Por Donacio Cejas Padrón.
Crónicas del pasado.
En estos días del mes de Julio del 2010 estamos asistiendo alborozados a la contemplación de los actos que están celebrando en la hermana isla de La Palma con motivo de su Bajada de La Virgen de Las Nieves a Santa Cruz, como lo han venido haciendo desde tiempos muy remotos, cualquier persona de bien, palmero o no, se siente contagiado del clamoroso ambiente de confraternidad que se respira en aquella isla, y no puede menos que admirar una vez más a la sociedad palmera por haber sabido lograr con la necesaria armonía y colaboración de todos sus habitantes, que su Fiesta Mayor sea cada vez más hermosa, digna de ser contemplada y vivida, pues todos sus actos irradian además de cultura y tradición, una mística de unión fraternal en todos los palmeros.
Sería bueno que nosotros los herreños, enterrados como estamos en luchas fraternales recurrentes cada vez que se acerca nuestra Bajada, tomáramos ejemplo de nuestros vecinos de la Isla Bonita y nos propusiéramos de verdad enmendar tantos errores cometidos en las últimas ediciones de nuestra Fiesta, que desde la correspondiente al año 1993 viene decayendo en todos los órdenes. Siempre he considerado que fue ese año cuando se rompió el cristal en el cual nos habíamos mirado durante alrededor de sesenta ediciones de La Bajada, pues de ahí para acá todo ha ido de mal en peor, hasta convertir nuestra querida Fiesta en un espectáculo deprimente y vergonzante que, a todos nos debe sonrojar. A mi juicio, en 1993 se permitió indebidamente cambiar algo que ya era historia bien consolidada, y se abrió la puerta a tantos y tantos conflictos y enfrentamientos que han ido degradando La Bajada, y que a punto ha estado de que sucedieran desgracias irreparables en sus últimas ediciones.
La Bajada de La Palma y la de El Hierro coinciden cada veinte años; recuerdo especialmente las de 1965, y también las de 1985; para esas fechas ambas eran igualmente ilusionantes; incluso en 1965 vino un barco expresamente desde Venezuela, fletado hasta La Palma, cargado de emigrantes, tanto palmeros como herreños, que venían todos ilusionados a disfrutar de su Bajada de La Virgen. Difícil resulta entender el cambio experimentado en nuestra isla, para que este acontecimiento siempre tan esperado y celebrado en paz y concordia haya desembocado en lo que nos ha tocado vivir.
Ya me he permitido expresar mi opinión respetuosa pero firme en varias ocasiones y en distintas instancias, incluso ante la misma Iglesia advirtiendo de que había que rectificar y retomar otro rumbo, lamentablemente nadie me ha hecho caso y las consecuencias todos las conocemos.
Es de esperar que haya llegado el momento de las rectificaciones con miras a la próxima Bajada, para la cual ya tendremos otros representantes de La Iglesia, quiera Dios que vengan personas de más edad, con más experiencia, con la necesaria sabiduría que aportan los años vividos, y con la prudencia tan útil en situaciones complicadas que es propia de las personas mayores, pues al fin de cuentas es una Fiesta Religiosa, y por lo tanto compete a La Iglesia velar por el buen desarrollo de la misma.
La Fundación Virgen de Los Reyes, también tendrá, con humildad, que hacer su propia reflexión, y reconocer que todos hemos fallado gravemente, que así no se puede seguir, que hay que tomar otro camino, y por sobre todo dejar de considerar que la solución es traer cada vez más miembros de la Guardia Civil. Insisto, que todos nos miremos en el espejo de La Palma y aprendamos algo de ellos, buena falta que nos hace.
Dios quiera que sea así.







