Por: Armando Hernández Quintero

Los primeros días de octubre siempre han sido propicios para hacer un balance del rendimiento del sector agrícola en El Pinar. Tradicionalmente después de que se recogía la última camada de los higos pasados, se realizaba la vendimia y se agarraban las almendras, ahora hay que agregarle la recogida de las aceitunas, se ha podido tener una visión bastante objetiva de como fue el año, pues lo único que quedaba pendiente para cerrarlo era la cavada, para finales de diciembre, de las papas tempranas si es que llovía y se recogía algo.

Si se hace un análisis de la cosecha de los tres productos que históricamente han sido bandera de la comarca: los higos, las uvas y las almendras, el balance de este año no puede ser más desolador, La cosecha de higos ha sido bastante pobre tanto en cantidad como en calidad, si bien el sabor y el olor siguen siendo extraordinarios. Los famosos higos de flor han desaparecido y los de primera se consiguen muy poco, siendo la inmensa mayorías de segunda y de bestia, conocidos por ese nombre porque son los que se han usado para alimentar a los animales domésticos: perros, cochinos gallinas etc.

Con respecto a la viña el inventario no puede ser más deprimente, la cosecha de este año no llega ni al veinte por ciento de la del año pasado, que de paso fue bastante normalita. Si la zafra de la uva se analiza con objetividad, lo único que podría decirse de ella es que ha sido catastrófica. Un veterano viticultor decía, tratando de ser optimista que: “Si este año saco para pagar lo que costó el azufre, me doy con una piedra en los dientes.”. Esperamos que no pierda la esperanza y que tenga paciencia, para que rasguñe de donde sea y pueda pagar el azufre, pero por favor, que no pierda los dientes, y además le deseamos que siga conservando las ganas de trabajar, el optimismo y la ilusión, para ver si por fin este año llueve, pues pareciera que en el sur, ahora como antaño, solamente en los cielos está la solución para que tanto las viñas como las higueras puedan escapar de una muerte segura, y ello a pesar de la existencia, en otras zonas de la isla, de novedosos sistemas de riego, y de modernos empleos de la tecnología aplicada al agua, que usados debidamente solucionarían el problema para siempre.

Antaño cuando se presentaban las sequias, algo recurrente y terrible, la solución estaba en encomendarse a la virgen de Los Reyes y esperar su protección y bondad para que los cielos se abrieran y el agua empapara las secas y sedientas tierras piñeras.

La poesía popular recoge en un bello romance como en uno de aquellos años terribles el invierno avanzaba sin lluvias ni asomo de ellas, para desesperación de los pastores y de los pocos agricultores que había, que veían como las fuentes se secaban, sus reses morían de sed y la tierra no reventaba. Ante tamaño desastre, ellos decidieron salir en procesión, acompañados por San Antón, hacia el encuentro con la virgen de Los Reyes que también había sido sacado de su ermita. Los hombres iban en calzoncillos y los niños desnudos y con unos jarros en la mano rezando e implorando por el agua bienhechora. Al llegar al Morcillo sus ruegos fueron escuchados y el agua comenzó a caer, primero como una tenue garúa y después en forma de diluvio, y antes de que llegaran con las imágenes a la Villa los caminos y barrancos corrían como los nacidos nunca habían visto, llegando las aguas hasta el mar, al que tiñeron de color canelo. Decían los viejos piñeros que la lluvia fue tan grande que los barrancos del Julan convirtieron el mar de Las Calmas en un inmenso charco de color marrón.

Por suerte hoy día existen medios que han evitado que se llegue a esos extremos. La construcción de pozos y galerías, más la instalación de desaladoras y potabilizadoras, producen, elaboran y tratan el agua en cantidad más que suficiente para cubrir las necesidades insulares. Además se cuenta con la existencia del sistema eléctrico de La Gorona del Viento que produce toda la electricidad necesaria para que esas plantas y todo el sistema de distribución de agua, tanto potable como de riego, instalado y que se desee instalar, funcione con eficiencia. La suma de todos esos factores ha contribuido a cambiar el panorama, desterrando el eterno pesimismo y abriendo una puerta a la esperanza. De tal manera, que si en estos momentos el municipio de El Pinar es víctima de los ciclos y caprichos ambientales de la naturaleza, es porque no se le ha dedicado la atención necesaria, ni los recursos monetarios suficientes que hubieran hecho posible la instalación de una red de aguas para riego que abarcara toda la zona agrícola, desde el monte hasta el mar.

Con la planta desaladora de La Restinga, y, en caso de ser necesaria, la rehabilitación, ampliación y puesta de nuevo en funcionamiento de la galería de Ícota, habría agua más que suficiente para abastecer todas las necesidades, tanto humanas como de riego, de la zona sur de la isla.

Ante la gravedad de la situación del sector de la viticultura, debido a la prolongada sequía, el Cabildo Insular ha respondido favorablemente una petición de ayuda de la Comunidad de Regantes y la Asociación de Viticultores del Sur, AVITUR, y, de acuerdo con la petitoria, acordó subvencionar en un setenta y cinco por ciento, durante los meses que restan del año, el precio del agua de riego para ese sector.

Los piñeros esperan que las nuevas autoridades insulares, sensibilizadas por la magnitud del problema, tomen las medidas necesarias que permitan afrontar y solucionar de manera definitiva la escases de agua en la zona meridional, evitando que se repita otro año calamitoso como el actual. Ello podría lograrse acometiendo con urgencia la instalación de una red de distribución de aguas que cubra toda la zona agrícola, lo que permitiría a los agricultores planificar y llevar a cabo sus siembras, con la certeza de que sus esfuerzos no serán en vano. Esa seguridad se traducirá, sin duda alguna, en la ampliación de la superficie cultivada, con el consiguiente aumento de la producción, de la creación de puestos de trabajo, y de la riqueza y prosperidad de toda la isla.

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