Por Donacio Cejas Padrón.
Difícil me resulta al escribir una nueva crónica sobre Venezuela acertar en el diagnóstico de lo que está sucediendo en estos tiempos, pues percibo una complejidad y una concurrencia de intereses políticos y económicos que no me permite a mi humilde pluma poder dar una opinión medianamente entendible del futuro que le aguarda a la atormentada patria de Bolívar.
Como punto de partida para poder emitir un juicio, hay que considerar que el petróleo y la riqueza mineral del país están marcando los pasos de los distintos actores que están interviniendo en el difícil proceso de recomposición de la patria, y ya no sabe el observador pasivo si lo que se está procurando es la mejora de la vida de los venezolanos o el asegurarse la mayor cuota de explotación petrolera. Tengo mis serias dudas al respecto y no me siento capaz de saber precisar dónde está esa línea divisoria que ha de influir considerablemente en el desarrollo de los tiempos que han de venir.
A simple vista, puede uno apreciar que, cuando una sociedad se descentra, rompe sus estructuras sociales, políticas y económicas, cuesta mucho volver a encajar debidamente los engranajes necesarios para que la sociedad se enrumbre de nuevo en paz y concordia y retome su vida con normalidad.
Yo llegué a Venezuela hace sesenta años como un emigrante más que buscaba, como tantos otros miles, el camino para mi promoción personal, social y económica, y desde que llegué allí aprecié un país en desarrollo, con sus estructuras políticas y sociales bien definidas, que permitían la alternancia en el poder como cosa normal, y que invitaba a los recién llegados a integrarse en el entramado laboral y social sin freno ni limitación alguna, pues lo que se necesitaba entonces era masa trabajadora, de buenos hábitos y costumbres, que quisiera sumarse al desarrollo del país. Al poco tiempo, el Estado venezolano me facilitó el acceso a una vivienda modesta pero digna y así comenzó mi camino laboral y social, prácticamente con los mismos derechos que sus nacionales, y que se prolongó felizmente por casi treinta años, sin sobresaltos políticos ni contratiempo alguno, a tal extremo que gustosamente adopté la nacionalidad venezolana y hasta llegué a pensar en dejar apartada la ilusión del regreso a la patria de origen, pues en pocos años el país me brindó todo lo necesario para vivir con modestia pero con tranquilidad, y además se consideraba que Venezuela tenía un futuro prometedor en el concierto de las naciones del universo, pues sus estructuras políticas aparentaban una solidez y una forma de vida agradable y generosa.
Pero por los años ochenta ya empezó la influencia de Cuba a alterar la concordia entre los mismos venezolanos, los radicalismos doctrinarios fueron haciendose cada día mas presentes en la sociedad venezolana, y como con frecuencia suele suceder, surgieron los caudillos iluminados que aprovechando el descontento de la sociedad venezolana innegable, comenzaron a minar las instituciones tradicionales del esstado y a propiciar su agrietamiento, ofreciendo y prometiendo soluciones para todo, con otra filosofía politica, economica y social, que termino rompiendo los esquemas tradicionales de convivencia entre los venezolanos y sustituyendolo por otro nuevo destructor y demoledor, donde el ruido de los fusiles y las pistolas se ofrecia como alternativa impuesta a la fuerza, rompiendo los esquemas de la propiedad privada , donde la administración civil del estado se sustituyó por la presencia abrumadora de militares, dando la impresion de que todo el pais era un cuartel, con detenciones y privaciones de libertad a capricho del funcionario, sin normas ni procedimientos legales, y eso ha derivado a que millones de venezolanos y venezolanas hayan tenido que emprender el doloroso camino de la emigración, repartiendose por varios paises del mundo, y ese sendero no tiene regreso en su mayoría, por lo tanto Venezuela ha perdido una muy buena riqueza, ha perdido a sus hijos , ahora dispersos y aportando sus conocimientos y sus esfuerzos laborales a otras sociedades de acogida. Ello fue la causa de que en mi familia tomáramos la decisión de regresar a la patria de origen, y así lo hicieron muchos miles de inmigrantes que, como yo, habíamos puesto nuestras ilusiones de vida definitiva en aquel país.
En la madrugada de ayer oí con mucha atención la intervención de la actual presidenta encargada de Venezuela en la Asamblea de la ONU, prometiendo ejecutar los cambios necesarios para que Venezuela vuelva a situarse entre los países libres y democráticos del concierto mundial. Dios quiera que así sea.
Suele decirse con frecuencia que las revoluciones y transformaciones se tragan a sus héroes, y pareciera que en Venezuela está pasando algo así, pues María Corina Machado no está participando, aparentemente, en las negociaciones entre el gobierno y la oposición.
Los acontecimientos por venir nos lo confirmarán o no; ella pareciera que piensa regresar pronto a Venezuela, y no apartarse de la escena política. Ya se verá.
Indudablemente, el petróleo venezolano es un bien muy apetecido por los países del mundo desarrollado y nos cabe la duda de si en esta oportunidad no se estará buscando otra vez, como sucedió en tiempos pasados, lograr desde afuera el control de la riqueza petrolera venezolana. Todo es posible.








