Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
La idea del nacimiento de algo nuevo se basa en la destrucción de lo anteriormente existente, de su caducidad, cuál ave Fénix que se consumiría en sus cenizas desde las que surgiría una nueva ave que a su vez repetiría el ciclo.
Y en esa tesitura estamos, hay que cargarse el modelo de sociedad actual, con leyes, con guerras, pero no con la temeridad de entonces, sino como un futuro más creativo y halagador, haciendo actual la sentencia de Goethe. “Y la telaraña, ¿será eterna? Si la doncella no la destruye, la misma araña la rasgará”.
En el ámbito de la política hemos pasado casi de manera imperceptible del concepto y búsqueda del Estado-nación, como ruta de desarrollo de los pueblos al Estado sumiso de otro Estado; con lo cual se transitaría por la senda de una destrucción creativa que tendería en abarcar la idea que asumiera el universalismo preconizado por Trump, aunque su imperialismo desbocado suena como una gran y peligrosa contradicción.
No cabe duda que cuando se oyen estas propuestas por Estados poderosos que ni siquiera sus máximas instituciones se han pronunciado ante el poder omnímodo de sus más altos mandatarios, a lo más que se puede lograr con esta destrucción creativa es a todo lo contrario.
Una sociedad maniatada, a la que se le dice, que estando calladitos es el mejor proceder donde la respuesta a los descalabros que han llevado a la destrucción no es precisamente a la creatividad sino al sometimiento, arrumbándose al espacio de la mentira, del oprobio y miedo donde las esquinas se hacen pocas por donde mirar cuál es la del enemigo, la del máximo dictador que nos dice que todo será estupendo, que si se consigue trozo a trozo gran parte del planeta, estaremos más protegidos y felices.
Pronunciamientos que hacen y se destacan por no ser consecuentes con sus deseos sino que desde el pódium de su buena y gratificante vida, desde mullidos sillones donde contemplan el plan esquizoide de la destrucción creativa que tanto les enamora se quedan alelados, sublimados como seres superiores a los que les acompaña una innovación científica imparable, que controlarán hasta el infinito.
La innovación entendida como avance creativo en aspectos desde las ciencias, incluido las ciencias sociales hasta la psiquiatría, se puede entender que hay nuevos avances tecnológicos que ponen al mundo a sus pies. Pero si hacemos caso a los viejos economistas, ¡cuidado!
Porque ese capitalismo desaforado y arancelario irá atenuando su proceso, no debido a que llegue el momento de la ineficacia y borrachera de sus métodos basados en la inteligencia artificial sino por la deserción de sus intelectuales metodológicos, que de manera inesperada y por “decencia creativa” motivada por la excesiva intervención de ese Estado universal actuarán como piedra de toque de la recuperación del ser humano desde la posición de la neutralidad científica.
Cuando el imperialismo se desboca y se envalentona, paradójicamente lo que pudiera lograr por su acumulación de capital y superproducción que no sale a un mermado mercado, rompería el orden mundial y llegará a una inusitada velocidad al del pasado, al del inicio del ciclo que devorará, apareciendo actitudes que confrontaran entre sí, los fuertes con los débiles que destrozará en mil pedazos esa creatividad que pasara del ensueño a al desastre total.
Y ahí sí que la historia, el eterno retorno se iniciará de nuevo y de sus cenizas se erigirá un nuevo orden que navegará como la barca de Caronte, hijo de la oscuridad y la noche en el mar de la incertidumbre e ignorancia.
Esperamos no llegar a estas situaciones y que la cordura y la prudencia entren en juego en el complicado tablero donde se mueven los que se creen tienen poder para hacer lo que les venga en gana.







