidades donde las palabras se amontonan surtiendo de quintaesencias la pobre dialéctica parlamentaria, que si los papeles volaran con la misma fuerza de un huracán se quedarían, la mayoría, sin voz, sin apenas sonido porque su discurso solo les permite el balbuceo que demuestra que lo que ponen en su lugar es una verborrea simplona y ramplona que aunque se acompañe de alguna palabra siquiera para componer una frase, se asustan, quedándose sumidos en la perplejidad como si se hubieran escapado de una mediocridad mal disimulada.
Palabras y palabras… que se apartan de su significado, vuelan como si fueran sustituyendo el sinsentido por otras aún más confusas que hace que el esperpento sea lo dominante, donde el disparate mencionado nada tiene que ver con lo que se debe hacer, con lo que no se hizo y con lo que se piensa recomponer.
Siendo lo más significativo tanto en unos como en otros la firmeza con la que hacen todo tipo de declaraciones sin que el rubor asome a su cara y menos cuando de promesas se trata o de los miles de renglones que suponen los argumentarios del poder que desde una quiebra fiscal del Estado se comportan como simples repartidores de dádivas y de predicamentos que al lanzarlas al viento, que se las lleva, aun pudiera quedar la esperanza que fue un error de transcripción, de una elocuencia sobreañadida del momento y que todas las ayudas prometidas llegarán antes de lo previsto…. Como siempre.
Solo habrá que preguntarles a los damnificados por el volcán de La Palma, que esto es así, aunque muchos de ellos seguirán encantados por una ayuda prometida cuya espera se ha eternizado en el tiempo, como siempre