Orquídeas de El Hierro, seducción en las penumbras

Foto: Rubén Barone - Orchis canariensis.

Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

La gran familia de las orquídeas, con más de 28.000 especies, apenas tiene ocho representantes en Canarias, de los que seis viven en El Hierro. Estas orquídeas canarias yacen la mayor parte del año como tubérculos subterráneos hasta que, incitadas por las lluvias invernales, brotan hojas y espiga floral. Precisamente, en el complejo diseño de sus flores apreciamos las conquistas evolutivas de estas fascinantes plantas: polen aglutinado en sacos (polinios) transferidos durante la fecundación, o las estrategias destinadas a seducir a los insectos, entre otras, la oferta de néctar en espolones florales. Aspecto menos conocido, las diminutas semillas, que pueden viajar a largas distancias impulsadas por el viento, captan de ciertos hongos nutrientes imprescindibles, cesando esta dependencia cuando la orquídea despliega sus hojas y emprende la fotosíntesis, acumulando almidón en el tubérculo. 

Discreta, en pleno invierno hace acto de presencia la orquídea de tres dedos (Habenaria tridactylites) en riscos, laderas y barrancos alrededor de Tiñor, Valverde, Los Llanillos y Guarazoca. El tallo emerge sobre las hojas basales, desplegando de 10 a 30 flores que exhalan suaves aromas. Entre los pétalos verdosos destaca el del medio, dividido en tres apéndices delgados. La flor exhibe, además, un espolón que aloja el néctar destinado a los polinizadores, en este caso polillas nocturnas. Curiosamente, este espolón es más corto en los ejemplares herreños respecto al que ostentan plantas de las otras islas (¿quizás por atender a diferentes mariposas?). Endemismo canario, la orquídea de tres dedos pertenece a un género extendido por regiones tropicales y subtropicales del planeta, ausente en Europa. A más altitud, en las umbrías forestales, tanto de pinar húmedo como de monteverde, aparecen manchones de orquídeas de dos hojas (Gennaria diphylla). Rasgo distintivo de la especie, sus dos hojas acorazonadas, más grande la inferior, abrazan un tallo engalanado de pequeñas flores acampanadas. Emparentada con la orquídea de tres dedos, expone también pétalos verdosos y espolón, en este caso corto con forma de saco. El género solo cuenta con dos representantes: nuestra orquídea, distribuida en Macaronesia (Canarias y Madeira), noroeste de África y suroeste de Europa; y un congénere que vive entre Afganistán y China. 

Estos días a caballo entre febrero y marzo acogen la magnífica floración de la orquídea canaria (Orchis canariensis) en rincones abrigados (roque de Las Sanjoras, Fireba, etc.) de la cumbre herreña. Sus vistosas flores rosadas salpicadas con manchas moradas portan un corto y grueso espolón, pero, a diferencia de otras orquídeas, no ofrece néctar.  Engañados, los insectos abandonan la inflorescencia “con el estómago vacío”, aunque eso sí, acarreando el oportuno paquete de polen. La denominación científicaOrchis (testículo), procedente del griego antiguo, alude al aspecto de los tubérculos, que tuvieron, en virtud del parecido, prestigio como afrodisíacos. Al margen de estas bondades, la aromática harina obtenida de los bulbos de parientes cercanos (Orchis macula y O. militaris), diluida en leche, fragua una popular bebida caliente típica de Turquía denominada salep. Rica en fécula, la harina también es utilizada en la elaboración de helados y tratamientos dietéticos destinados a personas con problemas estomacales. Igual de sibarita en sus exigencias de rincones húmedos, la orquídea manchada (Neotinea maculata) solo vive en puntos localizados de la isla (Tabano y Mequena). Inconfundible por las manchas púrpuras que salpican el haz de sus hojas ovaladas, las espigas exhiben florecillas color crema que despiden aromas a vainilla.

Culminamos con dos de las orquídeas menos conocidas de la isla. En plena primavera florece la orquídea gallo (Serapias parviflora) en los herbazales alrededor de Tiñor y Ventejís. Modesta, apenas alcanza treinta centímetros de altura; su tallo aloja flores erectas de pétalos rojizos. Sin espolón que aporte néctar, atrae a escarabajos y abejas, ofreciéndoles “refugio” en la cavidad concebida por su arquitectura floral. Allí gozarán de temperaturas confortables durante la noche y días fríos. Eso sí, el hospedaje no sale gratis, porque los insectos abandonarán el refugio cargando los polinios que la planta adosó a sus cuerpos. Por último, El Hierro acoge también a la más espectacular de las orquídeas canarias, descubierta para la ciencia en 1979 y amenazada de extinción: la orquídea gigante (Himantoglossum metlesicsianum). Como en el resto de islas donde vive (Tenerife, La Palma y Gran Canaria), el reducto herreño está vinculado al pinar. En este enclave emerge su robusto tallo floral en pleno invierno, superando el medio metro de altura. Al embriagador despliegue que regalan las infloresencias cuajadas de flores púrpuras acuden los abejones, uno de los pocos polinizadores invernales activos, que verán recompensada su labor con el néctar alojado en los espolones florales.

Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

DÉJANOS TU COMENTARIO

Un comentario

Responder a Juanjo Suárez Heritage consulting Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *