Por David Cabrera.
Hay cosas que duelen especialmente cuando hablamos de nuestros jóvenes.
Desde el pasado viernes, los jóvenes de la ESO de Valverde, El Pinar, La Restinga, El Mocanal, Erese, Guarazoca, Isora, San Andrés, Tiñor, La Caleta, El Tamaduste, Echedo, Timijiraque, El Puerto y Las Playas no pueden ir a clase como el resto de los jóvenes de Canarias.
Y esto no debería ser normal.
No debería ser normal que un niño de El Hierro tenga que asumir unas condiciones que ningún otro joven debería tener que soportar para poder recibir algo tan básico como una educación digna.
Detrás de cada uno de ellos hay una familia, unos padres preocupados, unos abuelos, unos profesores y, sobre todo, un joven que tiene los mismos derechos y los mismos sueños que cualquier otro joven de Canarias.
Hace meses presentamos una propuesta porque entendíamos que El Hierro tenía que empezar a mirar hacia adelante y reclamar nuevos centros educativos para nuestra isla.
Advertimos de que necesitábamos nuevas infraestructuras y dijimos que aquella propuesta debía ser el primer paso de un camino mucho más amplio.
Nadie apoyó aquella propuesta.
Hoy, la realidad nos vuelve a poner delante la necesidad de actuar.
Muchos quieren que miremos hoy hacia Madrid, que esperemos respuestas de fuera o que pensemos que todos nuestros problemas dependen de otros. Pero, aunque sea necesario reclamar y exigir a las administraciones que cumplan con El Hierro, también tenemos que mirar primero a nuestra propia isla y preguntarnos qué podemos hacer nosotros para mejorarla.
Tenemos que mirar a nuestros pueblos, a nuestras familias y a nuestros jóvenes. Tenemos que decidir qué isla queremos construir y qué futuro queremos ofrecerles.
No queremos que nuestros jóvenes tengan menos oportunidades por vivir en una isla.
No queremos que estudiar en El Hierro signifique tener que conformarse.
Queremos que nuestros hijos puedan estudiar en centros dignos, seguros, modernos y adecuados a sus necesidades, exactamente igual que cualquier joven de Canarias.
Porque invertir en educación no es gastar.
Es invertir en nuestros niños.
Es invertir en nuestras familias.
Es invertir en el futuro de El Hierro.
Y cuando hablamos de construir nuevos centros educativos, no hablamos solamente de hormigón, aulas o paredes.
Hablamos de dignidad.
Hablamos de decirle a cada niño y a cada joven de El Hierro:
Tu futuro nos importa.
Por eso seguiremos reclamando que se planifiquen y construyan las nuevas infraestructuras educativas que necesita nuestra isla.
Porque nuestros jóvenes no pueden esperar.
Porque ser de El Hierro no puede significar tener menos derechos.
Y porque nuestros hijos merecen exactamente lo mismo que cualquier otro joven de Canarias: poder ir a clase, aprender y construir su futuro con dignidad.








