Por Alfredo González Hernández.
Cuando una opinión se presenta como una amenaza, la información deja paso a la alarma.
El Hierro ya vivió en los años noventa una movilización social histórica contra la instalación de una lanzadera espacial y un radar militar en Malpaso. Aquella oposición forma parte de nuestra memoria colectiva y merece todo el respeto. Precisamente por eso, conviene tratar este asunto con rigor, sin utilizar los temores de la población como instrumento de confrontación política.
Las recientes declaraciones de Pedro Duque, expresidente de Hispasat, exministro de Ciencia y astronauta, han vuelto a situar a El Hierro en el debate sobre la posibilidad de instalar una base de lanzamiento de satélites. Duque ha expresado «su opinión» favorable a esa posibilidad, pero una opinión personal no equivale a una decisión del Gobierno de España, ni acredita que exista un proyecto aprobado para nuestra isla.
Sin embargo, la AHI ha reaccionado con un mensaje contundente: «El Hierro ya dijo no a la lanzadera de satélites», acompañado de una exigencia de Javier Armas al Gobierno de España para que aclare si pretende recuperar el proyecto.
La pregunta es inevitable: ¿qué información tiene Javier Armas que permita afirmar que existe una intención del Gobierno de recuperar aquella iniciativa? ¿Hay algún documento oficial, algún expediente abierto o alguna comunicación institucional que respalde esa sospecha? Si existen, debería mostrarlos. Si no existen, debería explicar por qué plantea la cuestión en esos términos.
Por supuesto que Javier Armas tiene derecho a rechazar cualquier proyecto que considere perjudicial para El Hierro. También tiene derecho a exigir transparencia a cualquier administración. Pero una cosa es pedir información sobre una posibilidad y otra muy distinta construir un relato que puede llevar a la ciudadanía a interpretar que existe una amenaza real e inminente cuando eso no está acreditado.
La memoria histórica de los herreños no puede convertirse en munición electoral.
Y el contexto tampoco es irrelevante. Javier Armas concurre como candidato de la AHI al Senado en un escenario de precampaña electoral. Que una cuestión tan sensible se convierta ahora en protagonista de un mensaje de alarma permite cuestionar si se está priorizando la información rigurosa o la rentabilidad política de un asunto capaz de despertar una reacción inmediata en la sociedad herreña.
No se trata de restar importancia a las preocupaciones de la población, sino de exigir responsabilidad a quienes aspiran a representarla. El debate público necesita hechos, documentos y explicaciones, no insinuaciones que terminan alimentando la incertidumbre.
Si el Gobierno de España contempla realmente recuperar el proyecto, que lo diga y explique sus razones. Si no existe ninguna iniciativa en ese sentido, también debe quedar claro. Esa es la transparencia que merece El Hierro.
Nuestra isla ya ha demostrado que sabe defender su territorio, su medio ambiente y su capacidad de decidir sobre su futuro. No necesita que nadie le recuerde artificialmente sus temores para demostrar su compromiso.
Defender El Hierro no consiste en agitar fantasmas, sino en afrontar los problemas reales con información, responsabilidad y valentía política.
Porque una cosa es ponerse al lado de los herreños y otra muy distinta utilizar sus legítimas preocupaciones para obtener rédito electoral.
El Hierro merece respeto. Y el respeto empieza por no confundir una opinión con una decisión, una posibilidad con un proyecto y la defensa de la isla con la propaganda electoral.








