Reflexiones en torno al modelo turístico en El Hierro

Foto: Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

Por Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

Escribió José Saramago que turismo de calidad es el respetuoso que visita un lugar donde se respeta el territorio. Aprovechando el Día Internacional del Turismo, y al hilo de recientes acontecimientos, es oportuno reflexionar sobre el aprecio al territorio en El Hierro. Empezamos el verano con la pretensión de la concejalía de turismo de El Pinar de instalar 115 tumbonas de cemento en un espacio con tres figuras de protección ambiental en Tecorón, proyecto ilegal (carecía de autorización y del preceptivo informe de impacto) que implicó la apertura de una pista en un delta de lava considerado Lugar de Interés Geológico. Invito al lector a que pasee alrededor de soláriums y barbacoas para que constate la basura acumulada. Si el ayuntamiento parece incapaz de afrontar la limpieza de las instalaciones actuales, ¿se imaginan qué hubiera ocurrido con más de cien tumbonas dispersas? Mejor no pensarlo. Por otro lado, durante el verano toda la isla se convirtió en un camping, asistiendo a una invasión de caravanas con su secuela de comportamientos incívicos, ocupación ilegal del litoral y espacios protegidos, basuras, pesca ilegal, etc. ¿A qué esperan los poderes públicos para controlar y regular esta actividad? Tenemos el precedente de Ibiza, donde solo pueden acceder los vehículos que cuentan con reserva en áreas habilitadas para pernoctar, estando prohibido y sancionado el asentamiento de caravanas en suelo rústico, espacios naturales y litoral.

Por último, abordamos la ordenanza que desarrolla la denominada “Ley de las Islas Verdes”, documento en trámite de aprobación por parte del Cabildo. Esta controvertida normativa ampara la ocupación del suelo rústico con infraestructuras turísticas. En el caso de El Hierro, el reglamento planeado regula la construcción de alojamientos de diferentes dimensiones en función de la superficie de la propiedad (40 camas para un mínimo de diez mil metros cuadrados, 20 camas para seis mil metros cuadrados y 10 camas para cuatro mil metros cuadrados). En todas estas instalaciones se permiten piscinas. Entre los previsibles impactos, este tipo de construcciones en ambientes rurales promueve la urbanización difusa, complementada con diverso equipamiento (carreteras, tendidos eléctricos, alcantarillado, etc.), deteriorando irreversiblemente el suelo agrario y el paisaje, recursos esenciales en el modelo de “turismo respetuoso con el territorio” que se intenta fomentar desde las instituciones. Este acoso al suelo rústico acontece en un momento crucial para una de las islas del archipiélago que mejor ha conservado su naturaleza, paisajes y sector agropecuario. 

Desde una perspectiva económica, el sector turístico, pilar indiscutible de la prosperidad insular, oferta 3.965 plazas alojativas (en hoteles, apartamentos, casas rurales y viviendas vacacionales), alcanzando la cifra de 405.000 visitantes en 2025. Los datos (fuente ISTAC) son reveladores: El Hierro tiene más plazas turísticas por habitante (0,33) que La Gomera (0,25) o La Palma (0,15). No solo es una isla bien dotada de infraestructuras turísticas, sino que el territorio muestra indicios evidentes de estar al límite de su capacidad de carga. Respecto al agua, en un contexto de déficit hídrico crónico, la apuesta por la desalación (que supone casi el 40% del abastecimiento) representa una opción cara, contaminante (emisión de gases de efecto invernadero y producción de salmuera) y dependiente del exterior (importación de gasoil). Por otro lado, emplazados en pleno cambio climático, disminuyen las precipitaciones y aumentan las temperaturas, acentuándose la demanda de riegos en el agro herreño. Respecto a la generación de residuos, el propio Cabildo asume el colapso del vertedero de La Dehesa, condicionando cualquier planeamiento que implique incrementar cada año el volumen de basuras. La estrategia de futuro debería promover su reducción, fomentando el reciclaje y la reutilización. Por último, la conservación y explotación sostenible del suelo agrario, que apenas representa un 15% de la superficie insular, tendría carácter de prioridad, por una simple cuestión de soberanía alimentaria.

En el preámbulo de las ordenanzas de El Hierro, y en las declaraciones de algunos cargos públicos, subyace una auténtica declaración de intenciones: ajustar la oferta turística a la demanda. Es decir, promover el crecimiento por el crecimiento (más camas, más coches, más vuelos…), apostando por un modelo que ha suscitado la crisis ambiental y social en otras islas del archipiélago. Las personas y colectivos que defendemos otro patrón de convivencia con el territorio planteamos precisamente lo contrario: ajustar la demanda a la oferta, creciendo no en términos cuantitativos, sino cualitativos, potenciando y poniendo en valor el sector primario, conservando el patrimonio natural, impulsando una red de senderos bien acondicionados, rehabilitando y embelleciendo los entornos humanizados, promocionando recursos etnográficos y culturales, etc. En definitiva, fomentando un espacio de relación armónica entre humanos y territorio, referente para un turismo de calidad, como ocurre en otros lugares del mundo (Costa Rica, Eslovenia, Córcega, Islandia, Azores…), que no solo han resistido la turistificación, sino que destacan además por su próspero nivel de vida. 

Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo). “Plataforma por la defensa del patrimonio natural y cultural de El Hierro”.

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