Por Javier Armas.
El próximo 11 de junio, el presidente del Gobierno de España tomará un avión y se plantará en el muelle de Arguineguín para acompañar a Su Santidad el Papa León XIV en su encuentro con los migrantes. Habrá testimonios, habrá emoción, habrá discursos sobre la solidaridad. Y, sobre todo, habrá fotografía. Una buena fotografía, de esas que duran años en los archivos y que se enmarcan en los despachos. Me alegra profundamente que el Santo Padre venga a poner el foco del mundo sobre una tragedia que en Canarias conocemos demasiado bien. Lo que no entiendo es por qué para Pedro Sánchez la inmigración no merece ningún viaje, salvo el que tiene programado para posar junto al Papa. Todo me recuerda al famoso chiste que me he tomado la libertad de recordar en el título de este artículo: ¿Quién ese señor de blanco que está junto a Pedro Sánchez?
La pregunta que nos hacemos en El Hierro es muy sencilla: ¿dónde estaba el presidente cuando hubo que estar?
No estaba en el muelle de La Restinga. Ese muelle pequeño compartido, al sur de mi isla, por el que han pasado decenas de miles de personas y en el que también hemos visto llegar la muerte. Lo han atendido nuestros vecinos, nuestra Cruz Roja, nuestros sanitarios, nuestra Guardia Civil, la Delegación del Gobierno, nuestros funcionarios y un voluntariado anónimo que jamás recibirá una medalla.
El Hierro, la isla más pequeña y más alejada, ha soportado la mayor presión migratoria de toda España en proporción a su población. Y lo ha hecho con una dignidad que debería avergonzar a quienes la administran desde la distancia. En todos esos meses, en los peores días, nunca sentimos el aliento del presidente del Gobierno. Ni una visita. Ni un gesto. Ni una llamada que los herreños sepamos ni recordemos. Tampoco estuvo cuando Arguineguín se convirtió en aquel «muelle de la vergüenza” que dio la vuelta al mundo, con cientos de personas hacinadas a la intemperie mientras el Estado miraba para otro lado. Aquello también era inmigración. Aquello también era Canarias. Pero faltaban la liturgia y los focos, y por eso no hubo prisa.
Y resulta especialmente doloroso compararlo con otra emergencia. Cuando el volcán de Cumbre Vieja sepultó media isla de La Palma, el presidente fue a la Isla Bonita una vez tras otra. Y me parece bien, La Palma necesitaba ese apoyo y lo tuvo. Pero ese mismo Estado, que sabe fletar aviones y helicópteros cuando interesa, nunca encontró una hora libre para subir a un helicóptero y plantarse en La Restinga a mirar a los ojos a quienes llevaban años sosteniendo solos una crisis humanitaria. Ni tan siquiera, muestra de su desinterés, haber nombrado a un director insular de la Administración el Estado para responsabilizarlo de esta difícil emergencia. Se podía. Existían los
medios y deberían estar las personas. Sencillamente, no entraba en sus planes. Claro que, ahora, con Su Santidad de por medio, la cosa cambia. Ahora la fotografía sí merece el desplazamiento.
¿Qué clase de presidente tenemos, entonces? Uno que confunde gobernar con posar. Uno para quien una isla solo existe el día que sirve de escenario. La inmigración no se gestiona con una jornada de protocolo y un titular; se gestiona estando, escuchando, dotando de medios, repartiendo la responsabilidad entre todos y no descargándolasobre los más débiles. Se gestiona los días en que no hay cámaras, que son casi todos. Así lo han hecho en mi isla magníficos profesionales que, ahora que ha aflojado la tensión, son secundados y apartados de su justo reconocimiento.
Desde El Hierro, este viaje del presidente Sánchez el 11 de junio se ve como lo que es: un desprecio más en una larga lista de desprecios a los canarios y, muy en particular, a los herreños. Hemos sido la primera línea de una frontera europea. Hemos puesto la cara, los recursos y el corazón. Y a cambio seguimos esperando un aeropuerto a la altura, unas comunicaciones dignas y un Estado que no aparezca solo el día de la foto. De El Hierro, mientras tanto, no se sabe nada. No estamos en el itinerario. No estamos en el discurso. No entramos en la foto.
Que quede claro, los herreños no pedimos limosna ni reclamamos un photocall. Pedimos respeto. Pedimos que se reconozca que mientras unos buscaban titulares, otros recogían cayucos en plena madrugada. Pedimos que el Gobierno de España trate a la isla más occidental y puerta de llegada de esperanzas con la misma seriedad con que trata a sus oportunidades de propaganda.
Recibiremos al Santo Padre con el cariño y la fe que merece, aunque nos apena este olvido a La Restinga en su agenda, porque su mensaje de humanidad es justo el que esta tierra lleva años practicando sin que nadie viniera a aplaudirlo. Pero al presidente del Gobierno le digo, desde el orgullo de ser herreño, una sola cosa, El Hierro no se conquista con una fotografía. El Hierro se gana estando. Y usted, presidente, todavía no ha venido.
Javier Armas, senador por El Hierro y presidente de la Agrupación Herreña Independiente (AHI).







