Por Donacio Cejas Padrón.
En días pasados visitó España el sumo pontífice León XIV, y por primera vez en la historia de nuestras islas, esa visita se extendió hasta las islas de Gran Canaria y Tenerife, teniendo como motivo principal de su visita dar un aliento a las autoridades canarias y expresarle su reconocimiento por su labor respecto del grave problema de la inmigración ilegal que estamos soportando en nuestro archipiélago.
Su visita empezó por Madrid, donde, entre varias actividades, tuvo la oportunidad de dirigirse en El Congreso de los Diputados a los legisladores españoles, a los cuales felicitó por tantas buenas leyes que allí se aprueban, pero también les dio un toque de atención sobre algunas que allí se han aprobado o están en trámite parlamentario, especialmente las que se refieren al aborto y la eutanasia, que a su juicio no cumplen debidamente con el respeto a la vida del ser humano, tanto la de los no nacidos como la de los enfermos en últimos instantes de su vida.
Hizo una seria advertencia a la sociedad actual respecto al problema de la inmigración ilegal que azota nuestras costas, invocando severamente la falta de solidaridad de algunos sectores de la misma, que van dando como normal la cantidad de seres humanos que casi constantemente pierden la vida en el mar intentando buscar en otras tierras lo que en sus países de origen no logran encontrar, que no es otra cosa que una vida digna para ellos y sus familias.
Hizo un severo correctivo moral a quienes se olvidan de que la vida para todos los seres humanos debiera ser igual para todos, y se pregunta el Pontífice el tipo de sociedad que estamos construyendo, despojada en muchas facetas de sentimientos de solidaridad y comprensión para los más desfavorecidos.
En Canarias, entre sus variadas actividades, centró su atención en los inmigrantes, visitando instalaciones donde están alojados y compartiendo con algunos de ellos experiencias y anécdotas de su duro tránsito por el inmenso mar, que con frecuencia se cobra la vida de bastantes de ellos.
Las autoridades españolas y canarias, es decir, España como país, han dado un ejemplo con su capacidad de organización, con su tenencia de medios logísticos en general, para poder dar respuesta adecuada a eventos de tanta envergadura y dimensión como el que acabamos de vivir en España y en nuestras Islas, coordinando perfectamente todo el aparato administrativo y social para que todo resultara un gran éxito, como así ha sido considerado por todos los entendidos de protocolo y logistica.
En el plano religioso, en las dos capitales canarias se celebraron actos multitudinarios, y con el detalle añadido de que tanto La Virgen de Candelaria como La Virgen del Pino, además del Cristo Crucificado de Telde, fueron desplazados desde sus habituales lugares de culto y trasladados a las dos capitales canarias, donde se les ubicó en lugares estratégicos, en los lugares donde se celebraron las mayores concentraciones de fieles. Desde las islas periféricas de La Palma, La Gomera y El Hierro, por iniciativa de los párrocos de las mismas, se coordinaron desplazamientos organizados en transporte público, con lo cual se logró que bastantes habitantes de esas islas pudieran estar presentes en los actos religiosos programados en ambas capitales.
Anecdótico resultó el percance técnico del avión que llevaría al Santo Padre desde Tenerife hasta Roma, que obligó a modificar el regreso, el cual realizó en un avión militar ofrecido por nuestro rey; cosas de la vida.
La visita del Papa Pontífice dejó en Canarias una estela de sublimes recuerdos, y marcará un hito en la historia de nuestro archipiélago, además de que, desde el punto de vista religioso, pareciera que hubo un acercamiento muy importante entre la sociedad canaria y la Iglesia Diocesana. Quiera Dios que así sea de ahora en adelante.







