Por Adolfo Crespo y José Luis Bala.
Durante casi una semana hemos tenido el privilegio de vivir entre vosotros y hemos podido disfrutar no solo de un paraíso de isla (cuidadla por favor, en estos años hemos visto como sitios maravillosos se han vuelto insoportables y han perdido su encanto por culpa de las hordas de turistas) sino sobre todo de vuestra hospitalidad y simpatía.
Fuimos porque el año pasado tuvimos la suerte de conocer a uno de vuestros vecinos, que no solo es un tipo grande, sino que sobre todo es un gran tipo.
Queríamos ver y sentir de cerca lo que Francis Mendoza y su gente sois capaces de hacer, después de sus jornadas de trabajo y de sus obligaciones familiares. Y estando allí nos dimos cuenta de que no le dais importancia, porque os sale natural, os viene de dentro, vamos que lo veis de lo más normal: sacrificar vuestro tiempo libre, vuestras horas de sueño, e incluso algo de salud y de “dieta” forzada, a cambio de acudir inmediatamente a la llamada, en cuanto se avista un cayuco y os volcáis a ayudar en el CATE, o en el puerto, o donde haga falta.
Ayudáis a los inmigrantes que llegan por el océano, después de haber estado más de 10 días hacinados en un barco de pesca de madera, confiando que entre esa inmensidad azul (para nosotros, que somos de interior, nos parece una verdadera locura) acierten con vuestra costa. Gente, que no podemos ni imaginar por los infiernos personales que habrán pasado hasta embarcar: cómo habrán sido explotados, vejados, torturados. Los kilómetros, desiertos, países que habrán tenido que cruzar. Las familias y seres queridos que habrán dejado atrás. Y los ayudáis porque ante todo, siguen siendo personas, como nosotros, como vosotros, pero que han tenido la única mala suerte de nacer al otro lado, en la cruz de la moneda.
Fuimos allí y nos devolvisteis la fe en el bien común, pero, a la vez, nos enamoramos del paraíso, de La Restinga, de la Llanía, de los Roques, de El Pinar, de la Cumbre, el Sabinar y la Dehesa, de San Andrés, de Orchilla, de vuestra Virgen de los Reyes… y del Valle!
Sin embargo, también pudimos comprobar cómo “el lado oscuro” de la humanidad (siempre tiene que haber malos para que otros sean los buenos) es incansable en su papel habitual de ponerlo difícil: otras personas, venidas de fuera, bajo el amparo del poder o la autoridad pretenden de una u otra forma impedir, perjudicar, evitar o molestar, por un lado, a los que tanto han sufrido hasta alcanzar vuestra costa solo en busca de un futuro, y por otro a los que os empeñáis en ayudarles pese a los malvados.
Pero ni os rendís, ni os cegáis en el enfado o la rabia. Seguís adelante. Con una voluntad de HIERRO.
Siempre podrán contar con vosotros y por eso, Francis y todos sus compañeros de El Hierro siempre podrán contar con nosotros, en lo que esté en nuestra mano.
Por todo lo dicho, nos hemos ido de vuestra isla cargados de energía positiva, pero, a cambio, hemos dejado allí un pedacito de nuestro corazón. Un CORAZÓN NARANJA, por supuesto.
Os echaremos mucho de menos.







