Por Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).
Desasosiego, cabreo, frustración…, las repentinas irrupciones masivas de bichos negros (Ommatoiulus moreletii) alteran nuestras vidas, dejándonos confusos sobre cómo actuar frente a estos obstinados intrusos. Además, la plaga coincide en el tiempo en diferentes lugares de El Hierro, incidiendo con fuerza en los entornos más húmedos. Antes de plantear soluciones, conozcamos mejor al enemigo. Para empezar, estamos ante uno de los primeros animales terrestres que caminó sobre el planeta, hace la friolera de más de 420 millones de años (Silúrico), una época en la que estos invertebrados superaban los dos metros de longitud, así que la cosa podría haber sido peor. En la actualidad el milpiés de mayor tamaño vive en África y alcanza unos respetables 40 centímetros. Por tanto, no subestimemos a un bichejo que ha sobrevivido a varias extinciones en masa de la vida en el planeta, evidenciando su fortaleza biológica y capacidad de adaptación. El milpiés que asedia nuestras casas es una especie invasora que, procedente del sur de la Península Ibérica, llegó a Canarias en el siglo XIX, colonizando El Hierro hace unos cincuenta años. Pero no solo el archipiélago canario, este milpiés, aprovechando el transporte marítimo y el comercio internacional, ha arraigado en lugares tan dispares como Brasil, Argentina, Uruguay, Sudáfrica o Australia. De hecho, en Wellington, capital de Nueva Zelanda, los vecinos también padecen y se quejan de las molestias provocadas por este “invasor de la globalización”.
La proliferación de milpiés obedece a la falta de enemigos y la abundancia de comida (materia orgánica en descomposición). Por ejemplo, aquí en El Hierro solo algunas arañas y, entre las aves, el alcaraván serían sus depredadores naturales, inmunes a las fétidas secreciones químicas defensivas del invertebrado. ¿Por qué y cuándo acontecen las oleadas masivas de bichos negros? Suelen coincidir, tanto en primavera como en otoño, con unas condiciones óptimas de temperatura (17-21 º C) y elevada humedad ambiental que los invoca a salir de sus refugios subterráneos con la finalidad de reproducirse. Estamos, por tanto, ante un fenómeno transitorio que remitirá pasados unos días, así que mantengamos la calma y no caigamos en la desesperación ni adoptemos soluciones drásticas (venenos) nocivas para la vida en general, incluyendo las personas más vulnerables. Entre los productos naturales, inocuos para niños y mascotas, que podemos utilizar para alejar al milpiés de nuestras casas tenemos la tierra de diatomeas, la sal y el vinagre de limpieza. Además, los ejemplares muertos por estas sustancias sirven de abono en la huerta o jardín, y con este reciclaje asumiremos la cita de Albert Enstein: “En medio de cada dificultad se encuentra la oportunidad”.










