Crónicas pretéritas: Temporales de agua y viento en El Golfo

Donacio Cejas Padrón. GMº.

Por Donacio Cejas Padrón.

La Naturaleza este año ha impuesto sus leyes, y los temporales de agua y viento han hecho presencia en nuestro archipiélago, especialmente en Tenerife, La Palma y Gran Canaria, causando estragos y cuantiosos daños materiales en las infraestructuras de nuestras islas.

Afortunadamente, en El Hierro parece que no han sido de gran intensidad, pero me vienen a la mente los recuerdos de grandes aguaceros y temporales de agua y viento que en lejanos tiempos de mi niñez se hicieron presentes en nuestra isla; naturalmente, me referiré a los vividos en El Golfo, que son los que realmente conocí.

Los años 1947 y 1948 fueron de mucha sequía, prácticamente en este último no llovió nada, una tragedia insular de grandes proporciones, se morían los animales de sed, no había agua ni para el más mínimo consumo humano, en vista de ello se logró que El Gobierno autorizara a D. Benito González las divisas necesarias para importar un camión de Inglaterra y dedicarlo al transporte de agua desde Aguanueva hasta los diversos pueblos de la isla, gracias también al Pozo de Aguanueva entonces regentado por D. Silvestre Padrón Villarreal que regaló agua a toda la isla, tanto para el consumo allí como para que fuera transportada a todos los pueblos también en los correíllos traían agua que se depositaba en un aljibe en el Puerto y era también repartida en pequeños camiones a Valverde y otros pueblos, para colmo de infortunio, un gran incendio azotó e l Valle d e E l Golfo desde L a Montaña Colorada hasta La Hoya Pequeña, prácticamente toda la corona forestal del Valle, se conoce a este año de 1948 como el Año de La Seca.

El nuevo año 1949 comenzó con grandes lluvias, e l 7 de Enero llovió torrencialmente en El Golfo, y trajo como consecuencia, al estar los suelos de la parte alta prácticamente sin vegetación, que los barrancos corrieran con gran intensidad, arrastrando troncos, animales, piedras etc. causando grandes daños en las partes medías y bajas de El Golfo, El Barranco Chajoco que baja por La Oliva en dirección a Tigaday arrasó fincas y caminos, sepultó la carretera que comunicaba Tigaday con Belgara Baja y Los Mocanes y Las Puntas, y más o menos donde hoy se encuentra El Ayuntamiento fue tanto el fango piedras, palos etc., que taponó la misma y su trazado se modificó con un badén de varios metros de altura que permaneció así durante bastantes años. El barranco que baja por El Jaral camino de Belgara Alta, llamado El Liso, también produjo grandes daños e incluso rompió e inundó de barro y piedras una charca que El Mando Económico había construido apenas unos años antes frente a casa de D. Mateo González. Los caminos de Los Corchos y de El Cementerio se convirtieron en ríos que, pasando por La Plaza de Candelaria camino de Las Lapas, destrozaron el camino, y los de Tincos y otros del Pie de El Risco hicieron que La Frontera, zona de cultivos de durazneros y viñas, quedara prácticamente desconocida mucho esfuerzo costó volver a poner en producción las huertas y canteros de aquella zona.

En 1956 también llovió torrencialmente; la isla estuvo un mes incomunicada, pues los correíllos no podían acercarse a nuestras costas. Incluso el Viera y Clavijo hubo de refugiarse por dentro de Los Roques de Salmor, pues era tal la tormenta que no podía hacerse a la mar; volvieron los barrancos a hacer estragos, y tiñeron el mar de un color pardo, y volvieron a repetirse las mismas escenas de ruina y desilusión; creo yo que este año haya sido el más lluvioso de los que yo recuerdo. Después vinieron unos años de mucha sequía especialmente 1961 que fue necesario volver a traer agua en los barcos, pero ya los pozos de Aguanueva y de D. Mauro León, con los camiones que ya habían llegado a la isla, y habiendo mejorado la situación económica ya los efectos fueron de menos importancia, recuerdo que en 1961 un acaudalado señor de La Gomera que veraneaba en Frontera trajo en el barco varios garrafones de agua ante el temor de no disponer de ella en casa de Da Benilde que era a donde venía a pasar los veranos, pero también nuestro Valle ha tenido en el viento un enemigo a tomar en cuenta, sus estragos han sido pavorosos, a tal extremo que a veces ha desilusionado tanto a los agricultores que algunos de ellos han tenido la tentación de abandonar, me refirieron en pasadas décadas, gracias a nuevas técnicas de cultivos, invernaderos etc., ahora parece que es más llevadero el efecto de los vientos.

Recientes catástrofes en Madeira, Francia y otros lugares me hacen reflexionar si en nuestro Valle de El Golfo se han guardado debidamente los cauces tradicionales de los barrancos; tengo esa gran duda, y quiera Dios que nunca llegue a tener la respuesta, pero sí, tengo esa duda.

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