El cuervo y El Hierro

Foto: Vicente Quilis.

Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

Sus más de cien parejas reproductoras hacen de El Hierro la isla con más densidad de cuervos (Corvus corax) del planeta; solo superada a escala global por una región continental (Snake River en Idaho, USA). Presente en casi todo el territorio, resultan llamativas sus concentraciones en La Dehesa, Nisdafe o Las Playas, en particular después del periodo reproductor. Al parecer, siempre abundó, como atestiguan naturalistas que visitaron El Hierro en el siglo XIX o, dato revelador, las primas que pagaba el Cabildo a principios del XVIII por cada ejemplar muerto. Los distintos censos realizados reflejan que la población de cuervos permanece estable desde hace al menos cuarenta años, como si estuviera en equilibrio con los recursos disponibles. Coyuntura que también experimentan otras grandes aves (aguililla, gavilán, halcón tagarote y alcaraván) de la isla. La pregunta surge inevitable, ¿por qué hay tantos cuervos en El Hierro? Pues porque abunda la comida y dispone de óptimos lugares de cría.

Para conocer mejor la biología del cuervo en El Hierro indagamos en la tesis doctoral elaborada por Manuel Nogales, eminente biólogo canario. En otros aspectos, estudió su dieta a lo largo del año. Omnívoro oportunista, el cuervo gestiona diferentes recursos en cada estación. Durante la primavera adopta hábitos carroñeros y cazadores, depredando conejos, roedores, huevos y pollos. Incluso levanta piedras, haciendo palanca con el robusto pico, sorprendiendo a los reptiles. En verano aprovecha la abundancia de insectos, en particular saltamontes y escarabajos. Analizando las bolas de comida regurgitada (egagrópilas) se constató que un ejemplar puede devorar al día 750 pequeños saltamontes o 120 grandes (zafiros). En Canarias, los cuervos ingieren gran cantidad de frutos a partir del otoño, naturalizados (higos e higos de pico) y silvestres, contribuyendo a la dispersión y siembra de sabinas, mocanes, hayas y tadaigos. Otras facetas de su conducta no contribuyen precisamente a su popularidad. Como golfillos, abren mochilas y talegas, deshaciendo nudos y abriendo cremalleras, para devorar los comestibles más sabrosos. Mientras, en la costa, hurtan los peces que el confiado pescador guarecía en el charco. En muchos lances actúan en pareja o agrupados, prestos a colaborar. Así, mientras un cuervo atrae la atención de la hembra de cernícalo, el otro saquea su nido. Cooperadores, inventores, con aptitud para resolver problemas y aprender unos de otros, nuestra gente de campo cuenta sobre ellos conductas alucinantes, como la estrategia de introducir piedras en recipientes con poca agua para que ascienda su nivel, remedando el principio de Arquímides.  

Locuaz, el cuervo domina un amplio repertorio de vocalizaciones que cohesionan su agitada vida social. Hay llamadas de reunión, saludo, alarma, aviso, cortejo, etc. Y tampoco tiene problemas en imitar sonidos del entorno, incluida el habla humana, aprendida por algunos ejemplares cautivos. Comunicación al servicio de la cooperación o…del engaño, como el caso del cuervo subordinado que desorienta a los dominantes sobre la ubicación de alimentos. La pareja permanece unida a lo largo del año y, en tanto no fallezca el cónyuge, durante toda la vida. Estos días de febrero, excitados por el celo, intensifican el acicalado mutuo y los roces de picos. Mientras, en el cielo, ejecutan piruetas, picados, giros sobre sí mismos o planeos en tándem, rozándose con la punta de las alas. Pero la relación no es tan idílica y, mientras el macho defiende el territorio, la hembra puede copular con otros ejemplares, enriqueciendo el acervo genético. Barrancos, cantiles marinos, conos volcánicos, árboles…, cualquier rincón discreto acoge el bien armado y voluminoso nido donde la hembra, alimentada por su compañero, incuba de tres a siete huevos. Con seis o siete semanas de vida vuelan los cuervines, que precisarán varios meses de aprendizaje en compañía de los padres. Emancipados, estos jóvenes, mezclados con adultos sin territorio, integran los bandos que deambulan por la isla.    

El cuervo, gigante de los paseriformes (pájaros cantores), atesora el cerebro más voluminoso entre las aves. Carismático, acompañó el devenir humano. Consagrado a Apolo en la antigua Grecia o creador de la vida para pueblos indígenas de Canadá y Alaska. En la mitología escandinava, dos cuervos, Hugin (el Pensamiento) y Munin (la Memoria), volaban cada día por el reino de Odín y al regresar se posaban sobre sus hombros, susurrándole las novedades. Con el desarrollo de las sociedades agrarias y ganaderas, el cuervo adquirió la condición de proscrito. Acusado de devorar frutos y hortalizas, robar huevos y polluelos y matar baifos y corderos, fue perseguido con saña utilizando trampas, venenos y armas de fuego, poniéndose precio a su cabeza en diferentes ordenanzas de los cabildos canarios. En El Hierro, hasta hace no tanto tiempo, una de las primeras tareas de los niños, con apenas cinco o seis años, consistía en vigilar y evitar, a pedradas, que los cuervos merodeasen cerca de cultivos y reses. Además, era tradicional recolectar cuervines de los nidos para comerlos asados acompañados de un buen mojo de pimienta. Desde entonces, las medidas de protección implantadas, en particular la prohibición del uso de venenos y la persecución de la caza ilegal, han propiciado la recuperación del cuervo en el archipiélago. Han cambiado los tiempos y hoy día en nuestra hospitalaria isla podemos estar orgullosos de haber creado un espacio de convivencia entre los humanos y la más inteligente de las aves.

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