Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
Recibí hace unos días un buen regalo. Juan Carmelo Padrón Morales, compañero en lides políticas, y herreño que ha batallado por Canarias en su conjunto y, sobre todo, por El Hierro (por lo que merece todos los honores posibles), me envió su libro sobre los 50 años del Ayuntamiento de Valverde, donde refleja las vicisitudes de las Corporaciones Municipales comprendidas en aquellos años, de 1900 hasta 1950.
Estos documentos trabajados con esfuerzo, dedicación y con cariño comienzan con la Corporación Municipal presidida por Don Juan Francisco Cejas Espinosa que tuvo la desdicha de ser testigo del incendio en 1899 de las Casas Consistoriales que motivó enfermara, muriendo al poco tiempo por el disgusto que le produjo la perdida de los archivos que tenían parte de la historia de la isla.
Y la última Corporación a la que hace referencia, Juan Carmelo, es la que el 5 de mayo de 1949 presidía Sebastián Ayala Sánchez, mi padre.
Esas Corporaciones pusieron el mejor de sus empeños para que la isla fuera saliendo de los impasses en distintas cuestiones, desde lo económico, cultural, social, que además, de tener profesiones, nunca abandonaron y dedicándole, así mismo, el tiempo necesario para que el Ayuntamiento con el esfuerzo de todos iniciara su reconstrucción poniendo en pie lo que el incendio de 1899 destruyó.
Tanto Corporaciones como vecinos se afanaron en hacer las gestiones necesarias para reconstruir lo asolado por el incendio. Pero entretanto tuvieron que acudir a la generosidad de vecinos a veces por un alquiler en precario, como la del secretario de aquella Corporación, Graciliano Ayala, que facilitó unas habitaciones en su domicilio, hasta que en 1900 el alcalde, Juan Hipólito Ayala Hernández proponga alquilar una casa por 25 pesetas al mes; en el año 1908 la alcaldía de Domingo Padrón Sánchez alquila la casa de don Manuel González Cejas por 20 pesetas mensuales. En la Corporación presidida por el alcalde Mario Barrera Alfonso se gestionó los fondos necesarios para acometer las funciones del ayuntamiento, alquilando la casa de doña Amalia Padrón en la calle de El Teatro por 15 pesetas al mes. Más adelante, en la Corporación de don Acisclo Sánchez, se traslada la sede del ayuntamiento a la casa de los herederos de don Dimas Ayala, también por 15 pesetas mensuales.
Durante ese periodo de tiempo se llega hasta los 40 donde se alquilaron casas por distintos alcaldes cerca del barranco del consejo hasta que el alcalde Agustín Padrón Espinosa lo traslada el ayuntamiento a una vivienda de Felipe Barrera en la calle Licenciado Bueno y posteriormente a la de Armando Padrón Casañas, en la misma calle.
En realidad fue un empeño que fue aportando soluciones de habitabilidad para el ayuntamiento, provisionales, de una casa a otra, sin que se consolidara un edificio, aun conservando parte de la estructura del antiguo que diera funcionalidad a las tareas de una administración municipal
Pero ya en la década de los 40 se retoman las obras del antiguo edificio terminándose la planta inferior y se inicia la construcción de la segunda planta que finaliza más allá del año 1950.
Fue este un empeño de las Corporaciones de aquella época con la finalidad de tener unas dependencias más acordes al funcionamiento del Consistorio, donde habría que destacar aquellas presididas por Sebastián Ayala Sánchez que motivaron el arranque definitivo del actual edificio.
Juan Carmelo, por su parte, ha puesto de nuevo en actualidad el compromiso de los responsables de aquellas Corporaciones Municipales, perdidos en el tiempo, que hoy están presentes en la memoria colectiva de la isla. Y que, como otros gestores políticos, no deben caer en el olvido Porque sin ellos, sin su aportación desinteresada, nada de lo que relata Juan Carmelo en su libro hubiese sido posible.







