En el camino de la historia: La memoria como protagonista

Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Las turbulencias empujadas por políticas desenfrenadas se han puesto de acuerdo para amargarnos los días, y más aún cuando tenemos el compromiso de escribir a través del pensamiento, de la anécdota o del análisis enmarcados en interrogaciones que descolocan y confunden ante versiones  que difieren de un día  a otro. 

En estos días, los tiempos se nos complican y quizás de manera inconsciente y como autodefensa, tenemos que refugiarnos en los recuerdos, en los espacios vitales donde la serenidad nos acompaña y el paisaje de una isla que se pretende vivirla nos reconforta porque hay personas entrañables que pasan con una lentitud gratificante por la memoria como el mejor regalo que pudiéramos tener.

Algunas se nos han ido, pero continúan dándonos al encuentro a través de la emotividad para eludir la eludir la confusión reinante y la desfachatez con la que  los mandamases del mundo se ponen delante de todo aquello que dificulte  su  interminable negocio de la guerra.

No nos importa,  que digan  lo que quieran,  que esgriman sus intrigas,  contubernios y  majaderías  cargadas  de ramplonería, porque  el impulso de la memoria los ahuyenta, los empuja hacia la maraña. Son unos “marañientos”. Nunca  han jugado limpio; además, desconocen el juego del trompo como jugábamos en la carretera de tierra que inicia el camino de San Juan, donde las cometas  confeccionadas con papel de periódico  y  su estructura de  cañas se pegaban con engrudo, las  que  con sus rabos ondeantes en el viento eran  impulsadas hacia el “lomo del cura”, donde la sensibilidad estaba reservada para  depositarla en su día  en la memoria ajena a estos seres inhóspitos, antipáticos y empalagosos.

Recuerdos llenos de vitalidad, que se han grabado en el disco duro de la memoria, de la familiaridad, de la amistad,  junto al de un paisaje entrañable, que  siempre están  dispuestos,    sin el esfuerzo de las palabras vacías de los poderosos , para hacerles un quiebro , para dulcificar las escenas que dieron  dinamismo a nuestras queridas personas, a los  inestimables rincones, a  nuestras noches de ensueño, a los  momentos de las Facultades de Medicina de Granada y de Salamanca y de Filosofía de La Laguna,  antes del instituto de Santa Cruz, o de la academia de doña Inocencia  o de  aquella primera y entrañable  escuela de mi padre.

Así  como las tardes “tamadusteras”, donde se respira un aire vital, deseable, o las embrumadas de Valverde, pero siempre brillantes por  conversaciones que daban salida a la risa  y al cuento. 

O el horizonte  distante donde las nubes en su huida descorrían el telón de un cielo limpio, donde las gaviotas pugnaban por traernos  el frescor del mar  en sus alas  con su  zigzagueante  vuelo, elevándose desde los callaos de la playa hasta la inmensa llanura de Nisdafe. 

Recuerdos que, registrados con el lienzo de la memoria, nos avanzan retazos del ayer donde lo inesperado que estaba secuestrado por la dinámica absurda de los tambores de los los dueños de la guerra sustituye con con un mejor sonido,  que se traduce en  cuestiones, episodios de la vida de cualquiera que nos sitúa en un mundo  donde la esperanza puede seguir  viva.

Recuerdos inefables que invitan a seguir en un mundo que es capaz de surgir respondiendo al rumor extraño que ahora ensordeceremos por los rompientes del mar, movidos por la brisa y los vientos que se rebelan ante actitudes poderosas que pretenden dejar espacios encrespados exentos de vitalidad. Pero  que el empuje de la memoria se capacita  para  taponar los desaguisados violentos  de una guerra donde, al menos en momentos de serenidad, podemos decir que la hemos ganado.

Guerra de la que  salimos airosos porque, entre todos y sin pausas en la espera,  la memoria ha estado en su sitio y nos hemos abrazado una vez más  con una cordialidad  infinita, indestructible, por muchas bombas y  misiles caigan bajo los puntos de mira donde el caos y la falsedad  no dejan de seguir siendo protagonistas  de una historia mal contada.

DÉJANOS TU COMENTARIO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *