En el camino de la historia: La vuelta de Tucídides

Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Tucídides fue un historiador y militar ateniense que durante su vida en el siglo V antes de Cristo, en su obra cumbre “La guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas”, relata lo que supuso un conflicto entre una potencia consolidada como Esparta, que percibió cómo su poderío estaba amenazado por una potencia emergente como era  Atenas. Además, se le considera el padre de la escuela del “realismo político”, donde enmarca con énfasis y experiencia cómo valorar las relaciones entre naciones.

En su papel en esta situación  como  experiencia de historiador  y  guerrero  en  el espacio de la grandeza de Esparta, concluye que no vale  la supremacía de los valores morales y hacia dónde hay que inclinar la justicia, sino que, al fin de cuentas, es el poder lo que prima por encima de otras cuestiones de derecho y de raigambre cultural. O sea, el poder por encima de todo.

Su texto sobre el “diálogo de los medios” continúa siendo un  pasaje  en el estudio de las relaciones internacionales que infundió el miedo, que, visto el ascenso de Atenas que amenazaba a Esparta, esta no esperó a ser atacada, sino que a tiempo decidió  traspasar  la frontera del miedo y de la guerra antes que el ascenso ateniense fuera insostenible.

Y esto viene a cuento en relación con la reciente visita  que el presidente Trump realizó a la China de Xi Jinping, donde no tan soterradamente aparece el conflicto de Taiwán, al que  China pretende incorporar como parte de su territorio, donde aparece y dispuesto a desarrollarlo con la protección de EEUU, para que esta situación  no se produzca, ya que ambos  pretenden hacerse con los materiales que posee esta isla en cantidades infinitas que sirven para los recambios de los dispositivos necesarios para apuntalar el poderío de la tecnología moderna, cuyos desajustes y  escasez pondrían en peligro  la supremacía y poder de estos dos países.


Mientras, el presidente estadounidense  estaba  encantado con la actitud y recibimiento de  China pregonando que” mejor amigos que enemigos”  y apretaba  las  manos del mandatario chino como es su estilo de mantenerlas  fuertes ,como diciendo del poder que tiene y de su forma de bailar   como  dislocando  el espacio de  una  juventud camuflada y su poder omnímodo; y por otro lado ,Xi Jinping, con sus ojos  asiáticos y una mirada camuflada en los parpados abultados por herencia de civilización y cultura  no dejada de elucubrar que por mucho que  Trump demostraba su poderío , aludió a la trampa de Tucídides y  dejaba caer, que hacia de la espera sabiduría, como enfatizando “ todo a su tiempo.”

Insistió en que no estaba dispuesto a que el americano, con sus torpezas desplegadas en Irán, ya como potencia decadente, no valen derechos humanos, no valen valores morales, que, por otra parte, el gobierno norteamericano no los ha puesto en práctica, allí donde ha actuado, como en Venezuela, Irán, Irak y próximamente  ante la amenaza dirigida a Cuba, mientras que el chino, parte con sus miles de años  soportando cientos de situaciones, tiene  la sartén por el mango. Será como Tucídides, que de momento está a la espera sin dar pistas de lo que pudiera hacer en la política internacional.

La espera en los ambientes internacionales con gestos y apretones de manos vale de poco, tal vez para las páginas fallidas de la historia  llenas de borrones y tachones,  donde lo que importa y será decisivo es la reafirmación de una Atenas emergente (China) ante una Esparta decadente (EE. UU.).

Aunque, por otra parte, en lo concerniente a las relaciones internacionales, hoy son tan artificiales como la misma inteligencia, lo que hace muy difícil interpretar situaciones, mensajes y  determinadas  ansias de poder  hoy confusas.

Noam Chomsky, sociólogo y filósofo universal, hace más de treinta años, en un libro de debate referente a la nueva Guerra Fría de los años 80, lo que existía eran superpotencias en colisión.

EEUU, China   y  la Unión  Soviética estaban a la greña, pero pasado el tiempo ya no están estas potencias con la aparición de Rusia no  en colisión sino en cooperación, donde el problema estriba  como y de que forman se reparten el poder en el mundo, haciendo  ante el ascenso de Trump al poder que se aliarían para desplazar como el gendarme del mundo a EEUU, pero siguiendo lo que pronosticó   George Orwel en  “1824”,  la sociedad  caminaría  a un punto de inicio del Gran partido único  mundial ,donde la despersonalización  del capital  y de los obreros de la fabricas se convertirían en  siervos  hieráticos donde no hay palabras, solo gestos donde los robots enviarían  las ordenes.La maquina por encima  de el hombre.

 China ya despachó a Trump; ahora está a la espera de la próxima visita de Putin para ir  trabajando desde el desorden instituido un nuevo orden mundial  .

La trampa de Tucídides como concepto geopolítico cobra cada  día que pasa más vigencia.

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