En el camino  de la historia: Cuando la acción política resulta fallida.

Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).

La acción política, desde un aldeanismo contumaz hasta la que es elaborada por altos mandatarios que tienen el mundo en sus manos como si fuera un juguete de feria, ha caminado por los senderos de la mentira, de su perseverancia y sin importarle un pimiento las consecuencias de sus disparates.

El disparate en política es suficiente para que la polarización aparezca con todas las galas de  un contubernio que comienza en un determinado momento, pero se ignora cuándo su enmienda y finalización. Y esta situación  acarrea, entre otras cuestiones, gestos faciales bruscos y cortantes que hasta  mirar de frente es  una provocación, prevaleciendo la mirada enrevesada  sin templanza ni siquiera temeridad de  ir por un camino o por otro.

El poder ilimitado  hace que  las costuras de su traje  se ensanchen y apretujados rompan por donde  menos se le espera que no menoscabe, a pesar de todo, ese poder, y   se elaboren  monsergas   varias, con falsos entusiasmos donde los criterios democráticos  aplauden desde la lejanía  por su ausencia.Donde la dislocación del sentimiento  acompaña, aun concientemente a arrumar al escenario de la acción política fallida porque una cuestión es sentir,escribir o manifestar lo que se siente,lo que provoca y estimula y estimula dicha acción, y otra  saber los motivos de ese sentimiento que ha conducido que muchas veces llega a la imaginación que se ha buscado con ahínco porque desde él se podrá vislumbar una nueva etapa,un nuevo interrogante,donde los desaprensivos siempre ganan porque su simulacro es tan perfecto, y la mentira tan perseverante que ya se toma como norma,como si fuera parte de su legajo mas allá de las emociones  . 

Apareciendo en ese ínterin el desorden, la especulación que obliga a la comunicación, pero a una comunicación que tiene que elaborarse desde un retiro momentáneo que en parte es donde la comunicación se posiciona, se extralimita y  forma parte de la estructura del poder, que ha conseguido consciente o inconscientemente la acción política fallida.

En parte, se tiende a emular a grandes personajes de la historia, siendo el referente el emperador romano Marco Aurelio, que cuando sus tropas no cosechaban triunfos, sino derrota tras derrota, desde su posición filosófica buscaba retiro donde pudiera reflexionar con la finalidad de que no cundiera el desánimo en sus tropas y en sus territorios conquistados,  cuyo pesimismo se encargaba de condicionar con su retórica afinada y su empuje  y resistencia ya tradicionales. Todo esto incorporado en su obra magna “Meditaciones”, donde resalta su frase: “Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho; todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad”.

Se requiere, no obstante, poder contar con  nuevos apoyos que soporten una rebelión sentimental de cierto grupo de población que funciona como masa, ateniéndose a sus proclamas y dictados, pero desnaturalizados,  donde cada cual puede conducirse por lo que los líderes digan, sin crítica, sin debate, lo que todo el mundo daría por bueno y colme la satisfacción del grupo  de poder.

El estado de ánimo es lo que funciona según la psicología moderna y que este se constituye en la base del sistema del sujeto.

 El sujeto  se  sustenta sobre un estado de ánimo duradero resultante de los sentimientos que derivan de todas las áreas del mismo, donde se reconoce que se está pasando un mal momento que no llega a la angustia, pero sí permite que desde los inconvenientes sobrevenidos se erija una nueva personalidad, un nuevo mensaje cautivador  que deja una vez más perplejos a los que esperan que desde una acción política fallida no ocurra lo que desean y que sí crea una cierta  esperanza a los receptores del nuevo mensaje.

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