Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
La cuestión del federalismo en Europa está en ciernes: pactos que se negocian, directivas que se aplican en diferentes proyectos; y en el Estado español, determinados territorios caminan por la senda federal y otros, Canarias, superando la diferencia para fortalecer la unidad, sin ser escuchada, ausente ante federalismos que asoman su asimetría. Mientras el archipiélago se repliega sobre sí mismo en resoluciones machaconas y cansinas, desde el desarrollo de una ley de costas que debe ser diferente hasta aeropuertos gestionados por AENA, donde las palabras de gestores sobredimensionados y con el dinero de todos continúan mirando a Canarias como un territorio menesteroso que vive de las sobras y ocurrencias ajenas.
Esta tendencia federal que sigue operando en el imaginario de la clase política y dirigente europea continúa aún sin marcarse un tiempo que dé término a la Convención y dé inicio a la futura Constitución federal europea.
Para Canarias sería la piedra de toque ante las dificultades que se están teniendo, por ejemplo, en resolver las cuestiones migratorias, que viven cuestiones que nos afectan sobre cuestiones de tipo exterior, por ejemplo, la política a desarrollar por Marruecos en el Sahara Occidental, sobre las que no se tiene opción no solo de discutir, sino a expensas de que algún interlocutor del gobierno del Estado, como siempre, nos diga lo primero que se le ocurre, ajeno, muy ajeno a lo tratado y acordado.
Sería interesante que, por la alta política refrendada por las distintas organizaciones, desde las políticas hasta las económicas, se construyera e instaurase la idea federal.
Hay que desempolvarse de un nacionalismo ya posnacional que mire más allá de un ombliguismo cicatero para lo que pueda acontecer (hay tantos interrogantes que resolver) y no nos coja con el paso cambiado.
Y es que el federalismo está capacitado para no solo dar opciones y fortalecer el autogobierno en toda su amplitud, sino para abrir vías flexibles de acomodación a la plurinacionalidad.
Habrá, pues, que tener bien clara la concepción del Estado español y todavía se está a tiempo si hay coraje político, como un Estado plurinacional, donde la idea del federalismo tiene que cundir e irradiar desde Canarias como territorio altamente comprometido hasta el Estado español y desde ahí a Europa como un conjunto de estados confederales.
Esto no es una idea caprichosa, ante la situación mundial comprometida donde hay territorios que se han extinguido y otros en vías de estar en las antípodas, alejados de sus valores y cultura y a expensas de que los poderosos del mundo hagan con ellos lo que les plazca; de ahí, si no abandonamos el conformismo encandilante y nos sitúan en el tablero político norteafricano, hay asuntos para preocupar, como las aguas, las medianas, las plataformas continentales, la competencia feroz de Marruecos, desde el aumento de su poderío militar hasta su alta penetración competitiva en el mundo del turismo que para nosotros es la joya de la corona.
Estamos en un capítulo de la historia donde tendremos que avanzar en el federalismo y tenerlo como meta perentoria. Si no fuera así nos esperan situaciones confusas, dilatadas en el tiempo, que merman nuestras oportunidades como pueblo diferente con capacidad de una concordia mundial junto a los países que no avanzan por sí solos, sino que seguiremos a expensas de los dictados de los de siempre, camino del retroceso, cuando no de un estatismo degradante.







