Por Juan Manuel Martínez Carmona.*
Hay rincones de El Hierro con lluvias tan someras y ocasionales como las del desierto del Sahara (promedios anuales en torno a cien litros por metro cuadrado). Escasez de precipitaciones acentuada en los últimos años a consecuencia del Cambio Climático. Se trata de entornos costeros en el sur y oeste de la isla (El Miradero, cerca de La Restinga, Verodal, Puerto Naos, Orchilla, etc.), donde verodes, iramas y tabaibas amargas, especies adaptadas al rigor de la aridez, sucumben ante la feroz sequía. En estos ambientes extremos, casi estériles, entre las plantas secas apenas pululan lagartos o insectos, faltos de comida. Sin embargo, en ocasiones acontece el milagro, coincidiendo con el paso de borrascas generosas en precipitaciones, como ocurre estos días. Estas lluvias fomentan la presencia de organismos que pueden permanecer años de vida latente, aguardando la humedad que precisan para reproducirse de manera vertiginosa.
Cuando las lluvias invernales han empapado bien el terreno, brotan decididos del jable los helechos lengua de serpiente (Ophioglossum polyphylum) en algunos de los lugares más áridos de El Hierro: Orchilla, Verodal, Arenas Blancas, Tecorón, montaña de Los Charcos, etc. Diminuto, la hoja que envuelve al órgano productor de esporas (esporangio) apenas despunta cinco centímetros. Presencia efímera, puesto que en apenas un par de semanas culmina la fase reproductora para volver a ser un corto y grueso tallo subterráneo (rizoma) que esperará paciente el regreso de las precipitaciones. Su género engloba un pequeño grupo de helechos de distribución tropical y subtropical, que en el caso de la especie canaria también vive en Cabo Verde y Marruecos. Estirpe primitiva, estamos ante uno de los seres vivos con mayor número de cromosomas, hasta 1400, con un promedio de 1260. En Canarias sus poblaciones aparecen muy localizadas, encontrándose protegidas con la categoría de Interés para los Ecosistemas Canarios.
En la Hoya de Tecoron, un champiñón (Agaricus aridicola) de ambientes áridos comparte hábitat con el helecho lengua de serpiente. Descubierto en el año 2022, se trata de la única localidad herreña de un hongo tremendamente localizado, con apenas registros en el resto del archipiélago (está ausente en La Gomera y La Palma). Sostenido en un pie largo, el sombrero apenas se expande, conservando la humedad. A pesar de su carne compacta, no suscita interés gastronómico, alimentándose bajo tierra de materia orgánica muerta o en descomposición.
Pero El Hierro sigue deparando descubrimientos fascinantes y durante los pocos meses que llevamos de 2025 han sido citadas dos especies nuevas, una de ellas, el pisolito (Pisolithus calongei), observada por primera vez en Canarias. Se trata de una seta extraña que asoma del suelo como una excrecencia globosa. Con el tiempo se degradará en polvillo amarillento repleto de esporas. En las zonas donde ha sido detectada (Sabinar de La Dehesa y en torno de la ermita de La Peña) aflora al pie de las jaras (Cistus monspeliensis). Si la presencia del pisolito resulta sorprendente, ¿cómo catalogaríamos el hallazgo de una seta con apenas una veintena de registros en todo el planeta, incluidas citas en Gran Canaria y Lanzarote? Hablamos del Dictyocephalus attenuatus, especie rarísima apenas mencionada en la bibliografía, típica de ambientes áridos. Su aspecto es singular, compacta, parece un trozo de leña. Descubierta en varios enclaves (Verodal, Restinga y Orchilla), siempre asociada a iramas (Schizogyne sericea) secas, El Hierro podría ser uno de los principales santuarios mundiales de la especie. En fin, ¡cuántas historias grandiosas regala nuestro modesto territorio!
*Juan Manuel Martínez Carmona, Biólogo.