Por Juan Jesús Ayala (Filósofo).
El mapa político español con los determinados cupos, como el vasco, con asignaciones y competencias, hasta máximas tributarias para Cataluña, y las apreturas del gobierno central para mantenerse en el poder, que necesita a vascos y catalanes hasta las elecciones en 2017, motivará la conformación de un mapa político diferente.
Esta situación lo que provoca es una “asimetría territorial” donde se favorece a estos territorios que alegan el concepto de “territorialidad”, por cierto impertérrita, ante otros, como Canarias, que se queda en tierra de nadie, con un REF que hay que negociar con cierta intranquilidad, muy lejos de las prebendas territoriales de los anteriores.
En parte, esta situación se da porque desde una superestructura política como es la Unión Europea, que tutela y complica, no se llega a definir más allá siquiera de una Convención que se organiza alejada de lobbies mercantiles y oscuros que dificultan la tendencia a mirarse a través de una frustrada pero no imposible Constitución donde, desde la diversidad, se favorezca la unidad huyendo de cantonalismos que, en un espacio mundial globalizado, suena poco más o menos que a una anticualla.
De momento, lo que se observa en aquellos, como los anteriores territorios que tienen fuerza electoral, es que son capaces de enderezar su rumbo y funcionan como un verdadero federalismo donde en realidad están favorecidos y sustentados por el resto, Canarias entre ellos, por ejemplo, para que sigan a todo trapo sin ningún tipo de mezquindad.
Se está dejando a los otros territorios que integran el Estado, que se busquen la vida, que escarben en donde pueden obtener despunte en determinadas cuestiones que hasta las considerarían prebendas. Donde la organización territorial se deja a la pelea, a la confrontación y quizás, andando el tiempo, exista el paralelismo como el voto de aquel diputado de ATI, Mardones Sevilla. fuera necesario para que Canarias en ciertos aspectos despegara.
De ahí que la unidad territorial ajena a asimetrías se ejerza con el rigor, si se quiere histórico, se ponga a funcionar, pero para ello es evidente que la unidad, al menos en aquellos partidos que dentro de Canarias sí titulan nacionalistas, se dejen de monsergas dialécticas. Tengan una visión de futuro y esas guerritas internas entre un nacionalismo que se denomina progresista y otros que ven como conservadores va en contra de construir a Canarias como nación. Puesto que el verdadero progresismo está en considerar la categoría de nación por encima de la categoría de clase, único objetivo prioritario del nacionalismo, y cuando esto esté más o menos resuelto, aparecerá en el horizonte político de una nueva nación qué clase de ideología predominará. Pero no antes, ya que sería remar contracorriente, y sin unidad nacionalista la misión es imposible.
De ahí que pontificar desde el pódium de determinado poder conceptos y determinaciones falsarias sostenidos por entramados a veces no muy bien definidos solo conduzca a mantener discursos equivocados, a retrasar las soluciones y mirar la evolución de los pueblos, de Europa, del Estado español y de Canarias solo por el ojo de la cerradura.







