Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
Los viejos demonios de vez en cuando asoman los rejos de una historia enrevesada, complicada y llena de argumentos contradictorios. Y uno de ellos es la estampida de España del Sáhara, dejando en la más vergonzante desprotección un territorio que administró durante 100 años. Lo que puede servirnos de un mal ejemplo de lo que pudiera acontecer en un tiempo, por lo que se ve, no muy lejano, con Ceuta y Melilla y con la incertidumbre, algo más lejana, con Canarias.
El 14 de diciembre de 1975 se firma en Madrid el Acuerdo Tripartito entre España, Marruecos y Mauritania, con el cual se ponía fin a la presencia colonial española en el Sáhara, permitiendo la entrega y reparto del territorio, a la vez que se agredía y expulsaba de su tierra al pueblo saharaui, condenándolo al exilio y a la invasión y ocupación militar extranjera.
España entrega la administración del Sahara a Marruecos y a Mauritania, donde esta última cede totalmente al rey alauita que propicia la venta del 75% del capital Fos Bucraa,SA a la compañía estatal de fosfatos marroquí ; más la serie de ventajas para Marruecos como la pesca que acabó de hundir a la flota canaria que faenaba en el banco canario-sahariano Eso si, además , de las garantías que Marruecos dió a España para que tuviera cierta tranquilidad sobre la integración a su territorio de Ceuta y Melilla.
Con todo esto la conclusión del Tribunal de La Haya del 16 de Octubre de 1975 reconocía como resolución final, que no habían encontrado vínculos legales entre el territorio del Sáhara Occidental con Marruecos que pudiera afectar el derecho a ejercer la autodeterminación proclamada por el pueblo saharaui y refrendada por la ONU cuya Asamblea de Descolonización considera al Sáhara Occidental como un territorio a descolonizar que espera como un pueblo apátrida en los campamentos de Tinduf, cerca de una franja territorial tras el muro de la vergüenza de 3000 kilómetros que los separa de la República Árabe Saharaui Democrática.
Y en esas están, con una guerra encubierta con el Frente Polisario donde últimamente, tras un ataque marroquí con drones, causó la muerte de tres altos jefes militares, entre ellos Lehbid Mohamed Abdelaziz, hijo del líder histórico Mohamed Abdelaziz.
Lo que nos hace construir un paralelismo con lo que acontece en Ceuta donde su población grita por su libertad y volver a su cotidianidad ya que el gobierno español mira para otro lado como si lo que allí ocurre estuviera fuera de la más lacerante de la realidad, como si fuera un mal sueño , donde el dolor y la angustia se tradujera en la espera de una política gubernamental que tras pretextos y falsas promesas, repite una y otra vez que todo se arreglará ya, que las informaciones que circulan son políticas y altamente interesadas.
Pero la duda manda y pudiera ser que el gobierno esté ante una política entreguista, subsumida por compromisos que atenazan y que prácticamente se encuentra en estampida, comprometiendo su política exterior como si lo acontecido estuviera fuera de lo ocurrido, como si el dolor y angustia de un pueblo no significaran nada, agobiado por la espera y por los retoques de última hora.
España, cuando abandonó el Sáhara, se dijo que su defensa no merecía una sola gota de sangre, y en esto quizás tuvo razón, pero la historia traiciona las voluntades y no perdona porque la memoria circula por las páginas de los acontecimientos y, aunque sean mal contadas, la crudeza de los hechos hace resaltar la verdad. Y la verdad, un pueblo, por mucha confusión que lo rodea, terminará mandando sobre unos acontecimientos enrevesados, intencionados, en los que se está jugando con ellos como si fueran polichinelas movidos por no se sabe qué intereses personales-políticos.
De momento, otro ministro marroquí. Nizar BaraK reclama Ceuta y, tras las quejas de Sánchez, insiste: “No retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional”, amenazó este dirigente en un mitin del partido Iztiqlal, donde es secretario general.
O sea, lo que quiere decir que el lío, la confusión, los dimes y diretes están servidos mientras el pueblo ceutí, en una interminable espera, no sale de su asombro.








