Por Juan Jesús Ayala (Filósofo – Especialista en Medicina Comunitaria – Exvicepresidente Nacional del Partido Nacionalista Canario).
Lo manifestado por la ministra de Sanidad, aquella que no paró mañana y tarde en pronunciarse en el puerto de Granadilla cuando la epidemia del hantavirus, y con referencia a una visita atropellada a Ceuta, dice que en esta ciudad autónoma no hay colapso sanitario. Pero visto lo visto, cuestión que pretende ignorar, sí que hay algo más grave, y muy preocupante.
Cuando un grupo humano vive hacinado y carece de las facilidades para desarrollar una existencia dentro de los parámetros de la salud como la define la OMS y, además, tienen que hacer sus necesidades fisiológicas en una playa, en una calle o en una plaza o en entradas de viviendas familiares, a partir de ahí lo que toca a la puerta de esta ciudad son brotes de determinadas enfermedades.
Brotes que pudieran traducirse en epidemias propiciadas por aguas contaminadas por bacterias, por alimentos lavados con restos de materias fecales, apareciendo, como ya hay, brotes de diarrea por Escherichia coli, de hepatitis, fiebres tifoideas, de picores incómodos como los de la sarna que se cuentan en cantidades respetables, así como de algún caso de tétanos por heridas infectadas producidas por agresiones.
Toda esta serie de patologías sobrevenidas lo que pueden ocasionar es comprometer la salud de los que viven en condiciones deplorables de insalubridad por el abandono y la negligencia ante una avalancha humana, aun sin clasificar, si son o no menores, si son marroquíes o de algún otro país, porque al gobierno español no le acompaña la prisa ni la necesidad de liberar a una sociedad, como la ceutí. ¿Por qué será?
No hay colapso sanitario, pero sí algo peor que todo eso: temor a transitar por las calles, a que los niños no puedan jugar en sus plazas y muchas personas tengan la sensación de que viven más que en una ciudad libre en una cárcel donde se encuentran confinados con el miedo en el cuerpo, acompañados de un susto permanente y de una incertidumbre agobiante.
No hay colapso sanitario, pero sí abandono a su libertad, a su convivencia y bienestar más allá de la salud por un gobierno el español, sometido a las exigencias de otro gobierno, el marroquí, que encima lo aplauden. Que tiene la llave que le permite hacer con Ceuta lo que quiera y cuando quiera.
Ensayos que ha tenido a lo largo de la historia con guerras para conseguir la integración de estos territorios, Ceuta y Melilla, para ir conformando un país diferente con triquiñuelas, pasando de respetar resoluciones como la de la ONU, con la ausencia descarada y aplaudida por el presidente Sánchez, colaborando con las ínfulas alauitas, desarrollando la modalidad de guerra híbrida, con la que sacará la misma rentabilidad como en su día logró con la “marcha verde”.
Marcha con la cual se aposentó y ocupó el Sahara Occidental, dejando una franja territorial rodeada por un muro de 3000 kilómetros donde limita con la República Árabe Saharaui Democrática, junto a los 176.000 saharauis refugiados en los campamentos de Tinduf que viven como apátridas desde que el Sahara Occidental fue ocupado por Marruecos sin hacer caso al pronunciamiento del Comité de Descolonización que exige un referéndum al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui desde 1975 y con un litigio armado que no cesa con su brazo armado, el Frente Polisario, aunque intenten ocultarlo, como si no pasara nada.
Pero volviendo a la cuestión de Ceuta, en estos momentos parece que se han habilitado carpas para dar cobijo, aunque con plena libertad, a 1500 de los 10.000 que andan por distintas playas y lugares donde tenían sus chabolas construidas casi en el aire y de mala forma.
La situación puede alargarse en el tiempo mientras va aconteciendo qué hacer con los que están perdidos y desear que no se incremente con una nueva invasión que ponga la situación en un empeoramiento circunstancial, que vaya usted a saber qué más pueda acontecer.
Puesto que es difícil solucionar la cautividad, la zozobra sin saber qué pasará ante la pasividad vertida por un gobierno débil donde la mentira se ha puesto en el lugar de una evidencia lacerante y violenta.
No hay colapso sanitario; lo que hay es un derrumbe de una acción de gobierno temeroso, cautivo también, de no sabemos si es de compromisos ocultos cuya laxitud podrá extenderse no solo a Ceuta y Melilla, sino más allá de las tierras del Sahara Occidental, que no dejan de mirar a la tierra cercana de las Islas Canarias. Los barruntos no son muy halagüeños y lo que pueda pasar con nuestro territorio es una incógnita permanente que cada vez da la sensación de que apunta a despejarse, pero no muy a favor del archipiélago.
Y lo último: Don Ángel Víctor Torres, Ministro de Política Territorial, ha sido nombrado coordinador de los ministros que están actuando -¿actuando? – en Ceuta, con la finalidad de ordenar lo desordenado y arreglar los desarreglos de un territorio dejado de la mano del gobierno. Pero, como dice el refranero español: “A buenas horas, mangas verdes”.
(Y entretanto, para rematar la jugada de la intranquilidad, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, insiste en reivindicar el derecho histórico de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, abogando por establecer “medios de diálogo” con Madrid sobre el retorno de estos dos territorios al seno de la patria.)








