Crónicas pretéritas: Conferencia de Donacio Cejas en la fiesta de la vendimia  de Merese 2026 dedicada a la memoria de D. Matías Castañeda Padrón

Donacio Cejas Padrón - Conferencia de Donacio Cejas en la fiesta de la vendimia  de Merese 2026 dedicada a la memoria de D. Matías Castañeda Padrón.

Por Donacio Cejas Padrón. 

Fue de Matías Castañeda, sin duda alguna una de las personas más determinantes para la historia y el desarrollo de nuestra isla, emigrante a Cuba llamado por su tío Ignacio Padrón en 1925. Muy tempranamente se destacó allí en el conocimiento de los secretos  para el cultivo de la caña de azúcar. Bajo su dirección, el grupo empresarial Compañía Agrícola Ignacio Padrón Hernández S. A. llegó a ser el grupo cañero más importante de las provincias de La Habana y Matanzas, con numerosas fincas como Perseverancia, Bellosinos, El Carmen y muchas más. La superficie de sus propiedades  llegaba a cuatrocientas caballerías en producción, pero además cultivaban café, frijoles,  tabaco, ganado vacuno para la producción de leche, etc.

Al mismo tiempo, Matías se fue introduciendo en el mundo de la política regional y nacional de Cuba, con excelentes  relaciones de amistad con varios presidentes de  la república, hasta que la  cruel revolución de los barbudos, que llegó al poder en 1959, le intervino sus propiedades y, como a tantos y tantos miles de cubanos, lo condenó al exilio, tanto a él como a todos los miembros del grupo empresarial.

En esas circunstancias penosas, desprovisto de  bienes materiales, llegó a nuestra isla en 1960 acompañado de su esposa Da. Amelia y su hijo Ignacio, de pocos años, dispuesto a empezar de cero, dedicándose por entero al cuidado de la finca de su padre en Tigaday, cultivando la viña y los durazneros, y también aquí en esa actividad triunfó, y llegó a ser uno de los grandes cosecheros de vino del Valle de El Golfo, exportándolo además a Tenerife, donde consiguió muchos clientes que le consumían  el preciado vino herreño, que él mismo distribuía por Santa Cruz y La Laguna. Hasta los setenta y tres años lo veíamos con su Land Rover verde cargado de garrafones, repartiéndolo a sus numerosos clientes.

Al poco tiempo de regresar de Cuba, fue invitado a participar en política activa, y a principios de los años sesenta ya ocupaba el cargo de presidente del Cabildo Insular de El Hierro, que ejerció por diecisiete años, logrando con sus gestiones atrevidas y  bien orientadas grandes logros para su isla, destacando entre ellas la construcción del aeropuerto cuando nuestra isla apenas contaba con  poco más de cinco mil habitantes. Siempre me decía que quería que se le recordara muy especialmente por esta hazaña que parecía imposible de haberse logrado.

Al mismo tiempo, junto a su hermano, el Dr. Andrés Castañeda Padrón, promovió la construcción del pozo Tigaday, que tan buenos resultados ha tenido para nuestro Valle de El Golfo.

La historia de la isla de El Hierro no se entiende sin la figura singular y patriótica de D. Matías Castañeda, a quien dediqué en Merese  un  merecido recuerdo que fue compartido por los asistentes al acto.

Terminé leyendo una poesía que le dedicaron en Unión de Reyes, allá en Cuba, al conocerse su fallecimiento en España, pues el autor de la misma entendía que la muerte de Matías tenía que ser un sueño o un error, pues ellos consideraban que era imposible que D. Matías no regresara a su querido pueblo de Unión.

Será un sueño o un error

Pues parece no ser cierto

Que Matías haya muerto      

Y este ya junto al señor.

Como siempre en su esplendor

Lo vi tranquilo y sereno

Iba junto al nazareno

de José y de María

Arriba en las calles del cielo

Ya está transitando Matías.

Montaña de San Andrés

Allá en la isla de El Hierro

Que cuidas del cementerio

Que duerme junto a tus pies.

Está creciendo un ciprés

En la tumba de Matías

Lo despiertan cada día

Un cinsonte y un canario

Con arpegios de folías

y murmullos de rosario.

En el porche de mi casa de Tigaday, desde la pared cuelga  una pequeña campanita con peculiar sonido al ser tocada. Esa es la campana que tío Matías trajo de Cuba y que colocó en el portal de su casa y que tía Amelia usaba al tocarla para llamar a su esposo para que viniera a comer o para anunciarle alguna visita. Allí permanecerá como recuerdo perpetuo a su memoria; cada vez que  la hacemos sonar, inmediatamente surge el recuerdo cariñoso a mi estimado tío.

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