Por Roque del Pozo.
Si usted se considera una persona de ojo perspicaz y mente analítica habrá observado el exhaustivo programa que el partido socialista de El Hierro —y quienes le dan apoyatura— ha ejecutado en estos tres últimos años al frente del Cabildo. Y reconocerá, no sólo el esfuerzo y la capacidad por conducir a los isleños a una existencia menos dificultosa, solucionando pronta y eficazmente los asuntos que les afectan (reactividad), sino adelantándose a los mismos (proactividad).
Pero también puede ocurrir que su ojo clínico haya constatado justamente lo contrario; es decir, una ausencia palmaria de programa y procedimiento. Y habrá llegado a la conclusión de que principal elemento de acción de ese grupo de gobierno ha sido, y sigue siendo, la colocación —en puestos de mayor o menor relevancia retributiva— de individuos de curvatura conocida y querencia probada o susceptible de serlo en el futuro, si menester fuera.
Orillando esta capacidad de colocación dactilar, colonizando los puestos —no solo de mayor relevancia y prestigio— verá a los vanilocuos próceres y sus acólitos, pasearse nada atribulados ni escorados por el peso de la responsabilidad, sino estirados como pavos presuntuosos, cloqueando a media voz y tratando de atraer la atención vecinal. Y si enfila con más precisión notará en sus miradas atisbos de abundosa estima o palpable indiferencia, según la credencial de los conciudadanos topadizos.
Y no se sorprenderá si le digo que ni con una lente de gran aumento logrará descubrir en esos paniaguados indicios de un afán sincero de servicio público.
Caminaba por una céntrica acera de la capital y dos de estos hinchados advenedizos platicaban en una esquina. Fue al poco de formar el último equipo de gobierno en la institución citada. Uno, el que parecía más desenvuelto y versado medallista, le decía al otro: ¡Hazme caso! Tenemos que aprovechar, que los cuatro años pasan rápido; y a saber cuándo volvemos a tener otra oportunidad. Yo escuché las palabras y el que las dijo reparó en ello. Y su mirada de trayectoria sesgada me enfiló con recelo y desasosiego. Hasta me pareció que la saliva que ebullían sus labios farisaicos me salpicaba con hostilidad nada encubierta.
Y así fue.
Al poco, removieron, colocaron y dispusieron de la institución a su antojo. Y usted pensó que el territorio insulano se había convertido en un enfeudamiento; y que nada había cambiado. Pero el malicioso duendecillo que le acompaña, le susurra sin tardanza: No, te equivocas: ahora tenéis democracia. Pero usted arruga el entrecejo y, aunque no quiere entrar al trapo, murmura: Peor es usurpar las instituciones que errar en la gestión. Así las cosas, no tiene más remedio que empuñar la esteva y arar el labrantío, o quedarse a dos velas y sin un mendrugo que llevarse a la boca.
También habrá observado la futilidad —o rémora—para el progreso de la isla la existencia política de agrupaciones de este jaez. ¿Para qué se necesita algo así? ¿A quién beneficia? Y más en concreto, ¿por qué te ofreces como candidato para liderar inquietudes comunales, si a ti te mueven otras? Y para concluir esta primera ojeada al coto insular no se le escapará que algunas obras públicas de escasa monta, utilidad discutible, amén de los consabidos trastornos, se ejecutan a escasos meses de la nueva convocatoria electoral. Y usted se dirá que es con la finalidad de guardar las últimas informaciones procesadas —como la memoria caché de su ordenador— y acudir a la urna con un voto proclive; lo que se llama amarrar el punto1.
1 Es preciso ponderar el despliegue del cable submarino de fibra óptica entre Tenerife y El Hierro, ejecutado por la empresa Canalink (dependiente del ITER), con un coste aproximado de 19 millones de euros, de los que un 69,73% está financiado por la Comisión Europea y el resto por la citada empresa. Este despliegue reforzará la conectividad y la capacidad digital de la isla, sin que el gobierno insular aporte nada y trate de apuntarse el oportuno rédito. Esta conexión alámbrica aporta mayor velocidad de transmisión, más capacidad de ancho de banda, menor pérdida de señal e inmunidad a interferencias electromagnéticas, mayor seguridad y finalmente, menor tamaño y peso.
Paralelamente, el ministerio de Defensa desarrolla un proyecto con Telefónica para la instalación de un cable submarino que conectará El Hierro con La Palma.
Sobre la mesa aparece un ramito de pervincas; y en el sombrío rincón la sonrisa resbalosa del duendecillo. La brisa dibuja en las flores azules sutiles ribetes que inundan la estancia de calma y añoranza. Y el duendecillo le recuerda que hubo un tiempo en que la pureza de intención anidaba en el corazón del hombre.
Pero eso fue hace mucho tiempo.







