Por Luciano Eutimio Armas Morales.
Mucha gente se pregunta intrigada cómo es posible que en medio del espacio natural protegido de los lajiales, entre La Restinga y Tacorón, exista una finca de plataneras en un invernadero, con un tremendo impacto paisajístico y medioambiental, visible desde la cumbre. Pero todo tiene su explicación:
En el año 1997, se tramitaba en el Parlamento español la propuesta de crear 48 espacios naturales, de los cuales 18 correspondían a Canarias. Particularmente para El Hierro, se había propuesto el lagartario y Risco de Tibataje, el faro de Orchilla, la zona arqueológica de El Julan, etc., precisamente a propuesta de José Manuel Álamo, un herreño ilustre que era director general de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias.
Se justificaba, en el caso del Faro de Orchilla y su entorno, por ser una construcción relevante en la cartografía mundial, la proximidad al antiguo Meridiano Cero, la relevancia del muelle La Laja de Orchilla como embarcadero que recibió a la Virgen de los Reyes y lugar de salida cuando la emigración ilegal en veleros a Venezuela.
Y en cuanto a El Julan, por la zona arqueológica y por el gran valor geológico de erupciones volcánicas recientes y las cordadas de lava petrificada de la zona de los lajiales. Así consta en la memoria elevada por el Cabildo Insular de El Hierro al Gobierno de Canarias, para trasladarla luego al Congreso de los Diputados.
Las 48 propuestas de crear esos espacios naturales en toda España pasaron por la correspondiente comisión en el Congreso de los Diputados y fueron aprobadas íntegramente tal y como las habían presentado las correspondientes comisiones técnicas, excepto en el caso de El Hierro.
¿Por qué esa excepción en El Hierro?
De los 48 expedientes para declarar espacios naturales en toda España, el único al que se propusieron enmiendas en su tramitación final fue el relativo a la isla de El Hierro. La propuesta consistió en dejar fuera de protección un “lunar” en la hoya de Tacorón y otro junto al faro de Orchilla, en El Barbudo.
¿Quién presentó esa enmienda?
La enmienda la presentó el diputado por la provincia de Tenerife, Alfonso Soriano Benítez de Lugo, en representación del Partido Popular, cogiendo con el pie cambiado porque no entendían muy bien el sentido de la propuesta, a José Segura, diputado por el PSOE, y Paulino Rivero, diputado por CC. Al final, se aprobaron ambas enmiendas.
¿Qué pretendían realmente con estas enmiendas?
Facilitar que no hubiese ningún obstáculo en el futuro en cuanto a la calificación de los terrenos, para instalar una base de lanzamiento de satélites artificiales en alguno de estos dos emplazamientos: En uno, la base de lanzamiento de naves espaciales, y en otro, instalaciones auxiliares.
A poco de aprobarse las dos enmiendas, comenzó a estudiarse el proyecto de una base aeroespacial en la isla de El Hierro, después de que el gobierno de Canarias le pagase a D. Manuel Cabrera Kábana treinta millones de pesetas, por recomendar a la empresa Betchel para que hiciera el estudio previo para esa base aeroespacial.
¿Y quién era el propietario de esos terrenos que se habían desprotegido en Tacorón, que era una alternativa para instalaciones de esa base aeroespacial?
Los terrenos eran propiedad de una empresa de D. Manuel Cabrera Kábana. Pero al final la presión popular impidió que se construyeran esas instalaciones en El Hierro, y el lunar de terreno de Tacorón que se había descalificado se utilizó para uso agrícola de cultivos subtropicales con cuantiosas subvenciones, y terminó convertido en una simple finca de plataneras.
Que conste que algunos herreños, sobre todo de El Pinar, manifestaban su apoyo a que se construyera esa finca agrícola en medio del espacio protegido de los lajiales, porque, decían, traería el progreso a la comarca del sur y crearía puestos de trabajo y bla, bla, bla. La típica monserga de los tontos útiles al servicio de sus patrones.
En resumen: Unos políticos promueven una ley para favorecer los intereses de un particular y perjudicar al bien común, al medioambiente y a lo que haya que perjudicar, con tal de que el empresario obtenga beneficios. Ocurrió hace 29 años, pero sigue ocurriendo cada día.
El Cabildo Insular de El Hierro está tramitando la aprobación de una “Planificación Singular Turística” en El Matorral, Frontera, para que, en terrenos de cultivos agrícolas intensivos, se puedan construir 25 villas turísticas de lujo, con el objetivo, dicen, de “fomentar el desarrollo económico y el bienestar de la población”. ¡Qué bonito suena!
Para ello recurren a una ley promovida por el presidente Fernando Clavijo, por medio de la cual se saltan todos los procedimientos y normas que regulan el uso del territorio, siempre que la actuación sea “De Interés Insular”. Eso de Interés Insular, en teoría, debería ser beneficioso para todos los herreños, pero más bien parece que a quien único beneficia en realidad es al propietario de los terrenos, que podría vender un par de solares para construir villas de lujo, por más importe del que vale hoy toda la finca. Seamos claros. Pero siempre estarán los tontos útiles, diciendo que con eso se generan puestos de trabajo y economía para la isla, y bla, bla, bla.
Cuando este expediente se llevó a pleno en El Cabildo, votaron en contra Asamblea Herreña y Reunir Canarias, que estaban en el grupo de gobierno, y votaron a favor el PSOE y AHI, estando AHI en la oposición. ¡Dios los cría y ellos se juntan…! ¡Por intereses!
Por interés insular se podría haber terminado hace tiempo la residencia de mayores de Frontera, o el nuevo colegio de Valverde y otras instalaciones para centros de enseñanza, como formación profesional. Pero hoy, como ayer, se utilizan las leyes de forma torticera, para beneficiar a algunos en contra del interés general. Así se escribe la historia.







