La transmutación de la tierra en oro

Foto: Luciano Eutimio Armas Morales.

Por Luciano Eutimio Armas Morales.

El barrio de Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria, surgió en la costa norte de la ciudad, en terrenos arenosos que entonces pertenecían al municipio de San Lorenzo. La construcción del muelle del Puerto la Luz atraía a trabajadores y sus familias, que llegaban de los pueblos del campo, desde Lanzarote o desde Fuerteventura, y que, como no podían comprar un solar en Santa Catalina, en Vegueta o en Las Alcaravaneras, con muy poco conseguían una parcela en los descampados y áridos terrenos de Guanarteme, donde golpe a golpe iban construyendo una casita para su familia. 

Eran unos terrenos aislados y sin urbanizar, que iban formando un barrio obrero de autoconstrucción de casas terreras, donde en el año 1928 se instaló la central eléctrica de la CICER para producir electricidad para la ciudad en competencia con la Sociedad de Electricidad de Las Palmas, situada en la plaza de La Feria, y que en 1930 fueron adquiridas ambas por la Union Electric Company de Chicago, dando lugar a UNELCO.

Aquel barrio que iba creciendo de forma heterogénea e informal comenzó a ordenarse con el plan del arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre, y luego Secundino Zuazo Ugalde, que diseñó una trama urbana articulada en manzanas rectangulares en paralelo a la playa de las Canteras, aprobándose en 1944 un plan que, salvando las distancias, podía remitirnos al proyecto del arquitecto Ildefonso Cerdá para el Ensanche de Barcelona.

En Guanarteme, se construían casas terreras ya con más planificación, en las que normalmente vivía una familia. Algunas disponían de patio y todas de azoteas, en las que mantenían una cabra para dar leche fresca a sus hijos, además de un gallinero y algunas, un palomar y una conejera. Se formó así un barrio con una identidad comunitaria y vecinal fuertemente arraigada, en la que, además de la pesca artesanal, salazones y carpintería de ribera tradicionales, se fueron instalando industrias como La Fosforera, la Jabonera Canaria, la fábrica de galletas y chocolates Tirma o la fábrica de cigarrillos Rumbo.


Se convirtió en un barrio pujante, que duplicó su población entre 1945 y 1970, y del que recuerdo ver el tránsito de guaguas verdes de Transportes Guanarteme, que unían el barrio con el cosmopolita Parque Santa Catalina.

Luego llegó el turismo, que comenzó en la calle Sagasta frente a la playa de Las Canteras en los años 60, y se fue extendiendo a Maspalomas como epicentro, con San Bartolomé de Tirajana y Mogán como municipios turísticos por excelencia, quedando en esa etapa Guanarteme fuera de esa presión. Pero en los años noventa, dos hechos alteraron profundamente las expectativas de Guanarteme: la inauguración del Centro Comercial Las Arenas, 1993, y del Auditorio Alfredo Kraus, 1997. 

Y comenzó la fiebre del oro.

Donde existían casas terreras familiares, comenzaron a levantarse edificios de cinco, siete, diez o trece plantas, sin solución de continuidad, sin zonas de aparcamientos ni espacios libres públicos proporcionales y sin zonas verdes, e iniciando un proceso de gentrificación, turistificación y espiral especulativa, potenciado por su proximidad a la playa de Las Canteras, el auditorio, el parque de la música y el centro comercial de referencia.

No podemos pretender conservar casas terreras con palomar en la azotea, ¡cuidado con los tópicos!, pero el desarrollo urbano puede ser acompasado a los nuevos tiempos, las nuevas demandas y las necesidades de los vecinos. Donde existían cuatro casas terreras, se puede construir un edificio de cinco plantas, con plazas de garaje y zonas verdes y espacio libre proporcional a lo que se gana en altura. Eso sería lo lógico. Eso es lo que se hace en otras urbes en condiciones similares.

Pero Guanarteme ha sido víctima de la especulación salvaje de los depredadores del territorio con la complicidad de técnicos y políticos. Hay que decirlo así de claro, porque no hay otra forma de entenderlo. ¿Y quién estaba por allí, para la aprobación de esos Planes Especiales, Unidades de Actuación, Recalificaciones y Actuaciones de Dotación, para facilitar toda esa dinámica?

No sabemos si José Manuel Soria estaba por allí o en Panamá; no sabemos qué papel habrá tenido Joseja Luzardo; no sabemos en qué medida habrá influido Juan José Cardona, alcalde en 2012 cuando se aprobó la AD-16; no sabemos qué papel habrá podido jugar José Manuel Setién, todopoderoso técnico coordinador de urbanismo del ayuntamiento de Las Palmas durante muchos años, actualmente investigado en un procedimiento judicial.

Lo que sí sabemos es que los vecinos de Guanarteme han protagonizado una verdadera batalla judicial y popular, como las organizadas por Guanarteme se mueve, con manifestaciones portando los slogans “Guanarteme se asfixia”, “Aquí no hay quien viva”,  “Vuelven los buitres a Guanarteme” o «Funeral Jazz por el barrio», para denunciar la «muerte» de la identidad comunitaria, la pérdida del comercio tradicional de cercanía y la falta de espacios de reunión para jóvenes y mayores.

 Pero todo ha sido inútil.

En la Plaza de América, se está construyendo un edificio con 472 viviendas, con diez plantas sobre rasante, en el que un apartamento de 72 m² con dos dormitorios, por ejemplo, se vende en 402.500 €. En total, 33.600 m² construidos de viviendas, además de locales comerciales, garajes, trasteros y demás. ¡Más de doscientos millones de euros! Un lateral del edificio da a una vía de conexión a la circunvalación, con un retranqueo de apenas dos metros. ¡Con diez plantas de altura, y al borde de un vial de entrada a una autovía! 

Y los cantamañanas de turno dirán que con esto se crean puestos de trabajo. Pero para construirlos, vendrán trabajadores desde fuera porque aquí no hay mano de obra suficiente, algunos con su familia, y demandarán vivienda, asistencia sanitaria y colegio para sus hijos. Y utilizarán nuestras infraestructuras saturadas. Y aumentará la población. Y seguiremos batiendo récords de turistas.

Pero los promotores ultrarricos ganarán muchos millones de euros y, además, cuando sus hijos ultrarricos hereden, no tendrán que pagar impuesto de sucesiones, gracias a una de las primeras medidas legislativas del actual gobierno de Coalición Canaria, que fue suprimir ese impuesto con el Decreto 5/2023, por cierto, con el voto a favor de AHÍ.

Mientras tanto, los hijos de los vecinos de Guanarteme, quizá, si consiguen un buen trabajo y con ayuda de su pareja o sus padres, puedan comprar un piso en Tenoya o en Tamaraceite, a doce o quince kilómetros del centro urbano, rodeados de barrancos.

 Y los pisos del “nuevo Guanarteme” los comprarán algunos ricos extranjeros para pasar temporadas, algún pudiente nuevo rico o algún fondo de inversión para turismo vacacional.

Y los cantamañanas de turno, con la boca abierta hasta las orejas, dirán en sus medios de comunicación que la economía va creciendo en Canarias, que se va creando empleo y que cada día vienen más inversores atraídos por nuestra tierra, nuestras costas y por una legislación a la medida de sus intereses.

Y los hijos de los vecinos de Guanarteme vivirán algunos con salarios precarios, tendrán la peor sanidad y la peor educación pública del Estado español, y con mucha suerte y muchas dificultades, podrán comprar o alquilar un pequeño piso en una urbanización de la periferia, o quizá en Arucas, en Firgas o en Moya.

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