Crónicas pretéritas: Breve historia de los casinos en el valle de El Golfo

Foto: Donacio Cejas Padrón.

Por Donacio Cejas Padron.

Los casinos de los pueblos eran los lugares de esparcimiento de la juventud y también de los mayores, que cada domingo y días de fiesta abrían sus puertas  para celebrar los recordados bailes, que entonces amenizaban por música de cuerdas. Empezaban en las primeras horas de la noche y terminaban de madrugada, después de la última pieza que se acostumbraba que fueran las folias.

Mi avanzada edad me permitió conocer a varios de estos casinos, a los que también se les llamaba la sociedad. En Frontera conocí El Casino de Belgara, que funcionó en la casa que aún  es  propiedad de los descendientes de sus propietarios D. Dimas y Da. Ángela, y cuyo inmueble hoy presenta un lamentable estado de abandono,  se inauguró como tal casino  el 17 de julio de 1917 y estuvo en funcionamiento hasta principios de los años sesenta del pasado siglo. El inmueble había sido construido por D. Julio Ayala  y le fue comprado por mi recordado tío Dimas a su regreso de Cuba,  creo que por el precio de 5,000 pesetas. Si mal no recuerdo, le oía decir a mi tío y mis primos que era la primera casa fuera de Valverde  dedicada exclusivamente a casino, pues hasta entonces en los pueblos los bailes se celebraban en salones  de domicilios particulares  prestados para  estas celebraciones. En la parte baja del inmueble, mis tíos tenían su vivienda, y en el extremo izquierdo de esa planta baja funcionaba  la cantina, donde se vendían licores, pero preferentemente vino y aguardiente y carne de cabra o carnero.  En el lado oeste del salón de baile había una obra pictórica realizada por el famosísimo experto en arte flamenco, D. Matías Díaz Padrón, natural de nuestra isla, y tal mural, que ocupaba toda la pared del costado, lo pintó este ilustre herreño cuando solo contaba apenas quince años de edad. Su trayectoria profesional  la ejerció en Madrid, ocupando importante cargo en El Museo del Prado. En uno de sus últimos viajes a nuestra isla, lo acompañé al antiguo casino e hizo una observación  bastante  minuciosa  del estado de la obra, y me dijo que consideraba que estaba en aceptable estado de conservación y que podría  recuperarse, pero las cosas  quedaron así.

Fue sin duda el Casino de Belgara protagonista privilegiado de la historia de El Golfo; por muchas decenas de años acogió a generaciones de jóvenes que allí formalizaron sus noviazgos y que  después construyeron sus familias. Entre los tocadores a recordar, debemos nombrar a D. Luis Febles, que acompañó con su guitarra  a muchos tocadores de bandurrias, entre ellos a mi padre Mariano Cejas. Una verdadera lástima que este emblemático inmueble no sea recuperado para el patrimonio cultural de Frontera.

Otro casino muy  importante fue el de La Cruz Alta, propiedad de D. Ramón Padrón, por cierto, conocido bailador del tango. No tengo datos de cuándo fue inaugurado; supongo que sería entre los años veinte  y treinta  del pasado siglo. El edificio se ha mantenido en pie  hasta estos días, que precisamente está en remodelación integral. Recuerdo que, siendo muy niño, fui allí a unas comedias  con mi madre y que me impresionaron los grandes espejos que estaban colgados de las paredes. Dejó de funcionar a principios de los años cincuenta  por diversas causas que no conozco  en profundidad; parece que  relacionadas con temas judiciales. Muy pronto surgió otro casino en Tigaday, frente a La Plaza, cuya propietaria era Da. Inocencia Casañas primero construyó la parte baja, y allí funcionó el casino y la cantina varios años, y después se trasladó al segundo piso, creo que hasta los años setenta. Después, el local fue usado como escuela, posteriormente y por muchos años funcionó allí una entidad bancaria, y ahora un bonito comercio de modas y una tasca. En la actualidad, el edificio es propiedad de los hermanos Gutiérrez, descendientes de D. Virgilio Gutiérrez e hijos del conocido comerciante Juan, el de Virgilio.

En Los Llanillos funcionó durante algunos años El Casino de D. Juan Hernández, en un bonito edificio construido en los años cincuenta; hubo bailes durante buena parte de la década de los sesenta; allí bailé siendo joven con la que después se convirtió en mi esposa, Juana María; en la actualidad está dedicado a vivienda familiar.

Al casino de D. Dimas en Belgara Alta le sucedió otro en Belgara Baja, en un edificio propiedad de D. Leonardo Armas y de su esposa Dª Ignota. Este matrimonio, muy conocido en  Frontera y en toda la isla, fueron unos esforzados trabajadores. A la planta baja del edificio trasladaron  su tienda  de ultramarinos, como se les llamaba entonces, que ya venía explotando en una pequeña casita un poco más arriba de la carretera, y también en la planta baja funcionaba su molino de gofio, y por algunos años una buena carpintería. D. Leonardo emigró a Venezuela por unos pocos años, y creo que desde allí compró dos importantes fincas en La  Frontera, una a D. Ramón Méndez y otra a D. Aniceto. Las transformó convenientemente para el cultivo de los duraznos y la viña. Llegó D. Leonardo a ser  uno de los mayores productores de duraznos en El Golfo, que él mismo exportaba a Tenerife y mayoritariamente a Gran Canaria. Ejerció por algunos años de juez del Municipio y, posteriormente, de alcalde; se recuerda su etapa al frente de la corporación de Frontera  como una etapa de gran desarrollo y mejoras en el municipio. Suya fue la idea de construir un nuevo edificio para el Ayuntamiento, así como de adquirir los terrenos para La Rambla, que se ha convertido en la más amplia y bonita calle del pueblo.-

D. Leonardo y su esposa atendían personalmente la cantina del casino que funcionaba en la parte alta del edificio. Fueron años de durísimo trabajo de esa incansable pareja, nacida para el sacrificio, que merced a él logró poseer un modesto patrimonio. Tanto a uno como a otro se les recuerda  con gran afecto y cariño, y se les debe tomar como referencia obligada de buena vecindad, del amor por su pueblo y de la gran disposición que siempre tuvieron para ayudar a sus vecinos en todo cuanto se les requería. D. Leonardo era un apasionado hombre de izquierdas, ideas que no ocultaba nunca, y al ser nombrado alcalde en la época del Caudillo, se le conocía como el único alcalde comunista en  aquellos tiempos tan singulares de la vida política española.

En Sabinosa persiste todavía, gracias a Dios, el casino del pueblo, cuyo nombre es Sociedad Cultural y Recreativa La Simpatica,  de larguísima historia y tradición, donde periódicamente se celebran actos culturales y algunos bailes de cuerdas a la antigua usanza. Los habitantes de Sabinosa se sienten muy contentos  de conservar su casino, que forma parte de su historia; en sus paredes están expuestas antiguas fotografías familiares que son una delicia para mí. Ponerme a contemplarlas de vez en cuando  es un gran placer, pues conocí a muchas personas que aparecen en esa curiosa colección. Ese casino funcionó durante muchos años  en un edificio propiedad de D. Antonio Pérez, conocido herrero del pueblo, situado a la izquierda de la entrada principal,  frente a la segunda plaza,  y se trasladó en los años cincuenta a su actual emplazamiento, en un edificio propiedad de D. Simón, cuyo apellido no he podido averiguar, padre de Tano, conocido tocador de bandurria en sus años mozos y que me iguala más o menos en edad, y de quien he sido gran amigo toda la vida desde que empezó a ir a los bailes de Tigaday rondando a Olivia, también gran amiga mía y su actual esposa.

Apuntes para la historia. Qué bonito es vivir en La Frontera.

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