A cara descubierta

Francisco Armas Sánchez.

Por Francisco Armas Sánchez.

Si ante una acusación infundada o un bulo malicioso uno calla, acaba dando a entender que lo que se ha dicho es verdad… o que, al menos, lo acepta.

Hace unos días mi padre comenzaba un articulo de opinión con esas palabras, defendiendo algo tan sencillo como que quien calla, otorga. Lo hacía denunciando cómo una mentira, aunque se aclare, se convierte en insinuación, en comentario y acaba circulando como si fuera verdad. Y no hubo que esperar mucho. En menos de 24 horas, los anónimos han vuelto a hacer lo de siempre: ruido, malgareo y ataques desde donde no se da la cara. Esta vez, precisamente, a quien se atrevió a señalarlos.

No es casualidad. Es justo lo que se esperaba.

Mi padre, como muchos herreños de su generación, nació en un pajero de piedra, de esos que lo mismo cobijaba arrejuntada a la toda familia que a los animales. En una época en la que muchos tuvieron que marcharse, mis abuelos, José y Amada, partieron a Venezuela con mi tío Eugenio en busca de un futuro mejor, dejando atrás su tierra y a su hijo menor. Como tantas familias herreñas, a él le tocó crecer con sus abuelos, entre ausencias, sacrificios y responsabilidades que no tocaban a un niño.

Aquello no fue una excepción, fue la historia de toda una generación. La emigración, la distancia, el partir con la única esperanza de una vida mejor… no solo marcó sus vidas, sino que definió el carácter de toda una generación.

Gracias al esfuerzo y sacrificio de mis abuelos, y al suyo propio, pudo salir fuera a formarse. Y no fue un camino fácil, fue el resultado de años de trabajo constante, de aprovechar cada oportunidad y de abrirse paso donde nada estaba dado y así fue construyendo su camino. Estudió, se licenció, trabajó en UGT y, tras regresar a su isla, desarrolló su carrera profesional como abogado y funcionario en el Cabildo desde el año 93, mientras asumía también responsabilidades políticas. Dos caminos distintos que algunos se empeñan en confundir, cuando en realidad no son lo mismo, aunque respondan a una misma vocación de servicio publico y compromiso con nuestra isla.

Y si mi padre representa a quienes crecieron con la ausencia de los que tuvieron que marcharse, mi madre es el reflejo de quienes tuvieron que empezar lejos de la tierra de los suyos. Hija de emigrantes cubanos, se crió fuera de su tierra y sabe lo que es abrirse camino desde cero, adaptarse y empezar de nuevo… más de una vez.

Quizá por eso, cuando se pierde el arraigo a una tierra, se aprende a construir algo aún más fuerte, hacer de la familia tu verdadero hogar. Entender que la casa no es un lugar, sino donde están aquellos a los que quieres. Mi hermano Ferinto y yo crecimos entre esas dos historias. Y haber nacido en ellas nos ha dado algo que no todo el mundo tiene, la fortuna de poder amar profundamente una tierra y, al mismo tiempo, saber que lo más importante siempre será la familia.

Por eso duele ver lo que está pasando en nuestra isla. Hace unos días se atacaba a Indira Carballo, una joven periodista de esta isla. No solo por escribir, sino por algo mucho más importante, porimplicarse, por sacrificarse, por ayudar como voluntaria a quienes llegan arriesgando su vida cruzando el mar. Y aquí es donde no puedo quedarme callado.

Somos hijos de la emigración, de familias separadas, de quienes se sacrificaron por los suyos… ¿y aun así señalamos a quien hoy ayuda?

¿De verdad no nos hubiese gustado que, cuando nuestros abuelos cruzaban el océano para buscarse la vida, hubiese habido una joven como Indira que les echara una mano?

En una época en la que tanto se critica a la juventud por no implicarse, resulta que cuando alguien lo hace, también molesta. Molesta quien opina, molesta quien se compromete, molesta quien da la cara. Y en ese mismo ruido han aparecido también comentarios sobre mí, acusándome de estar “enchufado”.

Para quien aún no lo sepa, trabajo en el Ayuntamiento de Valverde, gobernado por una alianza que nada tiene que ver ni con mi afiliación política ni con la de mi padre. Debe de ser realmente impresionante el poder que algunos le atribuyen a José Francisco Armas para mandar incluso donde no gobierna.

No llegué aquí por casualidad. Llegué porque me preparé, porque pasé un proceso selectivo y porque creo en lo que hago. Mi vocación de servicio público es tan natural como ir a echar las papas. Así me criaron, con amor por esta isla y con la idea clara de que lo que uno quiere no solo se cuida, se mejora. Y eso pasa por implicarse, por ayudar y por no quedarse al margen cuando toca dar un paso al frente, también desde la política.

Quizá el problema para algunos no es el “enchufismo”. Quizá el problema es que no están

acostumbrados a ver a gente preparada en ciertos sitios. Y entonces es más fácil pensar que todo responde a favores, como se hacía antes, que aceptar que es simplemente una cuestión de mérito.

Todos a los que hoy defiendo tienen algo en común, hablan a cara descubierta. Y yo también lo hago. Aunque esté empezando, doy la cara y la seguiré dando.

Soy consciente de que la crítica es parte del juego, siempre lo ha sido. Pero lo que no debería ser tolerable es el anonimato de quien, escondido detrás de la seguridad de una pantalla, miente a sabiendas, no construye nada y solo busca hacer daño. Sé que incluso este articulo será criticado, porque hay quien no quiere debatir, solo desgastar. Pero como dicen, a los que odian, les gusta odiar.

El único fin de estas palabras es sencillo, defender en lo que creo y a quienes quiero.

Por eso, para quienes aún no me conocen, me presento. Soy Francisco Armas Sánchez. Orgulloso hijo y orgulloso herreño.

DÉJANOS TU COMENTARIO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *