Insectos que anuncian lluvias

Foto: Juan Manuel Martínez Carmona - Pezoña (Ocypus olens).

Por Juan Manuel Martínez Carmona *.

Fieles a su cita anunciando lluvias otoñales, los pasados 14 y 15 de noviembre irrumpieron los firanques (Pachydema obscurella) en el sur de El Hierro. Asombroso espectáculo natural,  cientos de escarabajos surgen de pronto, justo antes del ocaso solar, revoloteando a baja altura acompañada de suaves rumores. Al instante, aparecen acopladas múltiples parejas o, en pleno frenesí reproductor, enjambran en orgiásticas melés. En una isla con históricas carencias de agua, este comportamiento no pasó desapercibido. Nuestros sabios populares, los legendarios “perlos”, predecían el tiempo atmosférico, fundamentando su diagnóstico en la observación de las cabañuelas, los vientos y…las “explosiones” de firanques, que barruntan lluvia con días de antelación. Algunos perlos, incluso, examinando el vuelo de los escarabajos, pronosticaban, si deambulaban a más altura de lo normal, más viento que precipitaciones. De poco más de un centímetro de longitud y algo rechonchos, su denominación herreña alude al color “firanque” (voz autóctona), entre gris oscuro y canelo. Insecto incorporado a la tradición popular de Canarias, tiene otros nombres: rebajones, en Tenerife, y, no podía faltar, la socarronería palmera, bombones de agua en la isla bonita. Eso sí, igual que aparecen, desaparecen repentinamente, tras cumplir con el compromiso reproductor y depositar los huevos bajo tierra. Allí, ocultas en el sustrato, las larvas completan su desarrollo a la espera de la próxima estación de lluvias.      

Cuando el monte desprende, por fin, aliento húmedo con las primeras lluvias; la pezoña (Ocypus olens), arrebatada por el instinto reproductor, abandona la seguridad de sus refugios diurnos bajo piedras, troncos y cúmulos de hojas. Entonces tendremos la oportunidad de observar a plena luz a este formidable salteador de la noche, depredador de babosas, arañas, cochinillas, polillas, etc., que acaban atenazados entre sus poderosas mandíbulas. Agresivos, atacan a lombrices que les superan en tamaño. Característico representante de la familia de los estafilínidos (escarabajos errantes), este escarabajo de cuerpo alargado tiene los élitros (alas anteriores endurecidas) acortados, dejando descubierto el abdomen, que suele replegar, como un escorpión con su cola, ante potenciales amenazas, como puede ser la presencia humana. Acompañan al despliegue guerrero sus mandíbulas abiertas y la exhibición de dos glándulas blanquecinas en el extremo del cuerpo, repletas de sustancias fétidas. Evidentemente, las personas, ante el desafiante alarde, evitan molestar a la pezoña, por si acaso, atribuyéndole fantásticos poderes, como ser venenosa. Incluso, en Inglaterra, durante la Edad Media, fue asociada con el diablo. Pero todo responde a una fanfarronada y, en el peor de los casos, a lo más que llega es a morder y emitir líquidos malolientes. 

Grande, robusta, inconfundible por su abdomen desnudo; la naipa (Meloe tuccia) deambula lenta en los campos de medianías durante los frescos días invernales, engullendo materia vegetal. Las diferentes denominaciones acreditan su popularidad en el mundo rural: aceitera, carraleja, fraile, etc., nombres que aluden tanto a su aspecto como a la respuesta defensiva del insecto al emitir gotas aceitosas de hemolinfa en sus articulaciones (patas, cuello, antenas), también secretadas por el macho como ofrenda copulatoria. Este fluido naranja, rico en cantaridina, produce eccemas y destrucción de tejidos. Bebida, la cantaridina fue empleada por el humano como un potente afrodisiaco que estimula la erección del pene, acompañada, eso sí, de irritaciones en el aparato urinario. Se cuenta al respecto, que los huevos de unas gallinas alimentadas con naipas por un vecino de El Mocanal eran los más buscados del pueblo. La larva, tras eclosionar del huevo, trepa hasta una flor, donde espera la llegada de una abeja o avispa. Entonces, aprovechando la visita, se aferrará al cuerpo, dejándose llevar hasta el nido. Allí, confortablemente instalada, consumirá tanto los huevos como las reservas de miel y polen. En general, las naipas parasitan especies no coloniales de abejas y avispas. No obstante, en el caso de la abeja doméstica, este escarabajo puede ocasionar daños en las colmenas, convertidas en trampas mortales de donde no podrá salir.

*Juan Manuel Martínez Carmona, Biólogo. 

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