En el camino de la historia: Repensar Canarias

Juan Jesús Ayala (Filósofo).

Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).

No nos cansamos de  pensar y de repensar Canarias y a pesar de todo poco avanzamos en cuestiones vitales como por ejemplo, los aeropuertos,  la ampliación de algunos que aun los aparcamientos se continúan buscando y entre más vehículos, menos se encuentran, como el  de los Cangrejos, donde la cogestión  se atasca en guerra abierta entre el gobierno de Canarias y la empresa estatal que los gestiona y decide en su totalidad;  lo mismo  de  una Ley De Costas necesaria su gestión y desarrollo para que las islas    naveguen sin baluartes de contención; y aun en el Parador de El Hierro  se tenga que  seguir   en esté   impase de la espera que  lleve  a la isla a  situación de ser la séptima, si es que llega.

Siempre pendiente  como si estuviéramos con un presente inacabado, contando nuestras carencias con un30 por ciento de la población en riesgo de pobreza:, como, además,  la sanidad se sitúe  en una latencia perezosa  para intervenir ciertos procesos patológicos que  compromete los tiempos de la salud cuando  están en las manos de los gobiernos, de los ayuntamientos  y de los cabildos y es tanto la farragosidad de los asuntos que se prologan en el tiempo con una  laxitud  preocupante  donde la oscuridad no deja de  planear sobre ellos.

Siempre repensando.

Las islas, como fragmentos de un todo, respiran cada una por su lado, careciendo en la actualidad de modelo económico con perspectivas de futuro. La industria del turismo es el 40 por ciento de nuestra  riqueza. Cuando llegue su ciclo, que llegará, y aparezca la flojera,  mal lo vamos a pasar, y más aún por la superpoblación que se incrementa cada  año en un porcentaje que  no obedece a los nacimientos, sino a los posicionamientos de extranjeros que, por su jubilación y negocios, proveen de medios a la hacienda canaria-española. Siendo la población  foránea el 20  por ciento; y en aumento.

Canarias  se oye en Europa, tenemos una cultura compartida que no se puede tergiversar y hasta se habla de una geografía que está emplazada en el mapa, cada vez más enrevesada por todo aquello que compromete el futuro de las aguas, el subsuelo y la riqueza  existente que pronto alentará  el impulso de búsqueda  de tierras raras donde Marruecos las pretende y los ejércitos, ayudados por EEUU, se posicionan con fuerzas no tan ocultas.

Son muchas  las cuestiones, demasiadas  plagadas de incertidumbre y  de  silencios comprometidos. Y la geografía, aunque las distancias se hayan acortado con la modernidad de las comunicaciones, es deficitaria, como un tigre agazapado que el  día menos pensado  enseña  sus garras y nos amenaza con dar un salto hacia no se sabe dónde. Todo es posible.

De ahí que habría que debatir muy seriamente y en  foros aislados sobre lo que nos espera, pero el  verdadero problema estriba en cómo empezar (es la eterna cantinela) y ¿quiénes? ¿Serán los intelectuales, los universitarios, la universidad, el pueblo llano? ¿O tal vez la clase política, sobre todo la que está en el poder y en el gobierno? ¿Serán capaces de dejar atrás agachadillas y traperismos?  Difícil.

La universidad  vive de  espaldas a la sociedad, al menos es lo que parece; los intelectuales, cada uno circula por su lado a la caza de este o cualquier premio o ir al banco con el cheque  que le han dado  por esta o aquella charla o conferencia; y el pueblo llano  atrapado por la propaganda de todo tipo, donde la inteligencia  artificial muestra  un mundo   con  caracteres que no existen. 

Y la clase política en pactos de suma fragilidad, que se depende   del poder de los votos de  Casimiro, convertido, sin quererlo, en el  peón de un gobierno o bien de otro. No importa. Y con ese panorama, la verdad,  parece inamovible, lenta y casi distante, donde repensar Canarias se puede convertir en una  torpeza insalvable, alejada sin consentimiento, que no  va por el camino de Canarias como realidad política, sino como sujetos anclados en la isla, donde se hace difícil  repensar Canarias.

Reseñar estas cuestiones, que no nos cansamos de oír y a veces de ver, puede resultar  imposible mientras otros, Cataluña y Euskadi, han conseguido despejar muchas incógnitas comprometidas,   mientras  Canarias así lo contempla  desde un quietismo alarmante.

El 30 de mayo  nos espera el Día de Canarias; sabemos  de esa fecha que se puso  porque en 1983  fue un buen inicio en el camino de su construcción, en la primera sesión del Parlamento de Canarias bajo la presidencia de Pedro Guerra Cabrera para ratificar este  órgano creado en el Estatuto de Autonomía de 1982, aún inacabado.

Pudiera ser que este  mayo próximo no  se  quede en la memoria del pensamiento, repensándolo, que el camino que se ha abierto  tenga   un discurso  común que engrandezca, que inicie un  nuevo camino ajeno a repeticiones  y actitudes pasadas que muchas veces se confunden con  el olvido y el afán del poder sin más, que solo sirve como calco de  pasadas legislaturas que habría que superar.

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