Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
Términos que van ligados a pesar de que el nacionalismo por algunos es considerado como una propuesta teórica, sin más; mientras que para otros es un sentimiento o una ideología. Pero vamos a quedarnos con el de ideología dada su importancia en la gobernabilidad de innumerables países. Y a la memoria como una función del cerebro que nos permite almacenar y recuperar información del pasado.
Con la memoria se pierden muchas fuerzas que deben tenerse para que desde la cohesión se elabore una estructura social como es la nación. El futuro debe construirse desde la abstracción más categórica dejando atrás viejas rémoras que nos permita, siendo lo suficientemente sagaces, adelantarnos a los acontecimientos, saltar por encima de ellos y plantarse, en las secuencias rítmicas del tiempo en decisiones tomadas en pro de la búsqueda de la construcción nacional de un pueblo.
De ahí algunos interrogantes.
¿Será posible la construcción nacional inventando el futuro? ¿Con el propósito de dejar atrás las memorias sepultadas por el tiempo se podrá llegar al objetivo final del nacionalismo? ¿O desde esa posición lo que se conseguirá será perder el tiempo? ¿O tal vez sin los retazos históricos que nos acompañan, el futuro resultará descafeinado y desposeído de todo ropaje que dé calor a lo que se pretende construir, y que, además, esto sea posible?
Son preguntas que llevo haciéndome en el tiempo histórico de un nacionalista a la espera rota por la acción de una comunidad, de un territorio, camino de su construcción nacional donde su historia lleva siglos de sometimiento a las historias de otros, con mando y gobierno que han marcado el paso y las políticas a seguir.
Se ha llegado a trancas y barrancas visto los textos logrados por el nacionalismo, en este caso el canario, a demasiada teoría, pero insuficiente pragmatismo, donde se mezclan las ideologías de clase con la categoría territorial de nación. El pasado tiene que estar abierto a nuevas lecturas, para poder afrontar un futuro. El futuro aparece limpio, sin resquicios, sin memoria del ayer, ya que los pueblos amparándose en la vitalidad del presente y sin mecerse en la rémora de lo antiguo van hacia adelante.
En esta tesitura se descubrirán mundos y posibilidades para hacer algo diferente que no tiene nada que ver con lo que la historia nos puede o nos quiere hacer llegar. La memoria de la historia a veces ataja desenvolvimientos y su lectura sesgada acentúa la contradicción de una antítesis existente que no nos deja caminar.
De ahí que sea más consecuente y eficaz menos memoria y construir desde ahora y no desde ayer. El ayer crea quietismo y los mejores personajes somos todos para desde ya, empezar a escribir una historia distinta, reciente, donde el olvido haya empujado hacia los aledaños del tiempo perdido.
La historia lo ratifica, las naciones que caminan mirando hacia atrás se han perdido en su memoria, han desaparecido y los que pretenden construir su conciencia nacional desde el futuro mirando hacia el horizonte distante, pero con el paso seguro y teniendo bien claro qué meta se quiere alcanzar, lo han logrado.
Jürgen Habermas, Filósofo y Sociólogo, conocido por sus trabajos en Filosofía Política, nos alerta que nuestras condiciones de posibilidades iníciales “no implica una cárcel de la que no podamos salir”. Avanzar implica romper ataduras, dejar atrás violencias y presentir que por el camino del futuro que queremos fabricar más que por la memoria que nos acompaña, se llegará al objetivo a alcanzar, que refiriéndonos al nacionalismo , no puede ser otro que la construcción de la nación, y en nuestro caso la Nación Canaria.
La memoria, la historia, explica, pero estar meciéndonos en ella como un nirvana encantador sin dar un paso, como si esta fuera una constante, es un atavismo improductivo. Vascos y catalanes, por ejemplo, han escrito historias, pero han caminado no solo por el recuerdo, sino que han estimulado su acción convirtiéndose en sujeto histórico-político.
Un nacionalismo atomizado, sin una definición concreta y universal que no trascienda la isla, como el nacionalismo canario, se aleja de sí mismo.







