Opinión

Crónicas pretéritas: La lucha canaria en Venezuela en pasadas épocas

Por Donacio Cejas Padrón (2005).

Con motivo de mi última crónica sobre la Lucha Canaria en El Hierro, varios paisanos herreños y en especial el famoso luchador Vidal Martin, tinerfeño, pero con cierta vinculación con nuestra isla, me han facilitado ciertos datos que pudieran ser de interés conocerlos, referentes en especial a las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, que seguramente serían los de más presencia de jóvenes canarios en la tierra de Bolívar.

Me cuenta Vidal Martín, que inició su relación con nuestra isla de El Hierro en 1952, y que ya para esa fecha conoció a D. Valentín Hernández con quien entrenaba tanto en Guarazoca como en Los Mocanes, y que en 1954 se desplazó a El Hierro con el equipo de El Beneharo de Tegueste, celebrando grandes luchadas en Frontera, El Pinar y Valverde, entonces el rival más cualificado era D. Eligio Hernández, conocido como Yiyo, pero también había otros buenos luchadores como El Pollo de La Agachadilla y muchos más.

Desplazado Vidal Martín a Venezuela, como tantos jóvenes canarios de la época, participó allí en grandes luchadas, muchas veces formando parte del equipo de El Hierro, haciendo filas junto a Sebastián Miro, Luis Barrera, Guerrita, Daniel, Ángel Benítez, y tantos otros. Se luchaba en varios terrenos, desde las primeras luchas en Galipán, y después en La Florida, El Paraíso, El Palacio de Los Deportes en La Avenida San Martín, El Club Archipiélago, El Hogar Canario de Caracas, y naturalmente también en Palo Negro, Cagua, Quibor, Maracay etc., pues por esas zonas agrícolas de Venezuela había gran colonia canaria, y por aquellos años la mayoría de los jóvenes canarios había emigrado a aquel país. Hubo algunos como el gran luchador Borito de Las Palmas, que prácticamente su actividad en Venezuela estuvo dedicada a la lucha canaria, incluso editando algunos libros y folletos relacionados con la misma, hasta un reglamento de este deporte se editó allí.

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Me cuenta Sebastián Morales, buen luchador herreño natural de La Cuesta, y que destacó en esta disciplina deportiva tanto aquí en El Hierro como después en Caracas, que hubo una época en que ganaba más bolívares practicando la lucha canaria en Venezuela que lo que ganaba en su trabajo, y que como consecuencia de la gran cantidad de canarios, jóvenes y mayores en Caracas en aquellos años, se llegó a copiar y trasladar allí hábitos y costumbres que eran frecuentes en Canarias, entre ellos, los grandes bailes que se celebraban después de las luchadas, en especial en La Florida y en La Casa Canaria de El Paraíso. 

Fueron grandes impulsores de nuestro deporte en Venezuela D. Juan González Pérez, D. Hoel Pérez Castro, D. Benigno García, y varios empresarios canarios más que patrocinaban sus propios equipos, casi siempre formados por sus propios empleados y algunos otros amigos, contando siempre con la coordinación de Juan Enrique González, y posteriormente con la invalorable labor en este sentido de nuestro querido amigo Gerardo Quintero, recientemente fallecido. 

Tengo el gusto de adjuntar algunas fotos que me ha cedido gentilmente el gran luchador Vidal Martín, que sin duda serán documentos muy valiosos para la historia de la lucha canaria en Venezuela. Dejo para estudiosos de más alta escuela el análisis sociológico de las repercusiones que sin duda habrá tenido la implantación de nuestro deporte en aquel país, ignoro si para estas fechas aún se practica la lucha canaria en Venezuela, pues en el derivar de los tiempos, y al haberse interrumpido la emigración para allá, es posible que ya no tenga tanto auge, pero sí es cierto que hubo una época que merece ser recordada, y a ello espero haber contribuido humildemente con estas líneas, y estas fotos que me ha cedido Vidal Martín, al cual de corazón le muestro mi gratitud por su gesto, y seguro que desde La Voz de El Hierro también nuestro amigo Leoncio Morales le estará enormemente agradecido. En otra oportunidad volveremos a tocar este tema tan bonito, tan interesante y que ha de producirle a nuestros paisanos herreños y canarios gran satisfacción.

Cajitas blancas

Por Agustín Cirilo Gaspar Sánchez.

En la Villa de Valverde, en mi querida isla de El Hierro, los recuerdos de mi niñez están llenos de escenas entrañables y, a veces, desgarradoras. En los años de la postguerra una mujer llamada Doña Fermina Sánchez, casada con Cirilo Navarro, se convertía en una figura central en nuestra comunidad. Como partera, ayudó a traer al mundo a innumerables niños y niñas, incluyéndome a mí, en una época en que los recursos eran escasos y la asistencia médica real en nuestra isla brillaba por su ausencia. Cuando una mujer estaba a punto de dar a luz, se enviaba un aviso a Doña Fermina, quien llegaba al hogar con sus humildes herramientas: una toalla o un trozo de sábana limpia, agua tibia y un palo de duraznero. Este palo, de aproximadamente metro y medio, se colocaba sobre los hombros de la parturienta, quien lo sujetaba firmemente mientras, bajo las indicaciones de la partera, empujaba durante las contracciones. El trabajo de Doña Fermina era una mezcla de sabiduría ancestral y amor puro por la vida, salvando a madres e hijos en condiciones que hoy consideraríamos precarias.

Con el paso del tiempo, nuestra situación sanitaria mejoró gracias a la llegada de médicos como Don Juan Ramón Padrón, quien ejerció durante muchos años como único médico de la isla. Don Juan Ramón, movido por un profundo compromiso con su tierra, se afanó en estudiar medicina en las facultades de Cádiz y Madrid. A pesar de las oportunidades que se le pudieron haber presentado en otros lugares, él tenía claro su destino, regresar a El Hierro para ejercer la medicina única y exclusivamente en su isla natal. Su empeño y buen hacer profesional transformaron la salud pública de la isla, reduciendo la mortalidad infantil y brindando esperanza a muchas familias.

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La evolución de la sanidad española, especialmente en entornos rurales como El Hierro, ha sido notable. De una asistencia casi inexistente a un sistema de salud robusto que garantiza la atención desde el embarazo hasta el parto, España ha logrado reducir su tasa de mortalidad infantil a una de las más bajas del mundo. Esta transformación, impulsada por la formación de profesionales dedicados y la mejora de las infraestructuras sanitarias, ha sido un salvavidas para muchas comunidades que antes dependían de la ayuda de parteras y recursos limitados. Sin embargo, esta realidad contrasta profundamente con lo que ocurre en otros rincones del planeta, especialmente en países en conflicto armado como Palestina, Siria o Ucrania. En estos lugares, los niños y niñas no solo enfrentan los peligros de una asistencia médica deficiente, sino también la constante amenaza de la violencia, donde la mortalidad infantil está marcada por la falta de acceso a servicios básicos debido al bloqueo y los constantes bombardeos. Los hospitales, que quedan en pie, muchas veces, son incapaces de atender a las mujeres embarazadas y a los recién nacidos, que mueren antes de poder experimentar la vida fuera del vientre materno, enfrentando las madres la tragedia de perder a sus hijos, no en "cajitas blancas", sino en medio de escombros, envueltos en sábanas improvisadas, si es que tienen la suerte de encontrar algo para cubrirlos.

La situación de estos niños son un reflejo de la crueldad de los conflictos armados. Mientras en El Hierro avanzábamos hacia un futuro donde cada nacimiento podía ser celebrado, en estos países, los nacimientos a menudo se convierten en una lucha desesperada por la supervivencia. Por ello, la comunidad internacional no puede seguir mirando hacia otro lado. No podemos permitir que más niños mueran sin siquiera tener la oportunidad de vivir, envueltos en una realidad que podría y debería cambiarse.

Las "cajitas blancas" que tanto nos dolieron en El Hierro han desaparecido gracias al progreso y la paz. Pero, ¿qué hay de las madres que luchan cada día por traer vida en países rodeados de muerte? Para ellas, esas "cajitas" ni siquiera existen, solo hay improvisación y un dolor que ninguna madre debería conocer. Es hora de que el mundo actúe para que todos los niños, en cualquier parte, tengan la oportunidad de vivir, de reír, de llorar, y de no ser olvidados bajo los escombros de la indiferencia.

En el camino de la historia: El Día de Reyes

Por Juan Jesús Ayala. 

Tres acontecimientos eran los más importantes en nuestra infancia los cuales para que llegaran y poder disfrutarlos, el tiempo se nos hacía eterno, como era  El día de Reyes, (con la víspera), la mudada del verano al Tamaduste y la  matanza del cochino la que llevaba un ritual que duraba desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche.

Por la noche del 5 de enero, víspera de Reyes, era un día donde la inquietud era dominante, hasta que llegaban. ¿Qué me dejarán? Y ¿por dónde entrarán? Había una leyenda que se verificaba cuando llegaba el oscurecer, que los camellos con los reyes de Oriente dentro de poco se acercarían  y entrarán por el zaguán. Y ¿tocarían las palmas de las manos? ¿Los veríamos, como descolgados, de los cuadros del Nuevo Testamento que estaban  en la pared de  la escuela de mi padre? Me decían mis padres y hermanas, al preguntarles, muerto de miedo ¿Cuándo vienen? ¡Ya queda poco para que vengan¡!Entretanto de vez en cuando mi padre bajaba hasta el zaguán acercándose a la puerta de la calle y subiendo la escalera diciendo: todavía no, pero están al caer. Uno verdaderamente en aquellos primeros días de la víspera de Reyes estaba como  si fuera en un  nirvana encantador, donde la imaginación volaba  y se disparaba,  porque así se sentía esa noche de misterio y de sorpresas.

 

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Y ya cuando el ánimo se nos puso enfebrecido y con cierto temor al oír que nos decían: ya  se oyen ruidos,  parece que ya están;  y una vez más que mi padre baja y llega del zaguán con un envoltorio en la mano, el recuerdo que tengo es que la respiración se entrecortaba, el miedo o el susto al imaginar aquellos personajes en camellos subiendo calle arriba camino de Tesine, se evaporó   ante la pequeña camioneta de cuerda de mis primeros Reyes, luego se sucedieron otros  con  una patineta, o un grupo de juego de bolas, o un caballo de cartón que estaba montado en una plataforma  de tabla sostenida por cuatro ruedas de lata, o un coche pulga que con la cuerda que le dábamos no tenía control en su dirección y había que estar al tanto para que no chocara con algún mueble o con uno mismo, o un balón de goma, o una perinola que la bailábamos dándole vueltas con los dedos y en cada una de sus caras hexagonales se leía al pararse el resultado de la apuesta.

Día de Reyes en la isla, en Valverde; día de esplendor en la infancia, siempre esperado donde la incertidumbre del regalo que nos traían los Reyes de Oriente nos tenía con la prisa  por de salir todos a las plazas para jugar a la del Cabildo,  a la de la Iglesia, de Santa Catalina o a la del Cabo donde las cornetas, las flautas y los tambores se oían por las esquinas con la alegría de aquella infancia sana, no acaparadora, porque tampoco se trataba de eso, pero todos los niños de Valverde desde El Cabo hasta Tesine y pasando por la Calle  estaban igual de contentos y entusiasmados;  desde los  4 años hasta los ocho, y aunque nos preguntaban ¿qué le pides a los Reyes? Muchas veces se satisfacía con la alegría y entusiasmo, ya que el impacto que hacía en la memoria era  perfectamente, imborrable para seguir, situándolo como una de las fechas más amables, más deseadas, pero siempre, siempre había conformidad con lo que los Reyes nos dejaban.

La crisis migratoria en El Hierro: una llamada de atención

Por Agustín Cirilo Gaspar Sánchez.

La crisis migratoria que vivimos en Canarias, y especialmente en El Hierro, nos está sobrepasando. Cada día llegan personas exhaustas, heridas y en situaciones límite, que necesitan atención urgente tras haber enfrentado unas condiciones inhumanas en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Mientras tanto, los profesionales de la isla, los voluntarios de iniciativas como "Corazón Naranja" y el personal de los CATE (Centros de Atención Temporal de Extranjeros) trabajan incansablemente para ofrecer apoyo, pero la realidad es que los recursos actuales son completamente insuficientes. ¡Es hora de actuar!

Un hospital de campaña en El Hierro no es un lujo; es una necesidad urgente y una solución práctica que puede salvar vidas. Esto no solo mejoraría la atención inmediata a quienes llegan después de cruzar el Atlántico, sino que también aliviaría la sobrecarga de los centros de salud y el hospital insular. Las instalaciones actuales no están diseñadas para manejar esta crisis humanitaria de tal magnitud, y cada minuto que pasa sin actuar pone en riesgo tanto a los migrantes como al personal sanitario.

No podemos seguir permitiendo que las administraciones se pasen la pelota de unas a otras, dejando en manos de los colectivos voluntarios y la sociedad civil una responsabilidad que compete a todos los niveles del gobierno. La gestión sanitaria y migratoria requiere coordinación, voluntad y soluciones reales, no discursos vacíos ni promesas incumplidas. Cada día de inacción cuesta vidas, y no podemos permitir que esta realidad continúe. Además de las medidas urgentes en salud y atención humanitaria, es fundamental abordar el problema desde una perspectiva estructural. Los migrantes que llegan a nuestras costas no son solo víctimas de una crisis humanitaria; también son personas con habilidades, sueños y el deseo de contribuir a la sociedad que los acoge. Es necesario agilizar los trámites para proporcionarles la documentación y permisos necesarios para trabajar legalmente. De esta manera, podrán integrarse plenamente y aportar a la economía local, en lugar de ser explotados por empresarios sin escrúpulos o quedar atrapados en una situación de vulnerabilidad perpetua debido a la falta de oportunidades formales.

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Es momento de tomar decisiones concretas y de trabajar juntos, con unanimidad, para resolver una crisis que no da tregua. Las administraciones públicas, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil deben unir esfuerzos para garantizar que ningún ser humano quede desatendido. Esto incluye reforzar las infraestructuras de atención, mejorar la coordinación entre diferentes instituciones y garantizar que los derechos humanos de los migrantes sean respetados en todo momento.

Agradezco y admiro profundamente a todos los voluntarios y profesionales que, día tras día, hacen lo imposible para devolver la esperanza a quienes lo han perdido casi todo. Desde los integrantes de protección civil como "Corazón Naranja" hasta el personal de Cruz Roja, el hospital insular y cualquier colectivo implicado, todos ellos son un ejemplo de solidaridad y humanidad. Ellos demuestran que, incluso frente a las adversidades más grandes, la humanidad siempre encuentra una manera de brillar. Pero su esfuerzo no es suficiente si no cuenta con el respaldo y el apoyo necesario de quienes tienen el poder de cambiar las cosas. No podemos permitir más excusas ni enfrentamientos entre administraciones. La crisis migratoria en El Hierro es una llamada de atención que no podemos ignorar. Ahora es el momento de actuar, de salvar vidas y de construir un futuro mejor para todos.

Crónicas pretéritas: Falleció en Merese D. Juan Gutiérrez, Juan el Nuestro.

Por Donacio Cejas Padrón (2005).

En semanas pasadas falleció en nuestro pueblo D. Juan Gutiérrez, a sus noventa y dos años, tan conocido como Juan El Nuestro. Pasará a la historia de Frontera seguramente este querido amigo como el bailarín que más tiempo permaneció bailando, lo recuerdo desde 1952 en La Nochebuena, y creo que desde entonces nunca falló a ninguna fiesta donde hubiera bailarines de Frontera, formó pareja con varios familiares, amigos y vecinos, siendo su último compañero D. Clorindo Padrón. Hace poco tiempo se vistió de bailarín con más de noventa años, y ahora desde La Altura eterna contemplará a sus hijos y nietos que han continuado su afición tan querida, quedan sus estampas, sus fotografías, y queda su ejemplo, nunca le olvidaremos, D. Juan.

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