Psicopatología de Donald Trump

Foto de archivo.

Por Luciano Eutimio Armas Morales.

Lo de Trump parece un monotema, pero es que cada día se supera. El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ha dicho hoy, (14.01.2026), que “Estados Unidos debe poseer Groenlandia, y cualquier solución que implique que la isla no quede en nuestro poder, es inaceptable”.

En Estados Unidos existe una norma a la que llaman “Regla Goldwater”, aprobada en 1964, por la que se impide que cualquier psiquiatra ofrezca un diagnóstico sobre una figura pública sin haberle examinado personalmente. No obstante, cientos de expertos de este país sintieron que “su deber de advertir” era más importante que esa norma, y un grupo de ellos publicaron un libro, “The Dangerous Case of Donald Trump”, en el que le diagnosticaban un TPN, (Trastorno de personalidad narcisista), que implica un comportamiento antisocial, sádico y con rasgos paranoicos.

Tiene Trump una obsesión por ser el más grande, tener el mayor éxito de la historia y creerse lo mejor en todo, al tiempo de mantener una necesidad de ser admirado, y una falta total de empatía. También se le atribuye falta de remordimiento, manipulación constante y desprecio por las normas o leyes. Pero estos rasgos de personalidad los posee el hombre más poderoso del mundo, que tiene en sus manos un arsenal nuclear con el cual podría extinguir a toda humanidad.

Dice que quiere apoderarse de Groenlandia para garantizar la seguridad de los Estados Unidos, como actuó en Venezuela para controlar su petróleo, y como ha amenazado a México y a Canadá… ¿Cuál puede ser su límite?

Un presidente, cuya biografía está llena de escándalos y casos de corrupción, al que un jurado le ha declarado culpable de 34 casos de felonía; de falsificación de cuentas, por la que tuvo que pagar 450 millones de dólares; de obstrucción a la justica; de conspiración para defraudar; de asociación delictiva, y de otros, cuyos casos han sido cerrados tras acceder a la presidencia.

No resulta menos ilustrativo de su personalidad, su comportamiento en privado con mujeres, o su relación con Jeffrey Epstein, con el que se comprobó que voló al menos siete veces en el “Lolita Express”, el jet privado de Epstein, en que llevaba a sus amigos para las orgías en su isla privada. O el desprecio por su primera esposa, Ivana Trump, de la que dijo al divorciarse que no sentía atracción por ella después de que pasó por el embarazo y parto de sus hijos, ya que las mujeres “tienen además fecha de caducidad a los 35 años”.

El poder de los Estados Unidos, no puede ser contrarrestado ahora mismo por ninguna potencia. A China le faltarían unos cuantos años, si sigue ese ritmo, Rusia es un país debilitado, y quien único podría hacerle contrapeso es una Europa Unida, como decía De Gaulle, desde el Atlántico a los Urales. Pero para eso sería necesario que desapareciera Putin, y que Rusia se democratizara y entrara en la Unión Europea. Pero eso, de momento, no parece que vaya a ocurrir. 

Según encuestas realizadas a finales de 2025, el 49,% de los ciudadanos de EE.UU. creen que Trump está sufriendo algún tipo deterioro cognitivo, y el 63.% cree que la salud y la edad de Trump le afectan negativamente para gobernar. Mientras tanto, estaremos pendiente cada día de sus ocurrencias, que, dicho sea de paso, siempre van en favor de las grandes multinacionales americanas.

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