Por Francisco Armas Sánchez.
Hay proyectos públicos que se explican por lo que logran. Otros, en cambio, retratan todo lo que falla en la Administración, la historia del CEIP de Valverde, en cuyas aulas miles de herreños crecimos a lo largo de nuestra infancia, es uno de ellos.
La semana pasada salió en los medios una noticia que, en realidad, llevaba tiempo sabiéndose, el Gobierno de Canarias descartaba el nuevo colegio para ampliar y reformar el actual. Echando la mirada atrás, parece mentira que quienes nacieron cuando se empezaba a discutir sobre el emplazamiento del nuevo colegio, allá por el año 2010, están a punto de entrar en bachillerato. Mientras ellos aprendían a leer, a sumar y a pensar por sí mismos, los “responsables” de garantizar su educación ni siquiera fueron capaces de elegir una ubicación y mantener su decisión.
El alumnado avanzó curso a curso, el proyecto retrocedió despacho a despacho. De La Hoya del Juez al edificio de Bachillerato del IES Garoé, después a San Juan y, finalmente, al mismo punto de partida. Para cuando el nuevo centro abra sus puertas, muchos de aquellos jóvenes ya habrán terminado la universidad y se habrán hecho adultos. Ese es el tamaño del fracaso, la burocracia, capitaneada por la mala política, habrá dejado pasar una generación entera.
La historia comenzó hace dieciséis años en La Hoya del Juez. La Consejería de Educación pidió terrenos y el Ayuntamiento adquirió cerca de 16.000 metros cuadrados a lo largo de dos legislaturas. En 2018, Fernando Clavijo planteó derribar el edificio de Bachillerato del IES Garoé y construir allí el colegio. Tres años después, el Pleno municipal escuchó a las familias y a la comunidad educativa alcanzó un consenso en torno a San Juan. La propuesta contó con el respaldo del PSOE, AHI, NC y la AMPA. Carlos Brito era entonces teniente de alcalde. Por una vez, Valverde había conseguido algo tan difícil como necesario, ponerse de acuerdo.
El proyecto de San Juan no nació como un capricho, sino como una necesidad. El edificio de Bachillerato supera el medio siglo, el de la ESO también presenta deficiencias, y el colegio actual, construido en 1975, arrastra problemas estructurales, de espacio, de accesibilidad y de crecimiento. La nueva zona educativa pretendía corregir esas carencias y unir los tres centros en un proyecto común, con instalaciones compartidas y capacidad para transformar realmente la educación herreña. Un proyecto de futuro para la capital de nuestra isla.
Si estos días pasas por delante del colegio, verás obreros trabajando. La imagen puede hacerte pensar que, por fin, van a comenzar las obras del nuevo centro. No te dejes llevar por la emoción, las apariencias engañan. No se está ejecutando la ampliación, sino retomando las obras del acceso principal, adjudicadas en 2021 y paralizadas pocos meses después. Por ello, antes de pedirnos que creamos en una gran obra de ocho millones, la Consejería debería demostrar que es capaz de terminar una actuación mucho menor, adjudicada hace cinco años.
Se ha aceptado la salida más cómoda para el Gobierno de Canarias y la menos esperanzadora para El Hierro. Nuestro alcalde ha preferido justificar ante Valverde la decisión de la Consejería en lugar de defender ante la Consejería las necesidades de Valverde. Y ahí es donde debe medirse a quien gobierna, no por las reuniones cordiales ni por las fotografías con sus aliados, sino por su capacidad para defender y exigir lo que su pueblo necesita.
También nos corresponde mirarnos al espejo. El PSOE no consiguió comenzar el proyecto durante su etapa de gobierno y asumimos nuestra responsabilidad. La propuesta era compleja, pero también ilusionante. Antes de construir la Ciudad Educativa, había que trasladar la zona deportiva de San Juan a La Hoya del Juez, una operación que exigía coordinación entre instituciones, financiación y más de una legislatura, el camino no quedó terminado, pero sí trazado. El Ayuntamiento, el AMPA y las administraciones implicadas respaldaron una hoja de ruta que debía continuar en la siguiente legislatura, tristemente, los nuevos gobiernos municipal y autonómico decidieron volver a la casilla de salida.
Por ello, ante el riesgo que conllevaba que el alumnado actual tuviera que pasar todavía más años en un centro deteriorado mientras las administraciones seguían discutiendo, apoyamos la cesión de las parcelas anexas al CEIP, sabiendo que servirían para ampliarlo. Lo hicimos porque las familias llevaban demasiados años esperando y no era responsable bloquear una mejora inmediata. Pero arreglar una urgencia no convierte un parche en el proyecto que Valverde necesita. Hemos pasado de soñar con un centro capaz de integrar etapas, servicios y espacios deportivos a invertir en un edificio de 1975, con accesos difíciles y poco margen para crecer.
La Ciudad Deportiva y la Ciudad Educativa eran iniciativas ambiciosas, concebidas como verdaderos proyectos transformadores para el disfrute de toda la sociedad herreña. La pregunta es sencilla, ¿por qué deberíamos rebajar siempre nuestras aspiraciones? Merecemos vivir en una tierra con futuro, no en una isla acostumbrada a renunciar a él.








