Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
La política, tanto en su estructura de conjunto como en las intimidades de sus concíbulos, la verdad, que anda sorteando los escándalos a la vez que se dan de mano con prepotencias establecidas, que seguirlas en sus andares no solo produce temor, sino a la vez un cierto desconcierto.
Por un lado, dentro de la política que cubre el espacio del Estado español, hay intentos de pactos de ciertos líderes que se titulan independentistas y de izquierdas, pertenecientes a una organización nacionalista, Esquerra Republicana de Cataluña, que aboga en sus documentos esenciales por la independencia de Cataluña. Sin embargo, a pesar de que es esa determinación política la que avalan sus respectivos líderes, este nuevo superman de la política, Gabriel Rufián, no tiene reparo alguno en promover una alianza con fuerzas españolistas y de izquierdas.
Asunto que arrastra el contrasentido político de un nacionalista que, ante la carencia, por lo que se oye, de honestidad ideológica, se confunde con el afán de notoriedad, saliéndose de las fronteras más allá del ridículo.
Que se hayan realizado ciertos pactos una vez, como así sucede, como factor determinante para formar un gobierno de alianzas y de izquierdas, como el actual del Estado español, se puede entender, ya que cada cual rasca lo que puede; así el independentismo va afianzando sus puntales para concluir, cuando sea, su proceso independentista y el Gobierno de Sánchez para ir capeando el temporal político que se cierne a su alrededor.
Pero ateniéndonos a lo que se barrunta y propone el nacionalista catalán, Rufián, la perplejidad es aquí la protagonista.
El nacionalismo, desde su propia concepción política-ideológica, lo que propone es tener consolidada no la conciencia de clase, si se es de izquierda, de derechas o de centro; lo fundamental y necesario como categoría política no es la clase, sino el territorio como categoría de nación.
Y una vez que la historia y los acontecimientos universales de un territorio concreto, vamos a seguir con el ejemplo de Cataluña, logren su propósito, ¿cuál es la conceptualización cuando las leyes indiquen una mayoría que ha decidido ir por ese camino, como nación, (aunque las leyes estatales y europeas lo hacen imposible) los vaivenes de la historia pudieran darle viabilidad a las clases sociales de ese territorio que según sus predicamentos virará hacia políticas progresistas o conservadoras. Pero no antes. Y menos con ese proyecto de juntar las izquierdas, una nacionalista como la del líder catalán y otras estatalistas como el resto. Pura contranatura política.
Aunque en un mundo globalizado los nacionalismos se apuntalan porque la globalización secuestra identidades y universos territoriales, teniendo en cuenta no solo la resolución de Naciones Unidas de 1960, que se hizo extensiva en 1966 en los pactos internacionales de Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Políticos suscritos en 1996, que entró en vigor en 1976 y fue ratificado por España en 1977, en su artículo 1 remarca que todos los pueblos tienen derecho a su autodeterminación.
Dicho todo esto, las decisiones que se tomen en Naciones Unidas quedarían como agua de borrajas cuando a este organismo poco o nada se le hace caso, ya que lo que brillará con luz propia será la “Junta de la paz mundial”, que domina y controla no ya un grupo de naciones, sino el gobierno de los EEUU al frente de su presidente. Si hay que asfixiar a Cuba para lograr su rendición y fracaso como país, o apuntalar el Sahara Occidental como territorio autónomo marroquí, se promueve, se hace el esquema de un pariré. Y todo lo anterior de nada vale.
Así que la política arrastrada o encumbrada por políticos “arriesgados” y los grandes poderes económicos es la que marca el paso, dando la sensación de que los programas, propuestas y futuras alianzas de andar por casa tienden a caer en el vacío convertidas en puras burbujas que apenas aflorarán a la superficie
Y lo peor es que se pregona en esas instancias donde se mueve el nuevo desorden mundial que hasta la dictadura se puede considerar como necesaria; y si el valor del voto queda como inservible y lo que domina es la fuerza, cargada de bombas, de misiles, invasión a países que se consideran enemigos, a los que les indicarán la ruta a seguir según convenga, estrangulando no solo el presente, sino su futuro, por lo que habrá que amarrarse, pero que muy bien, los machos ante lo que se avecina.







