Por David Cabrera.
Durante años, El Hierro ha demostrado que una isla pequeña puede liderar grandes transformaciones. Mientras muchos territorios hablan de transición energética, nosotros la hemos convertido en una realidad. Nuestro modelo de aprovechamiento de las energías renovables ha situado a El Hierro en el mapa internacional como ejemplo de sostenibilidad, innovación y compromiso con el futuro.
Pero ha llegado el momento de dar un paso más.
No basta con que El Hierro sea un laboratorio natural donde se desarrollen proyectos energéticos pioneros. Debemos aspirar a que también sea el lugar donde se formen los profesionales que liderarán esa transformación en las próximas décadas. Por eso considero que ha llegado la hora de abrir un debate serio sobre la implantación en nuestra isla del Grado en Ingeniería de la Energía, o de una titulación universitaria oficial especializada en energías renovables y eficiencia energética.
Canarias afronta uno de los mayores retos de su historia: avanzar hacia un modelo energético más limpio, seguro y autosuficiente. Para conseguirlo serán necesarios cientos de ingenieros, investigadores y técnicos especializados. La pregunta es evidente: ¿por qué esos profesionales no pueden formarse precisamente en la isla que se ha convertido en un referente de la transición energética?
El Hierro reúne unas condiciones difíciles de encontrar en cualquier otro territorio. Nuestra realidad energética ofrece un entorno único para combinar la formación universitaria con la experiencia práctica, permitiendo que el alumnado conozca de primera mano el funcionamiento de sistemas aislados, la integración de energías renovables, el almacenamiento energético y los desafíos de la descarbonización.
La implantación de estos estudios no solo beneficiaría a quienes quieran cursarlos. También supondría una oportunidad extraordinaria para la economía insular. La llegada de estudiantes, profesorado, investigadores y proyectos de innovación generaría actividad económica, impulsaría el alquiler de viviendas, fortalecería el comercio local y abriría nuevas oportunidades para empresas tecnológicas y de servicios.
Además, contribuiría a combatir uno de los grandes desafíos de las islas no capitalinas: la salida constante de jóvenes que deben abandonar su tierra para continuar sus estudios. Muchos de ellos no regresan. Ofrecer una formación universitaria de alto nivel significaría crear nuevas oportunidades para que el talento pueda desarrollarse sin renunciar a sus raíces.
Las universidades del siglo XXI no pueden concentrarse únicamente en las grandes ciudades. La excelencia también puede construirse desde los territorios insulares cuando existen recursos, conocimiento y una clara especialización. El Hierro cumple esas condiciones.
Esta propuesta no pretende competir con otros campus universitarios de Canarias. Al contrario, busca complementar la oferta existente con una especialización que difícilmente puede desarrollarse en un entorno más adecuado que nuestra isla.
Si Canarias quiere liderar la transición energética, necesita apostar por la formación y el conocimiento. Y si existe un lugar donde esa apuesta cobra todo el sentido, ese lugar es El Hierro.
No podemos conformarnos con ser conocidos por lo que hemos conseguido hasta ahora. Debemos ser capaces de imaginar el siguiente paso. Que nuestros jóvenes no solo visiten las instalaciones energéticas para conocerlas, sino que puedan estudiar, investigar y trabajar en ellas.
El Hierro ya es un referente internacional en energías renovables. Ahora debe convertirse también en la isla donde se formen los ingenieros que harán posible el futuro energético de Canarias y de muchos otros territorios.
Ese es el reto. Y también la oportunidad que no deberíamos dejar escapar.
David Cabrera, portavoz de Asamblea Herreña y consejero del Cabildo de El Hierro.








