A mi abuelo, que fue exiliado

Foto: José Francisco Armas.

Por José Francisco Armas.

Querido y recordado abuelo Pancho: 

¿Cómo podrías imaginar que tus nietos heredaríamos tu triste maldición de persona perseguida por el fascismo, por pensar diferente, por creer diferente, por sentir diferente? ¿Cómo podrías suponer, tú que moriste desterrado, que hoy tus nietos podamos venir, por fin, a la tierra que te vio nacer como españoles, pero que no somos igual al vecino de tu vieja casa, cuyo abuelo te denunció porque te oyó cantar aquella canción que tú recitabas cada 14 de abril?:

“España, España, tu valentía,

La monarquía la destruyó…”

España, España, tu vieja historia

Tiene otra gloria, por tu valor. 

¿Cómo podrías pensar que a tus nietos, españoles, se les privaría del genuino derecho de votar, de opinar, de elegir?, exactamente las mismas proclamas por las que tuviste que huir. ¿Cómo podría pensar que la justicia española confirmara la maldad? ¿La causa? Ser tu nieto, ser nieto de exiliado. ¡Cuánta estupidez y maldad!

Querido abuelo, leo crónicas sobre la decisión del Tribunal Supremo de tu querida y añorada España, de mi España, de la que me contabas con orgullo su transición modélica (o no tanto), solidaria, de paz. La que acoge al semejante, como te recibieron a ti y a miles de compatriotas en los años de la persecución y del hambre países como México lindo y querido, como Venezuela adorada, como la Argentina tanguera; esa España que mira al mundo, pionera en derechos sociales, y me asustan porque siento que hoy muchos pretenden que vuelva la vieja España, aquella “tirante y seca, diurno tambor del sol opaco” (si la mayoría de los españoles/as no lo remedian).

Dicen los voceros que nuestro alto tribunal de justicia, sin rubor, con la más brillante displicencia, acordó que unos españoles no podamos votar; casi un poco más nos dejan sin respirar, y lo explican argumentando que los ilustrísimos togados han aceptado la tesis de las derechas, y yo digo: ¿no será, querido abuelo, que son tesis propias? ¿No será, querido abuelo, que siguen pensando igual que aquellos pertenecientes a la época ignominiosa de la que tú tanto hablabas para que no se repitiera? Si vieras las opiniones “publicadas en prensa” del ponente del dislate jurídico, mientras saborea un cava bien emperifollado, no tendrías duda.

El problema no es, querido abuelo, el voto; el argumento es falso. La constante histórica de los procesos electorales demuestra que su incidencia en unas elecciones generales es nula. El problema es el apellido, el problema es que todavía odian a los que salieron huyendo de la candela como tú, el problema es “ser nieto de exiliado”, el problema es el concepto; mi problema es ser tu nieto. ¿Podrías imaginar tú, que hablabas con orgullo del perdón entre españoles como el gran paso histórico del 78, este tremendo desatino?

Te diré que, afortunadamente, no les ha causado sorpresa la Ley 12/2015 de 24 de junio que facilita la nacionalidad española a los judíos sefarditas descendientes de los expulsados en 1492 por los Reyes Católicos, fíjate si ha llovido, por la cual se han concedido la nacionalidad a unos 72.000 descendientes de aquellos judíos, y mira que ha habido literatura sobre la forma de conseguirla (se resolvía con 7000 dólares). Sobre esto no han faltado denuncias de fraudes masivos en algunos consulados ni batallas legales que han llegado también al Tribunal Supremo, y no se les ha ocurrido a los señores de las puñetas pedir que demostraran el vínculo histórico. ¿Será que estos, que fue por una ley del PP, no molestan, tal vez porque no son sospechosos de ser un voto propio?

Tampoco se dice nada de los nacionalizados por la Golden Visa (Ley 14/2013 de 27 de noviembre), aprobada también por gobierno del PP, por la cual, para “ser español y mucho español”, solo necesitas una nimiedad, poca cosa: dos millones de euros en títulos de deuda pública española o comprarte un chalecito (no tanto como el de Ayuso) por medio millón de euros en un barrio rico de Madrid.

Estos tampoco molestan ni alteran resultados. En estos ni en los otros, el más grande de los tribunales no ve” un peligro fundado, real y serio” de afectar a la “objetividad” de las elecciones futuras. ¡Tiene tela! Hay que garantizar, como sea, que el que no es presidente porque no quiere, quiera. Como ves, objetividad pura. Todos estos votarán, faltaría más, y que así sea. En cambio, los desheredados de la tierra, los nietos del exilio, no pasarán.

En fin, añorado abuelo, este mundo que me dejaste muestra verdaderos síntomas de locura; seguramente entre los 400.000 españoles suspendidos su derecho a voto, no estarán los muy educados que coreaban en una fiesta merenguera insultos al presidente del gobierno como vivo ejemplo de democracia y libertad, y a mí, tu nieto, me vetan porque te exiliaste para no morir fusilado. Así estamos, querido abuelo, un “non natus” en el derecho a voto.

Me despido para no hacerte sufrir, porque sé que sufres. Te diré que la discusión sigue entre jueces, entre jueces y juristas, entre tertulianos televisivos que saben de todo, entre unos en contra de otros, en el bar de la esquina, y entre los partidos que gobiernan y el que quiere gobernar, que va cambiando de discurso, según la época y el sitio donde lo diga, así que lo que se avecina nada bueno será, o sí. A ver.

Hasta la próxima.

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