Crónicas pretéritas: Benditas las lluvias de marzo

Crónicas pretéritas: Benditas las lluvias de marzo

Por Donacio Cejas Padrón.

El mes de marzo ha entrado con bendiciones para nuestra isla, las regulares lluvias caídas estos días sobre los campos, hacen pensar y esperar que este año será de buenas frutas y seguramente también tempranas, si tenemos la suerte de que el viento no se repita, pues ahora están los árboles en flor y algunos ya con pequeños frutos que de no haber ese fenómeno adverso del viento del Sur, madurarán bien pronto, es posible  que en abril ya los durazneros nos ofrezcan sus primeros frutos.

Según yo le oía a mis abuelos, el mes de marzo era determinante  para  calificar  lo bueno o malo del año, según lloviera e hiciera buen tiempo o, por el contrario, hiciera viento y excesivo calor. Ya para estas fechas se habían terminado de cavar las viñas del monte, y por las partes bajas del valle, empezaban a aparecer los primeros pámpanos y era la hora de las primeras manos de azufre, los durazneros y demás frutales comenzaban a cubrirse de flores y las huertas de papas, al recibir las aguas de marzo prometían buena y abundante cosecha.

Así de sencilla era la vida en tiempos que ya se van alejando para ser historia, el sustento  de las familias dependía casi exclusivamente del campo y de los ganados, de estos especialmente el queso era el que proporcionaba semanalmente los dineritos para comprar en las tiendas lo necesario para  alimentar a las familias, si por suerte había buenas cosechas de papas entonces  reinaba la tranquilidad en las amas de casa que ya contaban con lo primordial para preparar los platos alimenticios, sencillos pero sanos y nutritivos, y de exquisito sabor.

Ahora la vida en nuestros pueblos tiene otras formas de desarrollarse, los cultivos de riego, y la implantación de nuevas especies vegetales, han modificado los hábitos alimenticios, y han proporcionado una calidad de vida antes desconocida, pero el agua de lluvia sigue siendo casi imprescindible para el buen desarrollo  vital  de nuestra tierra. 

Este año, Año de Bajada, promete gran afluencia de visitantes en los meses de verano, a tal extremo que ya las autoridades manifiestan el reto que tienen que afrontar para lograr que quienes vengan por esas fechas encuentren los servicios adecuados para llevarse el  mejor de los recuerdos. 

Multitienda Frontera pie

Este mes de marzo lluvioso y fresco, rompe la nota de lo sucedido en los últimos años, ya estábamos acostumbrados a los días secos, muchas veces con calima africana e incluso vientos del sur que dañaban los frutos tempranos y castigaban sus ramas, e incluso los primeros pámpanos de las viñas, pero aparentemente este dos mil veinticinco se está comportando de momento con otras características, que nos hacen recordar aquellos inviernos lluviosos, con lluvias torrenciales que comenzaban desde los meses de octubre y noviembre y se prolongaban hasta marzo y abril, en particular recuerdo el año 1,956, el más lluvioso de los que han sucedido en las últimas décadas, estuvo lloviendo un mes completo, casi día y noche, los barrancos de Tincos, La Frontera, y El Chajoco en El Pie del Risco inundaron la zona de Aguanueva, y de Guinea, muchos canteros casi fueron cubiertos por los escombros que la barranquera arrastraba, costó mucho trabajo delimitar de nuevo las propiedades, puesla mayoría de las paredes divisorias casi desaparecieron, no olvidaré que un día de ese mes, el correillo VIERA Y CLAVIJO hubo de refugiarse por dentro de los Roques de Salmor, pues, temía hacerse a la mar, el puerto estuvo un mes sin actividad, pues, los barcos no podían hacer operación.

Pocos años después hubo otro año de gran sequía, fue el 1,961, llovió muy poco casi nada, fue Año de Bajada, y seguramente será la de menos gente de todas las que yo recuerdo, pues por la misma sequía y por otros factores concurrentes, hubo una gran emigración a Venezuela, la mayoría de los jóvenes de la isla emigraron y reinaba entonces un ambiente de tristeza y desventura en la isla, los camiones-cuba que ya existían trabajaban día y noche subiendo agua de los pozos de Aguanueva y de tío Mauro.  Hubo la fortuna de  que el Presidente de El Cabildo, aquel gran hombre que fue D. Matías Castañeda  en una visita a Lanzarote vio unos equipos de sondeos que estaban trabajando en la isla para descubrir  si en el subsuelo  de Lanzarote había agua de calidad, sin pensarlo dos veces se plantó en El Servicio Geológico del Ministerio de Obras Públicas situado en la calle Claudio Coello 106, y solicitó del los ingenieros D. Federico Macao y D. Dámaso Fernández, que antes de devolver esos equipos que operaban en Lanzarote a la península, hicieran el mismo estudio en El Hierro, y vistos los poderosos argumentos ofrecidos por D. Matías, accedieron a sus peticiones y en breve tiempo ya llegaron  aquí y empezaron a perforar varios sondeos,  primero en El  Golfo y después en otras zonas de la isla, vinieron varios sondistas, D. Ángel, su sobrino Jose Mari y Manolo el gallego, a los que me sumé yo  mismo, pues hice curso en Madrid y me vine con el diploma de sondista, si bien había ejercí poco tiempo, pues ya yo recibido la llamada de América, y me fui para Venezuela, con gran provecho para mí.

Los trabajos realizados por estos equipos demostraron que en el subsuelo de Frontera había agua buena y en cantidad, y ello fue la base para que pronto se acometieran las grandes obras de  nuevas fincas, nuevos cultivos, y el panorama de la isla empezó a transformarse muy positivamente. Vinieron los palmeros, ya veteranos en el cultivo del plátano, y a ellos le siguieron también muchos herreños entusiasmados y entre todos construyeron el nuevo paisaje agrícola que has convertido a El Golfo en el motor económico de la isla.

En 1,965, nuevo Año de Bajada, ya el ambiente había cambiado para mejor, ya empezaron a venir de paseo los jóvenes emigrantes de Venezuela, muy contentos y alegres, hablando maravillas de aquel gran país, y aconsejándonos a nosotros que nos fuésemos para allá. La Bajada resultó concurrida y alegre, y ello motivó que en 1,966 yo también tomara el camino de la emigración, de lo cual siempre me he sentido satisfecho y agradecido.

Cosas de la vida…!