“Wir sind das volk”    

Foto: Luciano Eutimio Armas Morales - Baudilio Navaro.jpg

Por Luciano Eutimio Armas Morales.

“¡Keine gewalt!”, (Sin violencia), decía la pancarta de tela que Christian Führer había elaborado, y que colocó a su lado cuando se sentó en medio de la plaza de S. Nicolás de Leipzig, Alemania del Este, el 4 de septiembre de 1989.

Los agentes de la Stasi, los temibles policías secretos de la RDA, apoyados por la policía uniformada, habían desalojado la iglesia de S. Nicolás, de la que Christian Führer era el pastor protestante, en la que se reunían no solo fieles luteranos, sino también pacifistas, ateos y críticos con el sistema. Se llevaron detenido al pastor y rompieron su pancarta.

El 11 de septiembre de 1989, a las cinco de la tarde, Christian Führer se plantó en el centro de la plaza de S. Nicolás con una pancarta que decía Nikolaikirche – offen für alle (La iglesia de S. Nicolás, abierta para todos), rodeado de unos quince ciudadanos, que portaban una pancarta que decía: WIR SIND DAS VOLK (Nosotros somos el pueblo).

A los pocos minutos se presentaron unos agentes de la Stasi y unos policías, detuvieron a Christian Führer y a quienes le acompañaban, y les requisaron las pancartas. A los manifestantes, les imputaron los delitos de concentración no autorizada y de incitación hostil contra el Estado.

El 18 de septiembre, lunes, a las cinco de la tarde, más de dos mil personas se concentraron en la plaza de S. Nicolás arropando a Christian Führer y su pancarta, concentración que fue disuelta por la policía, después de algunas escaramuzas y carreras de los manifestantes.

Pero el 25 de septiembre, lunes a la misma hora, más de veinte mil personas abarrotaban la plaza de S. Nicolás y calles adyacentes, mientras la policía empleaba porras y gases lacrimógenos para disolver la manifestación. Ya era noticia en las televisiones y la prensa de los países occidentales, que publicaban en sus medios fotos y videos recibidos de forma clandestina.

El 2 de octubre de 1989, a las cinco de la tarde, en otras ciudades de Alemania se inician concentraciones con reivindicaciones similares y con la pancarta que había diseñado Christian Führer, que fueron prontamente reprimidas y disueltas por la policía.

Las autoridades de la RDA ya estaban sumamente preocupadas por la dimensión que había alcanzado esa movilización popular que comenzó con Christian Fühler sentado en la plaza de San Nicolás con una pancarta, y se plantearon acabar con ese problema de una forma radical.

Los servicios secretos de la Stasi tenían fiel conocimiento de lo que se estaba preparando: Una gran movilización pretendía reunir cien mil personas el lunes 9 de octubre en la plaza de San Nicolás y el centro de Leipzig, pero el gobierno tenía que parar esa dinámica, para lo que dispuso una serie de medidas:

  • Los hospitales recibieron órdenes de almacenar plasma sanguíneo adicional.
  • Tropas especiales y policías armados con munición real, carros blindados y camiones con mangueras a presión se acuartelaron en naves industriales próximas a la plaza de San Nicolás.
  • La prensa local publicó notas amenazantes, advirtiendo de que las provocaciones serían aplastadas con fuego real si fuera necesario.

La estrategia era clara: desde el momento en que un manifestante actuara de forma violenta con piedras u objetos contundentes, la policía respondería con fuego real. Se produciría una estampida y una matanza similar a la de la plaza de Tiananmén en China, lo cual tendría un efecto disuasivo contundente y se acabarían las manifestaciones, que las autoridades consideraban que eran “focos de subversión contrarrevolucionaria inspirada por el imperialismo occidental”. 

Pero las autoridades de la RDA, que estaban preparadas para una manifestación violenta, una guerra abierta o sabotajes, no contaban con la estrategia que Christian Fühler había diseñado: todos los manifestantes irían con una vela encendida en una mano, con la otra mano protegiendo la llama de la vela, y susurrando como si fuese una oración: “¡Keine Gewalt! ¡Wir sind das Volk!”. (Sin violencia. Nosotros somos el pueblo).

Las fuerzas del orden quedaron paralizadas, y nadie se atrevió a dar la orden de disparar. Años después. Horst Sindermann, que era miembro del Politburó de la RDA, decía: “Teníamos un plan para todo. Lo teníamos todo previsto. Excepto para las velas y las oraciones”.


Las manifestaciones se extendieron como la pólvora con efecto dominó a toda la Alemania Oriental, la que llamaban Alemania comunista, y en la plaza Alexanderplatz de Berlín oriental se concentraron cerca de un millón de personas el 4 de noviembre, con pancartas satíricas y emulando las que había desplegado Christian Füler.

Cinco días después, el día 9 de noviembre de 1989, cayó el muro de Berlín y, con él, el gobierno de la Alemania del Este.

No queremos simplificar afirmando que el acto heroico de Christian Füler y su pancarta hayan provocado la caída del régimen comunista en Alemania de este. Evidentemente, cayó por una suma de circunstancias sociales y económicas, la coyuntura internacional y sus propias contradicciones, pero el gesto de Christian Fúhler, sentado con su pancarta en la plaza de S. Nicolás, era un símbolo que representaba un inconsciente colectivo y que afloró con una fuerza incontenible, provocando un tsunami social.  

Cuento todo esto porque cuando vi la foto de Baudilio Navarro sentado delante de una pancarta en el punto más céntrico de Valverde, él solo, reivindicando el colegio en Hoya del Juez, me vino a la mente la hazaña de Christian Fühler.

Es una reivindicación legítima, que responde además a un clamor popular por la necesidad de unas instalaciones dignas para la educación de nuestros niños y nuestros jóvenes en la isla de El Hierro, porque la educación no solo es un derecho básico, sino que constituye sin duda los cimientos sobre los que descansa el bienestar colectivo duradero y la salud democrática, propicia un progreso económico y reduce las brechas de desigualdad.

Pero en nuestra isla contamos con unas instalaciones antiguas y obsoletas que no responden a las necesidades presentes de la educación en nuestra isla, y lo que es peor, que no hay perspectivas ni voluntad política de que esto vaya a cambiar. Veamos lo ocurrido esta semana, con el IES Garoé inundado con agua de lluvia.

En Frontera, en un colegio construido hace cincuenta años, con unas instalaciones deficientes y un espacio reducido, han tenido que cerrar una calle céntrica al tráfico para habilitarla como patio de recreo para los niños, al carecer de espacio en el colegio. Pero es que, además, no aparece en el horizonte un plan de futuro para la educación en el municipio.

En reciente modificación de crédito, el ayuntamiento de Frontera ha aprobado consignar 700.000 euros para la compra de terrenos en Merese destinados a aparcamientos y almacenes, y 600.000 euros en Tigaday para aparcamientos e infraestructuras municipales. Está muy bien que dote al municipio de espacio público para aparcamientos. Pero… ¿Y los colegios?

¿Por qué no adquirir suelo y calificarlo para equipamiento educativo, en previsión de futuros colegios y centros de formación que sustituyan y amplíen la capacidad de los actuales, adaptándose a la nueva normativa y necesidades? ¿Podrían ser los terrenos situados al este o al oeste del polideportivo “en construcción”? ¿Recoge esa necesidad el nuevo planeamiento municipal que se está tramitando?

Pero hablemos de Valverde, y de la reivindicación testimonial de Baudilio.

El ayuntamiento de Valverde, con todos los informes técnicos favorables y el consenso de todas las fuerzas políticas y de la comunidad educativa, adquirió unos terrenos en la Hoya del Juez para la construcción del nuevo CEIP y con posibilidades de convertir los terrenos en un verdadero campus educativo, pues, situado a 500 metros de la periferia urbana de Valverde, reunía todos los requisitos para futuras ampliaciones y necesidades, como podría ser la formación profesional o una escuela universitaria.

Los terrenos fueron cedidos a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, que comenzó su andadura de la construcción del colegio, con la publicación en el BOC del 18/12/2013 del concurso para la construcción en Hoya del Juez, y se inició el procedimiento administrativo que siempre se dilata en el tiempo.

Pero en el año 2018, alguien mandó a parar. Propusieron otras alternativas, como hacerlo en el campo de futbol de S. Juan, reformar el instituto o instalar carpas desmontables. O bien alegaban obstáculos, como el cuentito del cono volcánico, que fue desestimado como obstáculo en un informe del Cabildo del mismo año 2018 e informó de que el colegio se podía construir en Hoya del Juez, indicando el procedimiento adecuado para ello.

Pero a pesar de los acuerdos plenarios del Ayuntamiento y del Cabildo en ese mismo año para promover la construcción del CEIP de Valverde, alguien seguía poniendo obstáculos para que no fuese así. ¿Razones?

¿Por qué no hablamos claro?

La Hoya del Juez es la pieza de suelo más codiciada del municipio de Valverde: En el borde del núcleo urbano, muy bien comunicada en el cruce de las carreteras al Puerto y Aeropuerto con el Mocanal y Frontera, así como con Echedo, y con un terreno relativamente llano, sin pendiente, lo cual es una excepción en todo lo que rodea a Valverde, que son barrancos y laderas.

Podrán alegar cuarenta mil razones o pretextos, pero en realidad, la verdad es que el CEIP de Valverde no se construye en Hoya del Juez por dos motivos: 

PRIMERO: Si se construye un colegio en Hoya del Juez, limitaría determinados desarrollos urbanos: No se podrían instalar a su alrededor industrias con actividades insalubres o molestas, ni locales de ocio nocturno, de apuestas, talleres e industrias del automóvil como chapa y pintura o desguaces, tratamiento de residuos o derivados del hormigón y áridos, etc. Algunas de estas, sin embargo, sí podrían instalarse junto a un campo de futbol. ¿Lo entienden? 

Quizá a los propietarios de los terrenos colindantes con los que el ayuntamiento compró para construir el colegio no les interese. Y quizá podrían presionar a determinados políticos para que desistieran de construir un colegio en Hoya del Juez, porque oye…  “¡Esos terrenos son la joya de la corona del municipio de Valverde! ¡Cómo vamos a desaprovecharlos construyendo allí un colegio!”.

Y quizá algunos políticos sean permeables a algunos intereses particulares, y en lugar de defender el bien común, defiendan otros intereses que no son precisamente los que la comunidad educativa y el futuro de Valverde y lo que la isla demanda y necesita, aunque para eso utilicen alambicados pretextos como lo del conito volcánico.

SEGUNDO: Para construir un colegio en Hoya del Juez, es necesario urbanizar esos terrenos, hacer calles y aceras, alcantarillado, estación transformadora, red de agua potable y telecomunicaciones, además de construir los edificios. Y eso cuesta mucho dinero. 

Y el gobierno de Canarias no está precisamente por la labor de gastar mucho dinero en educación. Gasta en este sector el 3,9% del PIB, cuando la Ley Canaria de Educación lo fija en un 5% y la media nacional es del 4,5%. Se entiende, porque como vivimos del turismo, a las camareras y a los freganchines no les exigen mucha formación.

Y entonces, quizá hayan reflexionado en el gobierno de Canarias: “¿Gastarnos un montón de millones en un nuevo colegio en El Hierro? Que va, que va. Hacemos una reforma y una pequeña ampliación del viejo colegio, y con eso nos apañamos”.

Y es que el Gobierno de Canarias puede ser generoso con los empresarios turísticos y regalarle a uno de ellos trescientos millones de euros (sí, 300.000.000 €), para compensarle por no haber podido construir hoteles en unos terrenos que tenía, y donde, además, ahora sí puede construirlos, pero cuando se trata de educación y de sanidad, ahí tiende a ser más tacaño.

Para mayor inri, el ayuntamiento de Valverde, en sesión plenaria del día 3 de octubre de 2025, acordó a la chita callando: “Dejar sin efecto los acuerdos plenarios del 24 de febrero de 2011 y 25 de julio de 2013, por medio de los cuales se aprobó la disposición a favor de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Canarias de una serie de terrenos para la construcción de un colegio”.

Es decir, el ayuntamiento de Valverde le da un portazo definitivo a la construcción en el futuro de centros de enseñanza en Hoya del Juez… por lo pronto.

Pero yo tengo el convencimiento de que la sentada y la pancarta de Baudilio serán la semilla de lo que un día puede ser un clamor en toda isla por unas instalaciones educativas dignas para el futuro de nuestros hijos y nuestros nietos, como la de Christian Führer fue la mecha que inició la demolición de un estado decadente regido por unos políticos periclitados. 

Y si los políticos periclitados herreños no están a la altura de lo que demandan nuestros ciudadanos, orientados al bien común y con visión de futuro, sino que están al servicio de intereses particulares, vendrán otros políticos, quizá, que canalicen ese clamor y respondan al interés general, y un día pueda hacerse realidad el Campus Educativo de Hoya del Juez. ¡Al tiempo!

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