La legendaria “araña mamona” y otros arácnidos de El Hierro

Foto: Manuel Arechavaleta (Biólogo). - Araña mamona (Latrodectus terdecimgutattus).

Por Juan Manuel Martínez Carmona (Biólogo).

Sólo con escuchar la palabra araña algunas personas se estremecen, en particular aquellas que han mantenido una relación complicada con estos animales, protagonistas de miedos y pesadillas. Aversión arraigada como fobia inculcada desde niños, pero que también puede tener una componente hereditaria, grabada en el subconsciente del ser humano desde los tiempos en que estaba expuesto a peligrosas picaduras de arañas en las cuevas y chozas que servían de moradas. Afortunadamente, como cualquier trastorno de ansiedad, la aracnofobia se cura acatando tratamientos basados en la exposición del paciente al origen de sus miedos. En este proceso la racionalización resulta fundamental. Así que conozcamos mejor a nuestras arañas. De entrada, estamos ante invertebrados triunfadores en la historia de la vida, puesto que llevan en La Tierra desde hace, al menos, 380 millones de años (el ser humano, en comparación, tan sólo lleva dos millones de años). Además, las más de cincuenta mil especies de arañas están distribuidas en todo tipo de ambientes y continentes (salvo La Antártida). Sólo en El Hierro han sido citadas 118 especies.  

Si hay un animal temido en El Hierro este es la araña mamona, denominación popular de la legendaria viuda negra (Latrodectus tredecimguttatus), el único arácnido del archipiélago canario que puede resultar peligroso para las personas. El calificativo de “mamona” alude a las carcasas de escarabajos Pimelia, que parecen succionados, acumuladas alrededor de los nidos de la araña. Aparte de escarabajos, la viuda negra depreda también tijeretas gigantes e, incluso, pequeños reptiles. En El Hierro está presente en el sur y oeste de la isla, abundando en los territorios ganaderos (La Dehesa) ricos en materia orgánica que sustentan ingentes poblaciones de escarabajos. En estas zonas, la hembra teje su resistente e irregular tela debajo de las piedras o en paredes a baja altura. Su aspecto es inconfundible y un tanto siniestro: color negro mate y abdomen globoso en el que resaltan varias motas rojas. Eso sí, se mueve con lentitud protegiendo los involucros esféricos de seda repletos de huevos. Los machos, más pequeños e inofensivos, fecundan a las hembras solo cuando detectan que están saciadas, porque si no acabarían devorados. 

La araña mamona muerde cuando se siente amenazada o asustada, un incidente que acontecía en el mundo rural cosechando cereales a mano o levantando y apoyando piedras en el cuerpo. El potente veneno, de naturaleza proteínica, tiene efectos neurotóxicos, provocando espasmos musculares y alteraciones fisiológicas (variación de la temperatura corporal, pulso débil, dificultades respiratorias, sudoración…). Entre los relatos recogidos en El Hierro acerca de la araña mamona, un vecino de Erese cuenta que un burro suyo sucumbió por el veneno, comentando al respecto que hasta los cuervos evitaban picotear el cadáver. Otra historia fascinante alude a una mujer de San Andrés que adormecía a la viuda negra, con total tranquilidad, en sus manos. El tratamiento tradicional frente a la mordedura de la araña era la denominada triaca, sustentado en que el paciente consumiera porciones de sus propios excrementos (clásico ejemplo de que no se sabe que es peor, si el remedio o la enfermedad). Afortunadamente, hoy contamos en los centros de salud con antídotos contundentes que aplacan de inmediato el dolor y los desórdenes físicos. Una especie parecida, la falsa viuda negra (Steatoda grossa), suele instalar sus telas en el interior de las construcciones humanas, pero no representa ningún peligro. Ejemplo del matriarcado que rige en el mundo de las arañas, la hembra puede vivir hasta seis años (el macho apenas uno), permaneciendo sin problemas meses en ayunas. Detalle anecdótico, comentar que la falsa viuda negra encarna a la araña modificada genéticamente cuya mordedura transforma a Peter Parker en la película Spider-Man (2002).  

El arañón (Zoropsis rufipes) también suele buscar refugio en el interior de las viviendas, aunque en este caso se trata de un activo cazador que no construye telarañas. Oculto durante el día bajo piedras o camuflado sobre la corteza de los árboles, emprende correrías nocturnas en busca de presas. A pesar de su amenazador aspecto y tamaño respetable (su cuerpo supera los cuatro centímetros), no pasa de ser una ágil araña que intenta esquivar, cuando es descubierta en el interior de las casas, el zapatazo de rigor. Al respecto, recomendamos, siempre que sea posible, extraer las arañas de las viviendas en un recipiente y devolverlas a la naturaleza. De esta manera ganamos formidables aliados que controlan las poblaciones de otros invertebrados (bichos negros o milpiés, cucarachas, moscas, mosquitos, etc.).

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